miércoles, 20 de octubre de 2010

Aprendiendo

Cuando compartes tu vida con alguien, de manera tácita, casi automática, se van repartiendo las tareas, sin necesidad de previo acuerdo, sólo por la predisposición natural de cada uno y la comodidad del otro, que curiosamente suele ser un incapaz en lo que el otro destaca y disfruta. Algo que facilita mucho la vida en común, porque elimina cualquier conflicto (los dos salen beneficiados: lo que uno no sabe ni le interesa hacer, al otro suele gustarle), y  permite que te "olvides" de ciertas obligaciones, puesto que sabes que están cubiertas por el otro. 

Por eso, cuando ves peligrar esa estructura de intendencia que tan bien ha funcionado durante años, de repente te das cuenta de la cantidad de cosas que nunca has hecho, y que no tienes ni idea de hacer, y de las que tarde o temprano tendrás que ocuparte tú sola. Y te entra un vértigo considerable. Por el hecho en sí de meterte en berenjenales que jamás te atrajeron y que, por narices, van a tener que ser asunto tuyo y solo tuyo. Pero sobre todo por lo que implica que tú seas la responsable de ellos. Y el hecho tan inocente en apariencia de que otro te explique lo que tú no sabes se convierte en una experiencia extraña, surrealista casi, pero necesaria. Y tragas saliva, pensando que sería bastante peor tener que afrontar el funcionamiento de un programador de riego tú sola, sólo con el folleto de instrucciones en la mano, en lugar de hacerlo con él al lado explicándotelo todo detalladamente y aclarando tus dudas. Así que afrontas lo que hay (o lo que habrá, lo mismo da). Empiezas a hacer recuento de todo lo que hace que una casa funcione, y descubres que apenas sabes otra cosa que dónde está la llave de paso del agua y el cuadro eléctrico. Vas preguntando y te van explicando. Y lo apuntas. Buscas la carpeta de las garantías y las instrucciones de los aparatos, y empiezas a leerlos con otros ojos. Incluso los entiendes. Y empiezas a mirar un poco más allá, porque aunque no lo parezca, aunque no quieras verlo hay otro horizonte, y en él estarás tú sola, y tendrás que ser tú y nadie más quien programe la calefacción o apague la caldera del gas.

Y sin darte cuenta, o dándotela, empiezas a andar el duro camino de aprender a vivir la vida después de él.

31 comentarios:

Anniehall dijo...

Puff, otra vez sin palabras, con un nudo en la garganta y un escalofrío recorriendo mi cuerpo. Qué suerte tengo y que frágil es esta suerte que tengo.

Un abrazo enorme.

Diva Gando dijo...

Joeee.... no sé que decir, salvo que estoy aquí y te leo y siento y.. lo siento... Un abrazo.

Teresa, la de la ventana dijo...

Me alegro de que tengas suerte, Annie. Y de que sepas ver que la tienes. Disfrútala al máximo.

Nada, Diva. No digas nada. Otro abrazo para ti.

Tochi dijo...

Yoesas cosas las pienso en mis pesadillas masoquistas, cuando llega tarde mi estimado y pongo la centrifugadora en marcha, pero... bufff.

Teresa, la de la ventana dijo...

Pues sí, Tochi. Bufff. Aunque mientras queden en pesadillas... siempre puedes despertar, ¿no?

Alegría. dijo...

Ayer iba a decirte que tu título de la entrada era muy triste, pero hoy ya resulta demoledor.
No quiero decirte nada. Sólo quiero abrazarte en silencio.
Un beso, Teresa.

Doctora Anchoa dijo...

Teresa, ya sé que no es suficiente ni de lejos, pero te envío un besazo enorme. Para lo que necesites, ya lo sabes.

molinos dijo...

Yo solo te digo..que dejes de preocuparte por el programador de riego. Yo sé cómo funciona.

Y un beso.

El niño desgraciaíto dijo...

Un abrazo y, como dice moli, ahora no te preocupes de eso. Yo también he programado riegos y calderas.

Teresa, la de la ventana dijo...

Gracias, Alegría. Pero no te entristezcas, no es un post triste, en el sentido de que no está escrito desde la tristeza, sino desde el realismo, desde el hecho de tomar conciencia de lo que me está pasando y de lo que me pasará.

Gracias, Doctora. Sé que estáis ahí, nunca se me olvida.

No, Moli, si no me preocupo, si yo hoy también sé cómo funciona. Hoy lo he entendido, dentro de unos meses... ya veremos si me acuerdo de algo... Pero bueno es saber que sabes. Gracias, guapa.

Gracias, Niño. La verdad es que tus conocimientos ingenieriles y tu metro noventa me tranquilizan, en el caso de que me vea en un apuro doméstico en el que pueda hacer falta cerebro o músculo. Te tomo la palabra, ¿eh?

Alegría. dijo...

Vale. Lo entiendo.

El niño desgraciaíto dijo...

Por supuesto. Yo, encantado.

Amanita Faloides dijo...

Te veo en fase de hiperrealidad Teresa. Podría ofrecerte mis servicios de hermafrodita superviviente solitaria, pero la verdad, prefiero irme de Gin Tonics contigo, igual te trasladábamos otra dimensión aunque sólo fueran dos horas ¿Te acordarás de nosotras cuando te hagamos falta mas allá de esta fase de hiperrealismo?

Teresa, la de la ventana dijo...

Me temo, querida Amanita, que cuando salga de este paréntesis en el que vivo, me haréis más falta que nunca.

Amanita Faloides dijo...

Pues ahí estaremos, y aquí estamos.

Mayte dijo...

Sin palabras. Sólo un beso

NáN dijo...

No quiero dejar de decirte que nunca había visto tan bien explicado que los miembros de una pareja no tienen que hacer otro al 50%. Me critican que a mí ella me compra la ropa, pues vale, porque a ella le gusta comprar y a mí me entran sudores (además que me daría lo mismo no tener ropa nueva).

Y de la segunda parte, la hemos hablado varias veces, porque hemos llegado a tal especialización de funciones, como veo que os pasa a vosotros, que cada uno es ignorante de mucho de lo que hay que hacer.

No hace falta que te escriba que un abrazo, porque lo sabes (y los hombres somos renuentes a repetir esas cosas). Pero sí te digo que estoy y que, si quieres, una tarde de fin de semana subimos los que andamos por los madriles, tú haces un pan de esos, y té o café, yyo compro mermeladas exquisitas.

Peque dijo...

Cuando mi madre se moría yo era la única hija que aún vivía en casa y mi madre empezó a explicarme cómo tratar a mi padre para que la convivencia fuera la mejor posible, sus trucos, y esas cosas. Puedo entender lo que explicas aunque evidentemente que tu madre muera antes que tú, aunque sea muy joven, es ley de vida, y lo tuyo es otra cosa, pero mi empatía es muy grande.
Espero que esto te sirva, un beso muy grande y muchos abrazos
muchos.

Teresa, la de la ventana dijo...

Gracias, NáN. No echo en saco roto tu idea, ¿eh?

Por supuesto, Peque. Puedo entender muy bien esa situación, fue algo que me aterrorizó durante años, cuando era bastante pequeña (la madre de una compañera del colegio se murió en un accidente de coche). Otro abrazo grande para ti.

Jesús Miramón dijo...

Un abrazo, Teresa. Yo no estoy tan cerca como tus amigos que viven en Madrid pero hace muchos años que, a nuestra manera, nos conocemos, y también me quedo sin palabras (y de las que digo acabo arrepintiéndome, como sucedió la última vez). Creo que la actitud que transmite el texto de hoy, siendo estremecedor, es inaudita por su coherencia y valentía. Te estás preparando. Es lo humano, lo que tiene que ser, y me descubro ante ti. Un abrazo. (Cuenta conmigo también)

Teresa, la de la ventana dijo...

Jesús, mi actitud es fruto de las circunstancias, del tiempo, y también de su actitud, la de él. Es cierto que tú y yo nos conocemos hace mucho, y tus palabras, aquí o en tu casa, siempre son fuente de sabiduría y buena cabeza. Así que, por favor, no dejes de decirme lo que quieras, siempre será bien recibido porque sé que viene del corazón. Cuento contigo.

Gonzalo Viveiró Ruiz dijo...

Tu aprendiendo y él pudiendo enseñarte sois una imágen de la compenetración. Y con tu aprendizaje perdurara esa compenetración depués de lo que pase.
Y lo notaras. Y él seguro que ahora lo siente.

Di Vagando dijo...

Tía, Teresa, cómo contarte q estaba esperando un bus, con frío, y jugaba con la blackberry, y al contrario q alguien por ahí, el título me ha parecido optimista y alegre, y aún no llegaba el bus, y me he ajustado el gorro, y he seguido leyendo, y el corazón me ha hecho un giro físico, es como una pequenia pesadez q se pone ahí ("la losa" la llamo), y he tragado, y he mirado a las luces y a la gente que corría, y he subido al segundo piso del bus, y entonces he pensado que eres una valiente.

Y la suerte que tiene él.

coro dijo...

Ay Teresa, helada me dejas. Un abrazo quilométrico, algo lejos me quedas, físicamente hablando, pero preparaba yo unos tintos para tomar en compañía y darte calor en un periquete, cuenta conmigo en cualquier caso.

Peque dijo...

Buenos días, aquí parece que un poco menos fríos que ayer. Un abrazo.

Alegría. dijo...

Buenos días, Teresa. Un beso.

Anniehall dijo...

Yo te presto a ND con sus saberes ingenieriles y su metro noventa, me presto a acompañarte de gintonics, a ir a tomar café con pan casero de la ventana y mermeladas exquisitas, incluso a que lo a compañemos con mi versión de tu versión de la bica de Su (la mía es la que no sube) si quieres.

Y repito que eres una valiente y que tu visión hiperrealista lo que me parece es hipervaliente (de nuevo).

Y que te mando otro abrazo y un beso enormes.

Teresa, la de la ventana dijo...

Di, sé a qué losa te refieres, yo la tengo instalada de continuo desde hace tiempo, tanto que ya no recuerdo lo que era no tenerla...

Gracias, Coro.

Peque, otro para ti.

Gracias, Alegría.

Annie.... En fin. No sé qué decir. Gracias.

Anónimo dijo...

Un abrazo fuerte Teresa.

Dejavu

Rojo dijo...

Iba a decirte "No digas eso, Tere". Pero ahora pienso que sería casi insultante.
En lugar de eso, te mando un abrazo muy fuerte y muy cálido, sin palabras, silencioso, pero que espero que comunique lo que quiero decir y no sé cómo expresar.

neoGurb dijo...

Qué bárbaro. Creo que de todos tus post es el que más me ha emocionado. Me parece una muestra de madurez, de entender de qué va la vida. Queramos o no, está llena de cacharros y trámites, de mecanismos y manuales. E inevitablemente ahí seguirán cada día: mañana, al día siguiente y al otro, con él o sin él.

Abrazos, queridos admirados adultos.