sábado, 7 de agosto de 2010

Incluso lo que te destruye, te transforma


Hay momentos en la vida que suponen una ruptura con lo anterior. Una los ve llegar, o no, simplemente imagina que ya tocan, demasiada tranquilidad durante demasiado tiempo. Quizás sean necesarios, la linealidad no es buena, al menos no a largo plazo: los reflejos se relajan y una se deja llevar por la inercia, sin poner demasiado de su parte. Pero esos quiebros bruscos o previsibles, lo mismo da, siempre alteran el equilibrio ya establecido, porque cambian las cosas de sitio, y hay que acostumbrarse de nuevo a saber que donde estaba aquello ahora está lo otro, y que eso no tiene por qué ser malo, sólo es distinto. Es posible que el momento más perturbador sea el inicial, cuando te das cuenta de que todo se está moviendo sin que tú lo hayas decidido, y crees que tú también terminarás en el suelo, y quizás no seas capaz de levantarte. Una vez que tomas conciencia de que las cosas van a cambiar a pesar de ti, pasando por encima de tus deseos o tu voluntad, es sólo cuestión de ir tomando conciencia de la nueva situación. Replantear lo que ya no es, lo que está dejando de ser, lo que será sólo algo que fue dentro de un tiempo. Y mirar lo que viene con ojos amistosos. Porque es lo que hay. Lo que ahora tienes. Las cartas que te han tocado en una nueva partida que no esperabas jugar, pero en la que tienes que llegar hasta el final, porque no puedes levantarte y abandonar la mesa. 

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Ah, Teresa, cuánta razón y cuánta fuerza hay en el escrito conque nos has regalado hoy. Gracias.

"La forja de un rebelde", autobiografía de Arturo Barea, me encantó. La leí hace muchos años y no recuerdo si son dos o tres libros. Que la disfrutes.

Bienvenida al blog.

Teresa, la de la ventana dijo...

Son tres libros, Anónimo. Yo apenas llevo un par de capítulos, y me está gustando mucho. Otra excelente recomendación de Molinos, por cierto.

Alegría. dijo...

Me has atrapado con este blog que tienes. Escribes, increíblemente bien. Ayer te leí muchas, muchas entradas atrasadas. Las leí para alguien más. Estoy segura que tu novela, cuando la acabes, será una maravilla. Yo la leeré seguro, y llevo años de una apatía extraña en cuanto a novelas.
Espero que sea un día sin sobresaltos, que a veces eso, ya es suficiente.
Un abrazo.

Arancha C. dijo...

Es una sabia manera de posicionarse ante los cambios que nos vienen impuestos desde fuera: cambiar nosotros con ellos. Lo que me da más miedo es ser la causa del cambio que se avecina...

Un beso muy fuerte. Me alegro de que hayas levantado el cierre de tu ventana después de las vacaciones.

Teresa, la de la ventana dijo...

Vaya, muchas gracias, Alegría. Mi novela, de momento, está sufriendo el efecto "vacacional", aunque espero recuperar un poco de brío y actividad en cuanto empiece el otoño...

Pues no sé, Arancha, a mí el miedo me da cuando no controlo el cambio, cuando me arrastra sin que yo pinche ni corte, o lo haga muy poquito. Si yo soy la causa y el motor del cambio, al contrario, me estimula, me ilusiona y me llena de ganas de tirar para delante.