sábado, 14 de agosto de 2010

Del derecho a no salir de vacaciones

Vacación. (Del lat. vacatĭo, -ōnis). 1. f. Descanso temporal de una actividad habitual, principalmente del trabajo remunerado o de los estudios. U. m. en pl.

Durante años no fui de veraneo por falta de medios para hacerlo, y tuve que conformarme con fines de semana en un pueblo al que terminé odiando. Yo hubiese preferido mil veces ir a otros sitios diferentes, o a la playa, como todo el mundo, o sencillamente quedarme en casa, pero una cuando es pequeña se ve arrastrada por sus padres a ir donde la lleven. Y a mí me llevaban, invariablemente, al mismo lugar. Todos y cada uno de los fines de semana del año. En verano y en invierno. Un año tras otro. Incluso estando mala, con fiebre, cuando lo único que me apetecía era quedarme en casa tranquila. Así hasta que me rebelé y dije que no iba más. Pero eso fue muy tarde, demasiado: me dio tiempo a detestar profundamente un pueblo en el que están parte de mis raíces, y en el que también pasé muy buenos ratos, pero tan al principio que al final terminaron diluyéndose entre los malos recuerdos que, por goleada, les ganaron la partida. Luego las cosas cambiaron, y empecé a salir, a viajar no sólo en verano, sino también en puentes, vacaciones de Semana Santa y Navidad. El verano se convirtió en el  momento de los grandes viajes. Recuperé el tiempo perdido, en cantidad, calidad y distancia recorrida. Pero algo cambió, más allá de la variedad y la distancia de los destinos, algo fundamental: ahora soy yo quien elijo cuándo y cómo, y lo más importante de todo: también puedo decidir no hacerlo.

Y sin embargo, gustándome mucho viajar, sigo pensando lo mismo que cuando veía inevitable tener que moverse por el simple hecho de poder hacerlo. Nunca entendí por qué vacaciones tenía que ser igual a desplazamiento. A salir corriendo de casa. A escapar de un lugar que el resto del tiempo apenas podías disfrutar justo en el momento en que sí podías hacerlo. ¿Para qué quieres una casa si cuando puedes estar en ella la cierras y te vas a otro sitio? ¿Por qué no puedes quedarte en tu lugar habitual y vivirlo de otra manera, con espíritu vacacional, el mismo que disfruta tanta gente que paga por veranear en donde tú vives? ¿Tan trágico es decir que no, que no has ido a ninguna parte, que has estado de vacaciones en tu ciudad? ¿Por qué está tan mal visto quedarse en casa descansando, y si lo haces los demás dan por hecho que lo único que pasa es que no tienes dinero para irte?

Supongo que parte de esa necesidad de huir está en volver para poder contarlo. En hacer fotos y enseñarlas. En tener algo que decir cuando te preguntan "¿Y dónde has ido de vacaciones este año?". Es otra manera de vivir un tiempo que te pertenece, sí, pero que se ha convertido en un símbolo de otras cosas (dinero, espíritu aventurero...), con una obligatoriedad implícita que te arrastra sin que apenas te des cuenta de que no decides, sino que lo haces porque es lo que ahora toca. Y pagas por meterte en otra rueda, idéntica a la de las obligaciones laborales, más placentera, por supuesto, pero igual de implacable: sólo has sustituido la obligación de fichar por la de ponerte moreno o la de volver al trabajo más cansado de lo que te fuiste.

Yo lo que reivindico es el derecho a quedarse. Sin necesidad de estar sin un duro para justificarlo, ni de ampararse en la crisis para explicar el por qué este año no vas a ir a ninguna parte. Porque vacaciones es igual a descanso, lo dice el diccionario. Una pequeña tregua, un paréntesis de libertad a cambio de la esclavitud del resto del año. Estar de vacaciones es sobre todo un cambio de rutinas.  De mentalidad y de ritmo. Y eso no implica necesariamente cambiar de escenario.

13 comentarios:

Alegría. dijo...

¡Já! Te leo con una media sonrisa, porque son reflexiones que, casi siempre hago mayormente para mí, pero que, recientemente, he debido mostrar en círculos de amigos. Te sientes forzada a explicar, por qué no das por buenos, los gustos de la mayoría.
Siempre, después de escucharme, me han dado la razón, que yo no buscaba, pero indefectiblemente, al año siguiente, cuando se aproximan las de verano, las de Semana Santa o cualquier puente, acaban preguntándote, "¿y dónde váis?" como si hubiera que ir, necesariamente a algún lugar. Sinceramente, estoy convencida de que en la mayor parte de las veces, es una especie de "complejo", que tratan de sacar, contándolo a todos, porque no se sienten capaces de disfrutar lo que, aparentemente les seduce, sin más, para ellos, o si surge, comentándolo de manera natural. Lo disfrutan contándolo y esperando ver gestos... y al fin y al cabo, acabo preguntándome si realmente lo desean, las disfrutan o simplemente lo hacen, porque lo hace "todo el mundo"...
Saludos.

Di Vagando dijo...

Teresa, esto alcanza exponentes máximos cuando vives en el extranjero. Ir de vacaciones a casa (de tus padres) no es considerado vacaciones. Las vacaciones son otra cosa.

Yo soy una de ellos. Volver a casa está muy bien, pero lo q más me gusta es descubrir otros sitios, otras gentes, fotografiarlos, escribirlo (aunque no podría hacerlo si no lo "digiriese" de estas maneras, lo necesito. Si no, para mí es un empacho medio bulímico). No viajo para "tocar chufa", llego hasta donde llego, y me paro mucho. No me interesa hacer todas las fotos, los sitios de foto me interesan menos. Soy muy productiva escribiendo cuando viajo, y tengo recuerdos muy emocionantes... ciertos paisajes son los puntos y comas de mi vida. En fin, un tren y lectura...mmm

Pese a esto, estoy de acuerdo con un amigo de mi hermana que dice "hermosos viajes los que he hecho desde mi sofá". :)

El niño desgraciaíto dijo...

Un compañero del trabajo me contó la historia de unos tíos suyos,de los que él decía que estaban medio tontos, que todos los años decían en el pueblo que se iban de vacaciones y luego se quedaban en casa con las ventanas bajadas sin dar las luces y sin hacer ruido y que luego salían un rato a las tantas de la mañana cuando todo el mundo dormía.

Parece esperpéntico. También hay mucha gente que paga a crédito las vacaciones sin tener dinero, pero ¿cómo se van a quedar ellos sin vacaciones?

Estoy de acuerdo en que viajar es una manera de abrirte a los demás y conocer o otros y a ti mismo. También se puede hacer desde el sofá de tu casa. Hay personajes de libros a los que quieres como si los hubieras conocido y de los que te importa más lo que les pueda pasar que de gente real.

NáN dijo...

Normalmente paso la mitad de mis vacaciones en Madrid. s una gozada: museos, cine, teatros, todos los días vermú, larguísimos paseos y mucho relajo. La otra mitad, dedicada a los padres de L. Ya solo a la madre: llevarla al pueblo.

Por eso me gusta la frase de Sirwood: "Me quedo de vacaciones, no me voy".

¿Importa que otros piensen que no tienes un duro? A mí me la suda. En el pueblo mi suegro se avergonzaba porque siempre llegábamos con una mierda de coche (además, hecho una mierda). Era su problema, no el nuestro.

Teresa, la de la ventana dijo...

Sí, Alegría, aunque parezca mentira así funcionan las cosas. Este año es más "fácil": la crisis es una buena excusa, de lo más democratizadora. En fin, es triste tener que necesitar la aprobación de los demás de esa manera, hasta el punto de hacer el indio o pedir créditos al banco para pagar el "Todo Incluído" en Cancún, como cuenta el Niño.

Viajar está muy bien, y hacer fotos también, claro que sí, Di, lo que es bastante lamentable, según pienso yo, es la manera en que el viaje se ha convertido en un símbolo de estatus social acumulativo. Mejor cuanto más lejos, más días, más fotos, más estrellas en el hotel, más todo... mejor. Lo del viaje desde el sofá suena en estos casos como una cosa jipilonga y mística, de muerto de hambre al que no le queda otra cosa. Muy triste, pero muy real.

Y sí, te la puede sudar, como a NáN, pero la vida en España es así. Somos así. Eramos así en época de Galdós, no tienes más que ver lo que pasa en "Miau" o en "La desheredada". Y no hemos cambiado ni pizca.

Alegría. dijo...

Me encanta "Miau"; es de mis preferidas.

Vicent dijo...

Y de las mias...

Teresa, la de la ventana dijo...

Y de las más actuales, Alegría...

Vicent...

Fàtima T. dijo...

He aprendido (bueno…, estoy en ello) a no hacer caso de las opiniones de aquellas personas que hacen de los convencionalismos un modelo a seguir y se empeñan en convencerle a uno de ello. Con el tiempo, uno va aprendiendo que lo que cuenta realmente es sentirse a gusto, y si ese "sentirse a gusto" pasa por apurar en un aeropuerto la primera y última madrugada de las vacaciones para llegar cansado y ojeroso al primer día de trabajo, pues me parece muy bien para los que disfrutan de este ajetreo, pero otros preferimos otro ritmo.

A mí me gusta salir, pero con calma. El resto del tiempo lo paso disfrutando de mi casa y de mis cosas y de una ciudad que en este mes de agosto también está de vacaciones, siempre y cuando se aleje uno de los núcleos de interés turístico. Aprovecho en estos días para leer lo que no he leído en épocas de más trabajo y dedicarme a hacer de turista por las calles de mi ciudad, eso sí, saliendo, si me acerco al centro, con un íngrimo billete de veinte euros en el bolsillo y sin bolso, que en esta época los cacos andan sueltos. Y me lo paso en grande.

De pequeña íbamos también al pueblo, o a los pueblos, para ser más exactos (los de mis dos pares de abuelos, los maternos y los paternos), y me lo pasaba pipa porque suponía un cambio radical. Tenían animales (conejos y gallinas, perros), siembros de hortalizas y frutales, y en uno de los pueblos pasaba además un río, al que nos llevaba mi abuelo con otra chiquillada de la zona. Él pescaba, o intentaba hacerlo, y nosotros nos bañábamos. Para mí era genial, porque me sentía libre y siempre me ha gustado la naturaleza, pero no lo fue siempre. Lo fue hasta una cierta época, esa en la que las criaturas empiezan a no serlo tanto y a tener sus propios gustos y su red de amigos.

Besos.

Teresa, la de la ventana dijo...

Por supuesto, Fàtima, lo que cuento es algo que ya me resbalaba con diez años, pero eso no quita para que lo vea y me parezca tristísimo. Sobre todo por lo poco que cambia la mentalidad colectiva por mucho que cambie el mundo y la vida.

NáN dijo...

Je, jé. Siempre he sido poco galdosiano. Como dice el palabro, "cormishc", he sido siempre más "córshmico".

Me pregunto si de "cósmico" o de "cómico".

Aspective dijo...

Me gusta esa frase:
Por eso me gusta la frase de Sirwood: "Me quedo de vacaciones, no me voy".

Me la apunto y la soltaré a la vuelta, porque es lo que he hecho yo este año. Aunque por necesidad, que no es lo mismo pero....

Anónimo dijo...

A mi lo que me gustaría, y creo que nunca tendré (y si las tengo, malo) son unas vacaciones vegetativas. Yo sola, sin hijos, sin marido, sin teléfono, levantarme tarde, leer, comer algo, siesta, ver una peli una serie o lo que sea, un puzzle de 2000 piezas en la mesa para viciarme 7 horas seguidas, irme a dormir a las 1000 porque me he enganchado con un libro, o con el puzzle, tal vez y solo tan vez salir de paseo si es que estoy en el campo... una semana así, hasta que me aburra de no tener nada que hacer, hasta que me desespere de no hablar con nadie... No creo que nunca lo haga, pero sería el auténtico descanso.
Por lo demás, yo siempre me voy de viaje en vacaciones porque en el año solo tengo 3 cochinas semanas para levantarme y ver el mar o la montaña desde mi ventana.