lunes, 4 de octubre de 2010

Retomando el camino

Alguien dijo, creo que Lampedusa en "El Gatopardo", que a veces es necesario que todo cambie para que todo siga siendo igual. El se refería a la política, pero creo que es una gran verdad a todos los niveles. Hay ocasiones en las que hay que pegar un volantazo violento para evitar salirte de la carretera, y volver al camino inicial. El sobresalto y el susto no te lo quita nadie, pero tienen su utilidad: sirven para hacerte parar, aunque sea bruscamente, y que recapacites. Y que retomes la dirección correcta. Un frenazo en seco que puede descalabrarte si te pilla un poco distraído, pero también salvarte la vida. El dolor del chichón hará que te tomes tu tiempo, y reflexiones, dejando de un lado la inercia del día a día, por la que es tan fácil dejarse arrastrar, por la que se dan tantas cosas por hechas. Una pausa obligada que puede convertirse en la ocasión perfecta para analizar cómo es posible que hayas llegado hasta ahí. Y para actuar. Y retomar el sendero, ése que hizo que te pusieras en marcha. Por el que un día decidiste empezar a andar.

Puede que te duela un poco la cabeza al principio, pero no te importe, ya se te pasará. En cuanto reconozcas las piedras del antiguo camino y vuelvas a disfrutar de su paisaje. 

11 comentarios:

Anniehall dijo...

Pues sí. Yo desde mi reciente cambio me siento con más fuerzas para sobrellevar la rutina.

Teresa, la de la ventana dijo...

Seguro que estás guapísima, Annie...
;-)

Anniehall dijo...

Ay, no lo decía buscando (más) halagos pero gracias. Lo decía porque estos cambios tan tontos me suelen dar fuerzas.

Doctora Anchoa dijo...

Creo que esos frenazos son más que necesarios, cuando uno no es feliz y especialmente cuando lo eres. De otra manera, corremos el riesgo de que la inercia nos siga llevando donde no queremos ir, o que nos acostumbremos a ella y nos impida disfrutar el viaje.

Teresa, la de la ventana dijo...

Hasta el cambio más pequeñito tiene su sentido, Annie...

Totalmente de acuerdo, Doctora.

NáN dijo...

El aspecto político, que sí es de Lampedusa, está claro: el poder verdadero cambia para seguir teniéndolo. Hoy demócrata, mañana financio una dictadura.

Pero no tiene que ver con el meollo de lo que cuentas. Una cosa es verse metido en una turbulencia: mal momento para cambiar. La sabiduría sabia del pueblo dice: en tiempos de mudanza, se recomienda templanza.

Otra, muy distinta, que creo es a la que te refieres, es provocar uno mismo el shock catártico. Cuando el río te lleva y te lleva, y no te gusta ni el paisaje, ni la temperatura del agua, ni su limpidez, hay que nadar fuerte para tomar una desviación.

Todo, menos seguir dejándote llevar por una corriente que te quita las ganas de vivir.

Cómo sois las chicas, siempre llamándoos guapas. A mí me da corte decirlo.

Teresa, la de la ventana dijo...

Pues no, NáN. Nada de crisis ni turbulencias. Ni tampoco a pegar puñetazos sobre la mesa y decir "Hasta aquí hemos llegado". Hablo de cuando todo parece ir sobre ruedas, pero no te das cuenta de que te has salido del camino inicial. Y decides cambiarlo, para que todo siga igual... que al principio. Pero eso es justamente lo que digo en el post... ahora que lo pienso.

Vicent dijo...

A veces esos senderos que seguiste en el inicio de tu andadura llevan tanto tiempo abandonados que resulta muy complicado encontrarlos cuando los buscas.
O simplemente imposible.

Teresa, la de la ventana dijo...

El camino se hace al andar, Vicent. Quizás sólo sea cuestión de volver a poner un pie detrás de otro para que la maleza desaparezca...

NáN dijo...

Bueno, salvo las formas de hacerlo (con puñetazos o suavidad), el fondo sigue siendo el mismo: alguien que se da cuenta de que se había salido del camino; es decir, que la corriente del río la lleva por donde no quiere.

Y eso requiere coraje y voluntad.

Teresa, la de la ventana dijo...

Completamente de acuerdo, NáN.