lunes, 18 de octubre de 2010

Ahí fuera el otoño florece...

Siempre he vivido en un piso. La terraza del de mis padres es un pequeño espacio que, en cuanto se pudo, se cerró, convirtiéndose en un mini-cuarto-de-estar-trastero-despensa-tendedero, con lo cual las escasas plantas que allí han encontrado sitio han sido pocas y de interior. Ciclámenes, sobre todo. Luego me marché, y pasé a un piso con un pequeño balcón descubierto. Estuvimos tan poco tiempo allí que no llegamos a comprar ni un solo tiesto, ni un mal geranio. Después llegó nuestra primera casa, un segundo con una terraza estrecha, pero muy larga, en la que no entraba todo el sol que hubiese sido deseable, pero que ya nos permitió empezar a cultivar nuestros primeros tomates y hierbas aromáticas. 

Hace seis años subí un rellano más. Un tercero. El último piso. El ático. Dos terrazas. Tan grandes las dos juntas como el resto de la casa. Espacio. Muchísimo. Mesas. Sillas. Hasta una barbacoa de obra. Sol por la mañana en una. Por la tarde, en la otra. Mi madre las llama "los patios", y lo cierto es que son realmente lo mismo, un espacio ganado al exterior, salvo que las vistas son mejores que a ras de tierra. Unas jardineras amplias, de hormigón, bordeando toda la fachada, en las que conviven fresas, jacintos, tulipanes, gladiolos, camelias, claveles o narcisos. Grandes macetas con tomates cherry en verano. Moras y frambuesas. Un almendro moribundo al que no terminamos de hacer la eutanasia, esperando que resucite quizás en la próxima primavera. Menta, romero, estragón, albahaca o cebollino, siempre a mano para la cocina. Una mimosa, recién llegada, en una maceta grande. Las dos jacaranditas, por supuesto, las niñas mimadas, unas privilegiadas que, desde  hoy, duermen dentro, al abrigo de unas noches y unos amaneceres cada vez más fríos. Y ahora, cuando parece que todo empieza a adormecerse, un guiño de color de la noche a la mañana, no por esperado como cada año, menos sorprendente.

Y es que, a fin de cuentas, Madrid es también Castilla-La Mancha...


11 comentarios:

José Antonio Peñas dijo...

Mi especia favorita. Siempre que añado unas hebras al guiso me dejo la mano sin lavar, para seguir notando su aroma un rato más.

Tochi dijo...

Qué envidia!!! Siempre he querido tener plantas, pero entre que no tengo terraza y mi "organización" solo me sobreviven los potos. Algún día tendré un naranjo, lo juro.

Anniehall dijo...

Qué envidia. Nosotros tenemos balconcito con geranios, un mandarino moribundo (más o menos como tu almendro imagino) y un millón de plantas más que nos ha traído la regaladora de vlads. Lo malo es que ahora parece una selva y tampoco es eso.

Un año tuvimos tomates y albahaca. Ese verano sobrevivimos a base de ensalada de pasta con tomate y mozzarella, qué rico!!

Ah! y si no fuera por ND y la regaladora no tendríamos nada porque yo soy un desastre para las plantas, entre otras muchas cosas.

El niño desgraciaíto dijo...

Yo antes me encargaba bastante de las plantas, pero desde que tenemos a los niños casi no me dedico a ellas.

He intentando varias veces tener romero y siempre se me ha muerto. Es extraño porque el resto de plantas suelen sobrevivir a mis cuidados.

Lo del mandarino ya empieza a ser crueldad con el pobre.

Doctora Anchoa dijo...

Me das mucha envidia. Yo tengo dos terrazas; una cerrada, en la que no puedo tener plantas de exterior, y otra minúscula en la que entra el viento que da gusto y a la que sólo llega una hora de sol al día. Me encantaría poder plantar hierbas aromáticas para la cocina, las secas no son lo mismo.

Alegría. dijo...

Tengo a mis plantas descuidadas últimamente. Mi madre me riñe cuando viene y las ve. Ellos sí que tienen plantas por doquier y preciosas. Me encantan las plantas, pero es cierto que ocupan mucho tiempo. Si te gustan, no es problema, pero ahora, sólo tengo ganas de sentarme a hacer nada, y eso nunca llega.
Sólo había visto la flor del azafrán en enciclopedias.
Un beso con sol.

Alegría. dijo...

Un abrazo para la tarde.

Peque dijo...

Yo siempre digo que prefiero que me regalen una planta que un ramo de flores Las plantas duran años, y las flores unos pocos días. Cuando quiero flores corto rosas de mi jardín, las tengo naranjas y rojas, y las demás no las corto,me gusta el olor del jardín. Para mí es una suerte poder vivir en una casa con jardín, por todo.
Besos y abrazos.

el chico de la consuelo dijo...

Algún dia perderemos a algún crio entre los arbustos del salón. A mi lo verde me gusta: las acelgas con jamón, pencas con jamón, ensalada de jamón de pato...

Teresa, la de la ventana dijo...

Mola mucho usar a lo largo del año el azafrán de tu propia cosecha, Peñas.

Que conste, Tochi, que el que tiene mano con lo verde es mi marido. Yo me limito a disfrutarlo... y a aprender.

Pues como yo, Annie. Me esfuerzo, eso sí.

Pero si el romero es de lo más duro que hay, Niño... Hasta a mi me sobrevive...

Doctora, pues animate con lo de las hierbas. Compra una jardinera rectangular y ponlo todo junto: perejil, albahaca, menta y cebollino, por ejemplo.

Sí, Alegría, piden atención y tiempo. Pero como cualquier otro ser vivo...

Muy cierto eso, Peque. Yo tengo una planta de interior que ni sé cómo se llama, pero que ha sobrevivido hasta a una mudanza, y me la regaló una de mis alumnas de inglés hace más de diez años. Se ha convertido en parte de la familia...

Es que tú eres un tío muy verde, Chico... ;-)

Elvira dijo...

¡Qué explosión de color en otoño! Un gusto. Mi madre tenía un ático con terrazas bordeadas de jardineras en donde yo plantaba de todo, como tú. Disfruté de esa terraza especialmente durante 4 años. En mi piso tengo unas jardineras pequeñas en las ventanas y en el balcón. Les saco todo el partido que puedo.

Yo no pondría la menta junto con otras plantas pues con sus raíces acaban inundándolo todo. La menta mejor en una maceta aislada. Pero la salvia, el romero, el tomillo y la albahaca sí pueden estar juntos. ¡Qué rico sale el pesto cuando se coge la albahaca bien fresca! Y las infusiones de menta, divinas.