domingo, 12 de septiembre de 2010

Del perdón y el olvido


Aunque ya lo sabía (una, con el tiempo, termina conociéndose mal que bien, y yo ya llevo mucho tiempo conmigo...), esta semana me he vuelto a dar cuenta de lo poco rencorosa que soy. Quizás no sea mérito mío, sino de mi mala cabeza, que se empeña en olvidar más de la cuenta, y eso también incluye lo malo, dejando que se vaya por el desagüe y, al cabo del tiempo, me resulte imposible recordar por qué terminé mal con alguien y cómo fue, qué pasó exactamente.

El jueves me encontré de bruces con alguien de mi pasado laboral, una persona que me terminó odiando y haciéndome la vida imposible, una especie de mobbing al revés, puesto que yo era su superior, hasta que abandonó la empresa, por suerte para mí y mi salud mental. El sobresalto al verla no me lo quitó nadie, y tampoco la incomodidad al tener que hablar con ella obligatoriamente. Cumpliéndose escrupulosamente la Ley de Murphy, me tocó su ventanilla de las ocho abiertas: ahora trabaja en un hospital, dando citas.

Y fue como si no hubiese pasado el tiempo. Su mirada guardaba intacto (o quizás incluso algo incrementado por los réditos del paso de los años, que todo podría ser...) el rencor y el resentimiento hacia mí, e igual que entonces, ya con mis citas en la mano, me fui de allí con una sensación de pena y malestar a partes iguales. Hacía mucho que no me acordaba de ella, de cómo dejó de hablarme, o de cómo cuando no le quedaba más remedio, lo hacía con desprecio e indirectas hirientes y sonrojantes para cualquiera que lo presenciase. Y sin embargo, sigo dándole vueltas y no consigo recordar qué pasó para que aquello terminara tan mal. Mi memoria sólo es capaz de traerme los primeros tiempos, los buenos, incluso recuerdo perfectamente la primera llamada con la que la cité para la entrevista de trabajo. O aquel fin de semana que pasamos trabajando para poner en orden el caos que habían dejado nuestras antecesoras. O cómo me sorprendió con un regalo de Reyes, un jersey que, por cierto, aún conservo y sigo poniéndome muchísimo. Nada. No consigo reconstruir el punto de no retorno a partir del cual todo fue de mal en peor. Y eso hace que me resulte imposible odiarla. Y que me duela bastante más su resentimiento contra mí.

Está claro que conmigo no se cumple la disyuntiva. Yo perdono, y también olvido.

33 comentarios:

Alegría. dijo...

Supongo que también tiene que ver, la memoria selectiva. El rencor, a quien más daña es a la persona en la que se origina.
Lo ideal sería lograr no sufrir por ese tipo de sentimientos que a veces, despertamos en otras personas, pero es difícil, lo sé.
Un saludo, Teresa.

Teresa, la de la ventana dijo...

Eso espero, Alegría, que sea simple memoria selectiva, y no deterioro neurológico... :-)
Pero supongo que en su momento, aunque no recuerde muy bien cómo, sembré vientos. Y cuando se recogen las tempestades, nunca se sale indemne.

El niño desgraciaíto dijo...

El rencor y el odio te quema por dentro sin dañar a nadie más que a ti.

Yo supongo que solo podría odiar a alguien que dañara a mi familia.

Fàtima T. dijo...

Hola, Teresa.

A veces, un abrazo al encontrarse después de mucho tiempo, o un par de besos espontáneos, son el mejor paliativo para limpiar asperezas pasadas. Tampoco soy rencorosa (aunque las cosas me duelan, como a casi todo el mundo, pero no guardo rencor), y éste es el impulso que suelo tener cuando me encuentro con un ex compañero del colegio, o de la universidad o del trabajo: darle un par de besos o un abrazo y charlar con él. Aunque haya habido malos rollos entre los dos y malos rollos de los gordos. No sé, es como si tuviera un filtro para apartar los malos recuerdos y dejar solo los buenos, y ese gesto cariñoso que me sale de forma espontánea (lo soy mucho, a veces demasiado) funciona como una excelente goma de borrar.

Claro que siempre los habrá recalcitrantes y resentidos en grado sumo, estos sentimientos tan arraigados me desarman y ahí solo cabe un adiós muy buenas.

Un abrazote.

Teresa, la de la ventana dijo...

No te creas, Niño: a mí me hizo daño ver la mirada que me echó.

Teresa, la de la ventana dijo...

Uff, Fàtima, te aseguro que bastó con la mirada de reojo inicial, antes de que saliera mi número, para cortar en seco cualquier amago de nada. Aunque creo que fue peor la "no-mirada" de mientras me atendía...

Miguel Baquero dijo...

Una de las cosas más sensatas que nunca me enseñaron es que procure salir bien y educadamente de los trabajos, porque nunca sabes cuándo y en qué circunstncias puedes encontrarte de nuevo con la gente.
Te felicito por tus nobles sentimientos

El niño desgraciaíto dijo...

Bueno, puede que te moleste y te fastidie, pero yo creo que si lleva esa rabia encima la que más daño se hace es ella misma.

Teresa, la de la ventana dijo...

Un buen consejo ése, Miguel, aunque creo yo que aplicable no sólo en el área laboral, sino en cualquier parcela de la vida. La vida da muchas vueltas, desde luego.

Es posible, Niño, pero a mí el encontronazo me dejó destemplada, y aún sigo...

Anniehall dijo...

Pues yo también te felicito por ser así. Por supuesto que te duele pero supongo que es a ella a la que se le hace mala sangre y se reconcome. Para eso, mejor olvidar.

Teresa, la de la ventana dijo...

Pues sí, Annie. Mucho mejor olvidar.

el chico de la consuelo dijo...

Te entiendo Teresa, está muy bien el amor, la paz, y el olvido pero te entiendo y cuando lo laboral pasa a lo personal y cuentas el tiempo de pensamientos que has destinado a esa desidia humana y que no has dedicado por su culpa a la gente que se lo merece y que quieres te entra un odio indigerible.
A veces ese sentimiento es inevitable y humano, a mi hay voces que con solo oirlas me ponen mal cuerpo, como a los perricos de pavlov.

Vicent dijo...

Te has parado a pensar que igual perdonas porque olvidas?.

Gonzalo Viveiró Ruiz dijo...

Pues yo encontrarme con alguien así, que me sigue odiando cuando yo ya paso, me hace sentir más vencedor todavía. Porque él aún tiene que vencer a su resentimiento y yo ya no.

Teresa, la de la ventana dijo...

Claro, Vicent. Es una posibilidad. Pura biología: deficiencia neuronal, vejez... qué se yo. Pero no, siempre he sido así.

Es una manera interesante de verlo, Gonzalo. No se me había ocurrido.

Arancha C. dijo...

¡Qué mala suerte encontrártela! Yo he tenido una experiencia laboral parecida a esa, con una persona que dependía de mí también, y todavía, cuando me acuerdo de aquello, me duele, así que entiendo tu cóctel de sentimientos.

Teresa, la de la ventana dijo...

Si, Arancha, no fue plato de gusto, más que nada por lo inesperado.

molinos dijo...

Yo no olvido..después de pasar por la fase de hostilización correspondiente..me voy deslizando lentamente hasta la indiferencia más absoluta...pero no se me olvida. No sé si para bien o para mal..pero no olvido.

Teresa, la de la ventana dijo...

Yo no es algo que me proponga, Moli, así que no sé si es bueno o malo, sólo sé que ocurre así en mi caso. Quizás sólo sea un mecanismo de defensa, no lo sé.

NáN dijo...

En el momento del enfrentamiento (esto solo con gente que te es o ha sido querida) soy un asesino cabrón caníbal (poquísimas veces), luego me dedico en la cama por las noches a quitarme el rencor… pero la separación es para siempre.

En casos como el que cuentas (me pasó exactamente lo mismo), me indifiere, como si de pequeño me hubiera caído en el caldero.

Y ahora que lo has comentado, me pregunto cuánta gente me/nos habrá odiado sin que llegara/mos a darmenos cuenta. ¿Contará eso para el karma?

Lectorasilenciosa dijo...

Eso que tu llamas mobbing al revés, es en realidad mobbing ascendente, existe aunque no es tan conocido como el descendente, se basa en una relación de poder de facto, no en la jerarquía. Es igual de dañino que cualquier mobbing, pero en tu caso ella abandonó antes de llegar a la fase de destrucción. En realidad tuviste suerte de que se fuera, no todo el mundo que lo sufre puede decir lo mismo. En tu caso, el "olvido" te salva de las consecuencias nefastas del proceso, lo que es una suerte. Eso me indica que tu mente es más sana que la suya, dada la reacción que nos cuentas.
Vaya chapa que te he dado.
Un saludo.

Teresa, la de la ventana dijo...

Pues no conocía yo la existencia oficial de ese mobbing de abajo a arriba, fíjate, Lectorasilenciosa. Gracias por haberte manifestado.

Vicent dijo...

No me refería a que se te esté yendo la pinza con la edad, que tambián puede ser, jajaja, si no a que muchas veces nuestra mente arrincona los pensamientos negativos y los malos rollos y entonces aún queriendo se hace difícil recordar los motivos que los originaron.

Elvira dijo...

Dice mi hija que no soy rencorosa, pero no olvido.

Ver esas miradas cargadas de rencor es duro. A saber lo que pasa por su interior, qué película se montó ella y en qué medida tiene que ver con la realidad o con sus propios temas no resueltos.

Diva Gando dijo...

Teresa, pues yo como tú, perdono y olvido, aunque a veces quiera recordarlo. No hay forma. No puedo, se me olvida. Tiene que ser una putada de tomo y lomo, si no, se me olvida. Pero yo creo que así somos más felices...

Teresa, la de la ventana dijo...

No sé, Vicent, es posible que sea una manera automática de protegerse, no tiene que ser agradable vivir rumiando viejos rencores...

Sí, Elvira. No es una experiencia agradable saberse odiada, la verdad.

Estoy contigo, Diva. Creo que es una suerte tener una memoria tan volátil para según qué cosas.

NáN dijo...

Ahora me acuerdo de un caso en el que el no olvido y el no perdón fue muy terapéutico. A un amigo mío logroñés un cura del colegio le jodió a leches la baja juventud (como en Edad Media, pero en juventud). Muchos años después, paseando por el Retiro, un tipo que estaba sentado en un banco le dijo "****, ¿sabes quién soy? El padre ****, que me he secularizado". Sin pensárselo más, le dio un puñetazo en la nariz, lo dejó sangrando en el suelo y se fue. "Qué peso antiguo me he quitado de encima", me dijo por la noche al vernos.

Cada cosa merece lo suyo.

Teresa, la de la ventana dijo...

Como ha dicho Diva, depende mucho de la ofensa, NáN. Una cosa es no guardar rencor y olvidar con facilidad y otra tener sangre de horchata...

No es mi caso. Como se suele decir, si me pinchan, también sangro.

papacangrejo dijo...

Eres afortunada, pues sin olvido no hay un verdadero perdón.

NáN dijo...

Ha sido chulo verte. Ni perdón ni olvido.

pseudosocióloga dijo...

El olvido es un sistema de defensa¿no la ofenderías y te cuesta reconocerlo?¿eres de las que admiten su culpa?.

Corina dijo...

Qué bien descripta esa situación ! Es absolutamente real, siento lo mismo.
Coincido que, en principìo, no sea un mérito propio, agregaría agradecimiento a nuestros padres por los genes heredados y a Dios.

Considero que ser así es ser muy afortunado! Rescatar lo bueno es una actitud de vida que no todos pueden lograr. No es que no quisieran tenerla. Así habría mucha más gente FELIZ.

Dejar pasar sin mucha trascendencia lo negativo no significa olvidar totalmente, pero sí tener una selección natural hacia lo que vale la pena valorar en la vida.

Mucha suerte!

Un abrazo desde Argentina!

Teresa, la de la ventana dijo...

Sí, Pseudosocióloga, admito fácilmente mis culpas. Pero te aseguro que si alguien ofendió a alguien en este caso, yo gano por goleada en cuanto a ofendida.

Gracias, Corina, y bienvenida.