domingo, 31 de octubre de 2010

Y eso que yo no soy ave nocturna...


Hay gente que se relaja mirando el mar: les basta un paseo por la orilla bien temprano, cuando no hay nadie más que ellos, mojándose los pies y escuchando el rumor de las olas, para que sus ideas se aclaren y todo vaya un poco mejor, sin que realmente nada haya cambiado, pero bueno, el efecto placebo a veces es más que suficiente. A mí el mar me gusta para un rato, pero muy por el contrario que a la inmensa mayoría, tiene el poder de ponerme bastante nerviosa, supongo que precisamente por el runrún incesante del batir del agua, no en vano soy mesetaria y castellana, un lugar donde el silencio, cuando se da, es eso, una ausencia tan absoluta de sonidos que incluso da un poco de miedo. Anoche me di cuenta de que para lograr esa sensación de seguridad, de tranquilidad plena y pensamientos sosegados me basta con salir a la calle de madrugada. Cuando todo el mundo (o casi) está en sus casas, durmiendo. Calles vacías, sin apenas coches. Edificios sin una sola luz en sus ventanas. Verlo desde fuera, como una espectadora, consigue apaciguar mi espíritu de una manera tal que, cada vez, me sorprende. Es como si nada malo pudiera pasar en ese paréntesis oscuro y silencioso, como si la ciudad, el mundo, la vida misma, diese una pequeña tregua a sus habitantes. Al menos, hasta que de nuevo salga el sol y empiecen a ponerse en marcha los coches aparcados junto a las aceras, la gente vuelva a salir a la calle y, otra vez, sea imposible escuchar el silencio. 

De una vez para otra se me olvida (salgo tan poco de noche...), pero ayer, volviendo de una cena tan esperada como disfrutada, sentí de nuevo esa sensación de privilegio y de sorpresa. Y me dieron ganas de seguir conduciendo por todo el pueblo, vigilando el sueño tranquilo de los otros, como si estuviera en mi mano ese interruptor, capaz de eliminar durante unas horas las angustias y las prisas de mis vecinos.

Creo que yo hubiese sido un sereno estupendo...

18 comentarios:

El niño desgraciaíto dijo...

Tienes razón. A mí a veces me toca trabajar por la noche y vuelvo a acostarme a las 5 de la mañana o así y hay una tranquilidad especial que es cierto que relaja mucho.

Respecto a lo del mar... puede que tengas razón. A mí me gusta mucho, pero a lo mejor para dormir no es lo mejor. Ahora mismo estoy despierto porque me he desvelado y el ruido de la lluvia no me ha dejado volver a dormir.

NáN dijo...

Pasear por calles en silencio es fantástico. Pero lo que dices del mar, a mí no me pasa. Viví un par de meses en una casa encaramada sobre el mar (de haber querido, habría podido pescar desde la terraza) y el sonido del mar era el mejor arrullo.

Diva Gando dijo...

La quietud de la noche. El silencio. La luna serena y los grillos cantando... En verano mejor que en invierno la verdad.

Anniehall dijo...

Pues yo soy miedica y la noche en la ciudad me da miedo.

Me alegro de que difrutaras tanto de la noche y de la cena.

Alegría. dijo...

Me hace gracia; en mí casi siempre reside la dualidad. Me "medio-explico". El mar me encanta, pero hay veces, que siento eso que has explicado, me acrecienta el desasosiego, y es precisamente por ese rumor incesante de las olas. La mayor de las veces, no es así. Yo he nacido aquí, pero de mí para atrás, hay una rama que es de de la meseta, y ótra que sin serlo, se educó allí, así que supongo, que de ahí me debe venir esa dualidad de la que hablo y siento.
Me encanta pasear; de día, por la tarde y por la noche, y me gusta hacerlo generalmente, en silencio.
El silencio, nivela mis emociones, no las modifica, pero sí las suaviza.
Un abrazo. He pensado en ti, estos días, pero no acertaba a contarte nada suficientemente distraído.

José Antonio Peñas dijo...

Yo en cambio me quedo fascinado cuando estoy frente al mar. Podría tirarme horas y horas viendo romper las olas contra la costa, todas a un ritmo parecido, nunca dos iguales. A mi chica le parece que se me va demasiado la mente en esos momentos y procura devolverme al mundo al cabo de un ratito. Dice que parezco uno de esos japoneses que se quedan ensimismados contemplando un jardín de arena.

La noche me relaja pero de otra forma: es por la sensación de estar haciendo algo incorrecto, a esa hora tendría que estar durmiendo, pero estoy despierto y moviéndome por las calles, y me gusta estar haciendo lo que no debo.

Teresa, la de la ventana dijo...

Creo que a mí me agobia más la idea de que no puedo parar su sonido que el propio ruido del mar, Niño. Porque la lluvia no me molesta, será porque sé que, en un momento dado, parará.

Pues no sé qué decirte, Diva, en invierno y en el coche aún es más fuerte el contraste, te sientes más a salvo en tu burbuja calentita y segura, también tiene su aquel.

Es que mi ciudad es pequeña, Annie, y bastante segura. Además la otra noche iba en coche, aunque hace algún tiempo me quedé tirada con él y cuando volvía de dejarlo en la puerta del taller con la grúa hice casi el mismo trayecto de ayer andando y fue increíble. Era como una ciudad fantasma, pero en el mejor de los sentidos, algo vivo, aunque latente, no sé explicarme, pero fue muy curioso y te juro que se me olvidó la movida del coche, la grúa y lo demás. Madrid es otra historia, a mí también me acojonarían ciertas calles a ciertas horas, no te creas que soy una temeraria, para nada...

Ya ves, Alegría, la cosa genética pesa más de lo que creemos.

Es que tú eres un transgresor, Peñas...

Peque dijo...

La noche, yo siempre he sido ave nocturna, es que además es nuy difícil que aparezca alguien y te estropee el momento.
Un besito.

not only ice creams dijo...

yo soy bastante nocturna... nunca me acuesto antes de la 1, y tu foto captura perfectamente la esencia de lo que la noche es

Teresa, la de la ventana dijo...

La foto no es mía, Ice, pero si intenté conseguir el clima nocturno del que hablo, estupendo, ¿no?

Bienvenida.

Doctora Anchoa dijo...

Me encanta pasear de noche. Yo sí soy nocturna, y además me gusta mucho salir a cenar. Aunque nunca es completamente en silencio, porque eso en mi ciudad es imposible, me gusta mucho la vuelta a casa por las calles mucho más tranquilas y silenciosas que lo habitual.

Peque dijo...

Pasaba por aquí.

el chico de la consuelo dijo...

Le damos un gallifante al comentario de Peñas y me sumo. Me gustaría que fuera una opción lo de ser ave noctambula.Casi no duermo.No entiendo el dia de otra manera que trasnochando.

Anniehall dijo...

Yo también pasaba por aquí. Pasaba por aquí, pasaba por aquí ningún teléfono cerca y no lo pude resistir...

Peque dijo...

Un día nuevo, a cogerlo por los cuernos y a exprimirlo al máximo. Un abrazo.

Teresa, la de la ventana dijo...

A mí me encanta dormir, Chico. Quizás por eso, por lo excepcional de estar despierta a esas horas, lo valoro más.

Hola, Annie.

¿Y si no tiene apenas jugo, Peque? Es cansado apretar y apretar, y descubrir que no sacas gran cosa...

Peque dijo...

Mientras salga algo, hay que apretar, pero tú ya lo sabes.

Alegría. dijo...

Sólo vengo a dejarte un beso y un poco de calor, que por allí, debe refrescar ya.
Un beso.