lunes, 27 de septiembre de 2010

Pesadillas


He vuelto a soñar con M. De vez en cuando, igual que siempre vuelven las pesadillas de no haber aprobado todas las asignaturas de la carrera, M. aparece en mis sueños. Y como cada vez que ocurre, ayer se comportó tal y como lo hacía cuando las dos compartíamos clase y asiento de autocar. Con esa habilidad suya que siempre me admiró y me desconcertó: la de hacerse pasar por mi amiga para, cuando yo ya estaba confiada y tranquila, con la guardia baja, pegarme un guantazo que me dejaba aturdida y pensando que el mundo era un lugar hostil y lleno de gente mala que se reía y manipulaba a su antojo a la buena. Siempre actuó así: tensando y aflojando la cuerda alrededor de mi cuello, obligándome a necesitarla, haciendo que siempre volviese a confiar en ella, a pesar de que siempre terminara por hacerme daño. 

Me he preguntado muchas veces qué habrá sido de ella. Y sin embargo, jamás la he buscado, porque sé lo tóxica que fue e imagino que seguirá siendo igual y no me apetece comprobarlo. Porque yo tampoco he cambiado tanto, y sé que seguiría jugando con ventaja sobre mí, como de hecho ha sucedido en mi pesadilla de anoche. Las dos éramos mayores, nos habíamos reencontrado, y hacíamos una especie de excursión por un pueblo de tipo medieval, quizás por la sierra de Madrid o la provincia de Segovia. Ella iba conmigo, y hablábamos con complicidad, como si nunca nos hubiésemos separado. Yo me sentía a gusto, tranquila, segura, hasta que de repente ella me miró con esa sonrisa malévola que tenía, y me dijo que qué me había creído, que seguía siendo tan estúpida como siempre, y que no pensaba seguir viendo el pueblo conmigo. La última imagen que recuerdo es la de ella, de espaldas, alejándose de mí, y volviéndose durante un instante para mirarme y soltar una carcajada.

Cuando he abierto los ojos, he tenido una sensación rara. De un malestar casi físico. Después me he quedado pensativa, admirada del poder tan inmenso que una mocosa a la que no veo desde los catorce años sigue ejerciendo sobre mí, aunque sea en la cara más oculta e inconsciente, colándose en mis sueños y fastidiándolos. Me ha asustado el miedo que me sigue dando, la virulencia de los efectos de su acoso, inmunes al paso del tiempo.

Y durante buena parte de la mañana, no me ha abandonado esa sensación, la de sentirme otra vez como una niña pequeña e indefensa, como si el tiempo se hubiese parado en mis doce años, con la misma dificultad para seguir adelante, para respirar incluso, ahogada por el peso insoportable un problema demasiado grande para mí sola.

16 comentarios:

Peque dijo...

Mi ingeniero particular dice que sueña con lo que quiere, que antes de dormirse decide qué quiere soñar y listo, ¡qué suerte tienen algunos!
Lo peor es el mal cuerpo que se te queda cuando te despiertas, pero solo son sueños, no es la vida real, ¿eso consuela?, espero que sí.

Teresa, la de la ventana dijo...

A mí no me consuela demasiado, Peque. Porque creo que los sueños nunca son sólo sueños. Especialmente los de este tipo, los que rozan la pesadilla, los que se repiten cíclicamente o remueven historias antiguas, casi siempre dolorosas. Y sí, son inquietantes, y dejan el cuerpo destemplado, porque es como si de repente el fondo del estanque tranquilo que parece tu vida se removiese también, y el agua clara se enturbiara... Dan mucho que pensar. A mí, al menos.

Cuando sueño estas cosas, me pregunto hasta qué punto tengo superadas ciertas historias, y me doy cuenta de lo mucho que pueden marcarte ciertas personas o vivencias, tanto que nada de lo que después ocurra, por muy bueno que sea, puede borrarlo del todo. Sólo echar tierra encima. Pero eso sigue ahí. Latiendo. Vivo.

Doctora Anchoa dijo...

Teresa: Aunque te parezca no haber cambiado nada, estoy segura de que sí lo has hecho. Y además seguro que esa persona que en su día te hizo tanto daño ahora no podría volver a hacerlo. Lo primero, porque todos nos volvemos más listos con la edad, y lo segundo, porque no hay como saber qué puedes esperar de alguien para que no te duela lo que haga. En el momento es que te convenzas de esto, desaparecerá el miedo.

Teresa, la de la ventana dijo...

Doctora, a mí esa niña no me acosó ni me torturó mentalmente porque fuese más lista y yo más tonta. Ella era más fuerte y más mala. Que yo no supiera defenderme no era una cuestión de inteligencia, sino más bien del poder del miedo y la manipulación. La edad no me ha quitado el desconcierto que me produce ver cómo algunas personas hacen daño conscientemente, y disfrutan de poder hacerlo, de ese sentimiento orgásmico que les produce controlar y machacar a los demás. Sigo sin entender ese placer perverso, y creo que nunca lo entenderé.

molinos dijo...

¡Qué ha pasado con mi comment? Teresa..¿ no te ha salido? Blogger me odia....

Teresa, la de la ventana dijo...

Pues no, Moli. Rien de rien. ¿¿¿Qué le has hecho a Blogger???

Doctora Anchoa dijo...

Teresa, no quería decir que tú fueras más tonta, sino que con la edad adquirimos más "filosofía parda" y aprendemos cosas como a levantar barreras más altas y a alejarnos a tiempo de lo que nos pueda hacer daño. Te honra que no puedas llegar a entender que haya gente así, pero si ya conoces a esa persona y sabes lo que puedes esperar partes con ventaja.

Teresa, la de la ventana dijo...

Sí, Doctora, te había entendido perfectamente, no te preocupes, pero es tan fácil identificar a las buenas personas con gente lela y medio tonta... De hecho esas barreras de las que hablas están ahí: ni lo he hecho ni pienso abrirme una cuenta en Facebook, por ejemplo. Pero tienes razón en una cosa: si volviésemos a cruzarnos, ni yo misma sé cómo reaccionaría ahora, al cabo del tiempo. Quizás se llevase (nos llevásemos, me incluyo yo también) una sorpresa.

Reyes dijo...

No le dés vueltas .
Eso va a ser que se ha muerto y ha venido a despedirse de ti .
...
Vale, he visto demasiadas pelis.
Pues no le dés vueltas , de todos modos.
Ahora eres una mujer estupenda y una blogger writer de pro .
Nadie volverá a atemorizarte nunca.
Besos.

Teresa, la de la ventana dijo...

Te juro que lo pensé al despertarme, Reyes. ¿Y si fue parte de aquella gente de nuestra generación que palmó por la heroína? ¿O se ha matado en un accidente de coche? Y, bueno, no es que me tranquilizara mucho, pero me hizo mirar todo el asunto, incluida la pesadilla, de otra manera.

Me alegro de verte de nuevo por aquí... Se te echaba de menos.

Anniehall dijo...

Es imposible saber cómo reaccionarías ahora, claro, pero yo también supongo que no te dejarías manipular tanto por aquello de que más sabe el diablo por viejo que por diablo.

Además aquella era una edad mucho más impresionable, en la que se dependía mucho de la manada, de la imagen que tenían de ti... a lo mejor ese era un factor para consentir el abuso. Seguro que eso ahora te condiciona menos y sería de otra manera.

Teresa, la de la ventana dijo...

Cuando eres víctima del "bulling", Annie, eres cualquier cosa menos miembro de la manada, y la imagen, créeme, es lo que menos te importa en ese momento. Sólo quieres que te dejen tranquila, lo de ser popular pasa a un segundo plano. Y ésa es precisamente la baza con la que juega el acosador: tu soledad. Saber que nadie se va a poner de tu lado, que si acaso se le pasa a alguien por la cabeza terminará por desistir, por pura cuestión de supervivencia. Estar seguro de que no pedirás ayuda, porque la venganza será aún peor, y tu madre volverá a casa después de montar el pollo en el colegio, sí, pero tú tendrás que seguir yendo a clase, mañana y tarde, y lo anterior no será nada, porque además ahora serás una acusica, cobarde y llorica a su mamá...

Ahora está claro que ni siquiera le daría la oportunidad de salir de excursión con ella, como hacía en el sueño. No me interesan lo más mínimo las personas malas. Y ella lo era. Y mira que yo soy de dar oportunidades, y pensar en positivo, pero en este caso no. No creo que haya cambiado, porque era de esas personas con maldad, con malos sentimientos. Como el escorpión, que no puede evitarlo.

Elvira dijo...

Ese tipo de sueños son de lo más inquietante. ¿Y no habrá alguien en tu entorno actual que se parezca un poco a la chica del sueño? En ese caso el sueño te hablaría de la persona actual, mediante el símbolo de esa chica. Lo digo porque a mí me ha pasó algo parecido, y los sueños que se repetían me avisaban como diciendo "¡ojo! no vuelvas a caer en una relación así".

Teresa, la de la ventana dijo...

Uys, calla, Elvira, no me digas eso... Espero que no sea así.

NáN dijo...

Hay un estrato profundo, el emocional, que aunque se base en el pasado es un presente permanente hasta que actuemos sobre él. En los sueños, a veces, nos advierte de ese dolor. Son situaciones que se han convertido en minas y si una de ellas llega a explotar, hace un destrozo en los estratos superiores y... entramos en depresión.

Pero como nuestra mente quiere ser sana, nos advierte. Podemos desmontar las minas. El sueño te está enseñando a que eso lo tienes ahí y no lo has solucionado. Hay personas vampiras, malvadas, con ansia de dominar y chupar la energía de los que le rodean; disfrutan creando conflictos.

Existen, no se puede evitar. Pero tú has crecido. No es, perdona doctora que te contradiga, que ahora tienes la defensas más altas. Porque aquello sucedió cuando las tenías bajas y sigue sucediéndole a aquella niña que fuiste y está ahí dentro. Tienes que llevar tu fuerza de ahora a ese pasado y arreglar la situación de entonces.

Enfréntate a ella en situación de duermevela y ríete de ella. Habrás desmontado esa mina y podrás pasear por los estratos profundos sin miedo a que te estalle.

Y ya en el presente, si vuelves a conocer a alguien así, sé grosera si es necesario. Levántate de una mesa del restaurante diciéndole "eres una persona muy negativa y no te soporto".

He vivido esos procesos y he hecho terapia de regresión emocional en Donostia. Desde entonces he perdonado (sobre todo a mi padre y a mi madre) y vivo mucho más feliz. O mejor, más animoso, complejo y completo.

Teresa, la de la ventana dijo...

Ha llovido mucho desde entonces, NáN, y aunque también soy aquello que fui, soy otras cosas. Y una de esas cosas nuevas que soy ahora y que entonces no era es que ahora me dan miedo muy poquitas cosas.

Supongo que no le resultaría interesante cargar contra mí. La gracia de acosar a alguien es ver los resultados de tu poder sobre el otro.