sábado, 6 de noviembre de 2010

Por qué no creo


Hace mucho que Dios me decepcionó tanto que él y yo dejamos de tener relación alguna. Desde entonces, yo le ignoro exactamente igual que él hace conmigo, no me acuerdo de él para nada, de la misma manera que él parece haberse olvidado de mí por completo. Es decir, nos tratamos de igual a igual. Lo que no quita para que me dé mucha envidia la gente que es capaz de creer en él. Debe ser bonito confiar plenamente, saberte en las manos seguras de algo más fuerte que todo, poder relajarte en los malos momentos sabiendo que todo irá bien por el simple hecho de que alguien tiene el poder absoluto de hacer que todo funcione. Algo parecido a lo que eran los padres en los primeros años, seres todopoderosos capaces de todo por ti. Me gustaría tener esa capacidad para asumir que si ese ser superior, también padre, no actúa teniendo todas las cartas y las reglas del juego en su mano, es por alguna razón increíblemente poderosa. Formar parte de ese mecanismo reconfortante tan a largo plazo como para pensar que lo mejor empieza después, de esa gente que encuentra cobijo en las iglesias una vez a la semana, y se reúne con otras personas igual que ellos, con las que comparten fe y esperanzas. O lanzarme a hacer el camino de Santiago con ese espíritu religioso original que movía a gente a lo largo de muchos kilómetros. Pero sé que no puede ser. He probado a buscarle razones a la sinrazón, pero no las encuentro. Por desgracia, soy una persona que necesita entender las cosas. Las causas y los efectos. Los motivos y las consecuencias. Y creo que Dios, demasiadas veces, actúa sin lógica. Juega con sus criaturas. Nos pone a prueba. Nos lleva al límite en pulsos absurdos en las que siempre tiene las de ganar. Estira la goma hasta que se rompe. Y lo hace pudiendo hacer posible que las cosas vayan bien, y eso es algo que nunca entenderé. Supongo que me falta la fe necesaria. O la capacidad de sufrimiento suficiente. 

O será que nunca me han gustado los que abusan de su poder. 

28 comentarios:

Anniehall dijo...

Pues yo a veces los envidio pero no siempre.

Fàtima T. dijo...

Me pasa igual que a ti. Hace poco hablé de algo parecido en mi blog. A Dios lo siento lejos, aunque recibí educación religiosa porque allá por los sesenta se estilaba eso, mandar a las niñas a un colegio de monjas y a los niños a uno de curas aunque los padres no fueran religiosos. En el fondo, debo agradecer a mis maestras el haberme hecho abrir los ojos.

Besos.

Teresa, la de la ventana dijo...

Yo envidio la capacidad de pertenencia a algo, Annie, y también eso de tener a qué agarrarse cuando estás desesperado. O mejor dicho, no desesperarse nunca del todo, total, lo mejor está por llegar, cuando te mueras...

Exacto, Fàtima. Yo también fui a colegio de monjas, me bautizaron e hice la comunión. Confirmarme, ya no me confirmé, ya empezaba a ver que las cosas no me cuadraban bien. Y aunque ahora mis relaciones con la divinidad sean como son, o sea, inexistentes, me alegro de la cultura religiosa que supuso mi crianza en esa creencia.

Alegría. dijo...

"... de esa gente que encuentra cobijo en las iglesias una vez a la semana, y se reúne con otras personas igual que ellos, con las que comparten fe y esperanzas." Tengo algunas asignaturas pendientes en el modo de vivir mi fe. No siempre encuentro ese cobijo, una vez a la semana, ni en los malos momentos, siempre he pensado que todo ha ido bien.Me he enfadado, no he comprendido, me he incluso rebelado, pero no puedo negarme a mí misma, que a pesar de todo, creo, y siento que hay otra vida, aparte de la que conocemos. Supongo que mi fe, es "más de andar por casa". No intento transmitirlo, ni esconderlo. Creo que es algo que debe úno sentir dentro, a pesar de...
A mí me gusta cómo eres (lo poco que sé) y me da igual que creas o no, me da igual lo que nos diferencia, lo que no compartimos, porque a pesar de todo... en la distancia, casi sin conocernos, me compensa... con creces.
Un beso.

Teresa, la de la ventana dijo...

Pues verás, Alegría, una de las pocas cosas que echo de menos de aquella época en la que mis relaciones con la divinidad eran más cordiales, es precisamente el tener que ir a misa los domingos. Era un pretexto para moverse, para vestirse bien, para encontrarse. Algo que echo mucho de menos ahora. Detalles pequeños, ya ves, pero que encierran más de lo que parece...

Carmen dijo...

Quizás (solo quizás), no es que no creas en él, es que estás enfadada con él. Y son dos cosas muy distintas, piénsalo. Una cosa es quién reparte las cartas y otra quién las juega, él no va a resolvernos lo que debemos resolver nosotros mismos. De todos modos, tú tienes que seguir jugando las cartas, porque levantarse de la mesa no es una opción genial. Es verdad que a veces el croupier nos da malas cartas - y a veces es incomprensible cómo reparte el juego -, pero hay que jugar cada mano, con inteligencia, con amor y sin trampas. Y para mí, eso es la fe: comprender que él no es el culpable, y que siempre habrá un nuevo reparto. Pasaba por aquí, y esto es lo que he pensado al leerte. Eso y que vale la pena distinguir entre el mensaje de Cristo, la fe en Dios y el rito de la Iglesia. Por ahí también puedes encontrar un buen camino. Un abrazo. PS soy laica, no practicante en absoluto y de fe tirando a débil, aunque creo que el mensaje de Cristo - 2000 años después -, tiene más vigencia que nunca.

Bernardinas dijo...

Dios es un consuelo y un motivo, las dos cosas que instintivamente echamos de menos por nuestra condición retrospectiva (consuelo) y prospectiva (motivo). El problema es que uno no cree en Dios pero no deja de considerar útiles sus métodos. La iglesia ha hecho pasar por sacrificio lo que no es más que una ética profiláctica. Leyendo a Séneca uno ya tiene un buen catálogo de obras piadosas no para ganarse el cielo sino la tranquilidad, y los cristianos adaptaron del estoicismo todo aquello que les sirviera para rellenar los ideales de consuelo y de motivación. Si te fijas, Teresa, echamos de menos la liturgia, pero nos parece absurdo su significado. Pero esa liturgia de la paz de espíritu no es exclusiva de las religiones. No nació de Dios sino de la filosofía. Hay también una liturgia estoica, una sensación de manos limpias, de orden y resignación, que no tiene nada que ver con Dios, antes bien lo niega, lo relativiza.
Joder qué rollo. Perdona, Teresa. Tan solo quería decir que la idea de Dios no es una aspiración humana sino una identificación arbitraria y gratuita de sus instintos, de su afán de sosiego y satisfacción, y para eso siempre hay métodos alternativos. Con esto tampoco desautorizo nada. Dios es un método para quitarse de en medio las contradicciones, y la gente que tiene fe ha escogido un método, del mismo modo que yo me paso la vida leyendo historias falsas que me producen consuelo y confianza y me enseñan a conocer a mis semejantes y, en cierto modo, a comprenderlos. ¿Qué diferencia hay?

Reyes dijo...

Querida Teresa , desde el respeto por lo que ya sabes, debo decirte que no me parece muy sano que estés enfadada con Dios.
Y que conste que yo también lo estaría ,si creyera que es Dios el que manda las cosas y nos pone a prueba; decir eso es tanto como creer en el porque estás dando por sentado que EXISTE , aunque sea para joder; pero intenta verlo desde otro punto de vista ; yo no creo ni puedo creer que Dios juegue a nada ni que tenga poder absoluto y esté en las alturas en un columpio como el de Heidi mirando cómo nos retorcemos de dolor .Tampoco en un sádico malévolo que nos parte el alma con enfermedades y guerras , o que siempre sabe "por qué " hace las cosas , aquello de los caminos inescrutables , los renglones torcidos y no sé qué más.(Saramago lo cuenta muy bien en "Caín " , que hasta te ríes y todo ).
Un Dios así no tiene sentido ni puede existir.
Debe ser lo que sea una especie de luz creadora ajena al mal que hacen los hombres , ajena a la enfermedad y al destino .
Yo antes era fatalista , pero fue por mi educación judeocristiana .
Ahora ya sé que Dios , si está , está en ti y en mí , pero no tiene la culpa de nada de lo malo que nos pasa.
...
Ya sé que no te ayudo, pero no me gusta verte así .
Y es lo que pienso , y lo que siento cada día.
Te mando un abrazo .

Teresa, la de la ventana dijo...

Precisamente eso, Carmen, que siendo todopoderoso nos deje a merced del azar, me parece terrible, y por supuesto que me enfada. No es justo. Y un dios padre con poderes no deja cabos sueltos al azar. El amor por sus hijos se lo impediría. Sí, tienes razón, estoy enfadada con él. Con su pasividad. Con su manera de mirar ciertas injusticias y no hacer nada. Y no, no hay segundo reparto. La vida no tiene un ensayo general, sólo hay una función. Eso es todo.

Supongo que el problema surge cuando intento entender, y no me cuadra, Antonio. Ahí se me cae todo, y aunque quiera creer, incluso en plan egoista y utilitario, no me sirve. Y termino enfadándome, como dice Carmen. Y asumiendo que estoy sola ante una partida única, en la que mis méritos no sirven de nada. Porque estoy a merced de un azar ingobernable. Ni siquiera por Dios. O peor aún, por un Dios pasivo, que mira lo que ocurre sin intervenir.

Teresa, la de la ventana dijo...

Claro, Reyes, hablo del Dios judeocristiano, por supuesto, el que me enseñaron desde que me bautizaron y los diez años de colegio de monjas. Ese es el que me defraudó. No otro. Y ese lo veía todo, y lo podía todo, y se enteraba hasta de si decías una palabrota.

Pero te equivocas si piensas que mis rencillas con Dios vienen por la enfermedad de mi marido. No. Vienen de mucho más atrás. Como decía antes, no llegué a confirmarme. Así que te hablo de unos veinticinco años atrás.

El niño desgraciaíto dijo...

Yo soy ateo. No puedo entender, al igual que tú, el hecho de ser una especie de probeta o capricho en un mundo minúsculo del universo. Es posible que sea porque de tanto decirnos que creó al hombre a su imagen y semejanza nos imaginamos a alguien ahí que tiene nuestros mismos entendimientos y podría tener nuestras mismas debilidades. Yo no puedo creer en un Dios racional ni pensante.

Respecto al consuelo que da el tener fe te diré que, tal y como dice la Iglesia, la fe es un don de Dios o te la da, o no te la da.

Cualquier explicación trascendente de la vida y de una mejor vida futura da ánimos y esperanza a mucha gente, pero a mí no me sirve, aunque hay veces que envidio el poder pensar que los que se van van a un mundo mejor.

Ánimo y un abrazo. (vaya rollo que he soltado!)

Alegría. dijo...

"...vale la pena distinguir entre el mensaje de Cristo, la fe en Dios y el rito de la Iglesia. Por ahí también puedes encontrar un buen camino... PS soy laica, no practicante en absoluto y de fe tirando a débil, aunque creo que el mensaje de Cristo - 2000 años después -, tiene más vigencia que nunca." Cito a Carmen, porque me he sentido plenamente identificada con este fragmento de su comentario.
Quizá, y sólo quizá, no es un pensamiento contrastado, haya que dejar de mantener la parte más racional, en algunos momentos si se desea lograrlo... Así es cómo lo siento, pero posiblemente, sólo me sirva a mí... Esto es muy íntimo.
Un beso de buenos días.

Teresa, la de la ventana dijo...

Por lo que dices, Niño, estamos más o menos en la misma onda. Porque ése es el Dios que nos han vendido siempre, un Dios creador y padre. Por eso es tan decepcionante, porque no se ajusta a lo que debería ser. Otra cosa es la espiritualidad de la que habla Reyes, pero es eso, otra cosa, otra religión seguramente.

Alegría, yo tengo una parte racional y de "Haz a los demás lo que quieras que te hagan a ti" que parece estar reñida con una fe ciega, y necesito un Dios más lógico y coherente que el Dios católico. Pero, la verdad, me da demasiada pereza ponerme a buscar otros dioses en los que creer, por el hecho de que haya tantas posibilidades (y todos y cada uno están convencidos que el suyo es el bueno, como es natural).

Soy un caso perdido, lo sé. Y así me siento, sola, "dejada de la mano de Dios", como se suele decir, ante mi propio destino.

José Antonio Peñas dijo...

Mi madre (creyente) sigue pensando que perdí la fe por culpa de los curas de mi colegio, pero se equivoca: yo no descreí por decepción o conflicto, pese a todo lo que tuve que soportar en mi colegio. En realidad la religión se quedó sin trabajo: un día, sobre los 19 (creo), me di cuenta de que no necesitaba la premisa de Dios por ningún lado, ni para explicar mi mundo ni como justificación ética, así que simplemente lo deseché. Posteriormente fui viendo que en cualquier caso las justificaciones teológicas para la existencia de una divinidad no se sostenían a poco que se analizaran con un mínimo de racionalidad. Como dice Dawkins, el monoteista mata a todos los dioses menos a uno, el ateo simplemente va un paso más allá, y es lógico que lo haga porque el mismo argumento que invalida a Zeus tira por tierra a Jehová.

Mayte dijo...

Igual que tu Teresa, en cuanto me preguntaron la opinión (confirmación), y dejaron otros de decidir por mí (bautizo y comunión), me negué pues a eso, a confirmar una fe que ni acababa de tener, ni acababa de entender, ni ligaba con nada de lo que veía a mi alrededor. Sin embargo, aún hoy, digo que soy una "agnóstica involuntaria" porque, como tú, envidio a veces el consuelo que da pensar que hay una vida después de la muerte o que perteneces a una comunidad que comparte una misma creencia o que lo bueno y lo malo tiene un motivo último que está fuera de nuestro alcance pero que nos será tarde o temprano revelado. Respeto el -supuesto-mensaje de Jesús (tan lejano, por cierto, de la jerarquía eclesiástica actual; sólo hay que ver el despliegue policial, mediático y económico ante la visita del Papa a Barcelona)pero reniego de este Dios ¿misericordioso?, ¿omnipotente? que reparte desgracias o regalos sin criterio. Y si no es él quien los reparte, si no es él quien nos cuida y quien nos protege, quien guía nuestras vidas ¿para qué lo necesitamos? ¿sólo para que nos marque el camino del cielo o el infierno al cabar nuestras vidas?¿sólo para recordarnos que debemos amarnos los unos a los otros? Eso ya nos lo dice, o debería, nuestra conciencia. Coincido palabra por palabra, Teresa, con tu post, en esta tarde post-papal. Gracias una vez más por expresar tan bien lo que muchos sentimos

Peque dijo...

Tema complicado, la cosa es que cada uno crea en lo que le ayude, no en lo que le impongan o en lo que le convenza. Seguramente hay tantos Dioses como personas creyentes. Otra cosa es la cultura que nos ha quedado a muchos españoles.
Un besazo.

Teresa, la de la ventana dijo...

Yo tampoco tengo malos recuerdos del colegio, Peñas, fue más tarde cuando poco a poco se me fue desmantelando la historia y se me cayeron los palos del sombrajo, como se suele decir.

Gracias a ti, Mayte. Esta vez, coincidimos plenamente. ;-)

Afortunadamente, Peque, estamos en un tiempo y en un lugar en el que ya no es obligatorio creer en nada, aunque aún estemos muy determinados todavía por demasiados siglos en los que te jugabas mucho si no comulgabas (nunca mejor dicho) con la religión oficial. Y en el que se puede hablar con claridad de tus dudas y tus decepciones. Una suerte, desde luego.

NáN dijo...

Lo más parecido que encuentro a dios son los chicles de nicotina. Que se supone deberían aliviar el dejar de fumar.

Además, ¿de qué dios hablamos? Porque dios se manifiesta enseguida en religión, que es una trama social. Y si esas tramas son la manifestación de dios, apaga y vámonos.

Claro que creer es gratis y no se puede dar razones a favor o en contra. Los niños creen en el osito de peluche con que duermen.

No diría estas cosas si pensara que ese dio pudiera ser un consuelo para ti, pero no he conocido casos de gente normal, que no dedican su vida entera a dios, que golpeadas por la desgracia han encontrado consuelo.

Anniehall dijo...

Pues yo sí conozco a gente normal que ha encontrado consuelo a tragedias muy gordas, NaN. Por eso a veces, como Teresa, los envidio.

Teresa, la de la ventana dijo...

Ojito, NáN, que, repito, yo no me he puesto ahora, por mis circunstancias, a buscar consuelo en la religión. Sería un uso utilitario y chantajista de ella ("Tú me reconfortas, yo creo), que no me encaja tampoco. Pero, como bien dice Annie, insisto en que envidio mucha de esa paz que la gente creyente tiene, esa alegría de vivir (aunque nos riamos muchas veces de ellos los más escépticos... ¿quién no lo ha hecho de Ned Flanders, por ejemplo?). Y no sólo para los malos momentos, sino para todo.

Doctora Anchoa dijo...

A mí también me da envidia la gente que cree; supongo que es mucho más fácil vivir con ciertas cosas de esa forma. De todas maneras, desde mi punto de vista para eso está la religión (o debería), para hacer la vida más fácil a la gente.

NáN dijo...

Desde luego, conozco a muchas que lo han encontrado en el Prozac. Y a algunas que han encontrado ese consuelo de cara a la galería. Rascas un poco y salta todo.

Me gustaría que fuera de otra forma, pero una falsa esperanza impide hacr frente a la realidad. Y haciendo frente, es más normal que se encuentren fuerzas.

Reconozco que es envidiable. Pertenecer a cualquier grupo que te absuelve y te ampara en su masa, lo es... en principio.

NáN dijo...

Os aconsejo un vistazo a la entrada sobre la ilusión de dios de Jesús Miramón, http://www.lascincoestaciones.blogspot.com/

Anónimo dijo...

Pues.......Yo sí lo siento. Con los años, claro está, no como en la niñez o en la juventud. Mi relación con El pasa por fases. Pero como toda relación humana (yo soy humano, ;-). Pasa del entusiasmo a la rutina de la llanura. Pasa de la rutina a la decepción y luego en los pequeños detalles, como el que describes desde tu ventana acerca de la Misa de los domingos, vuelvo a sincerarme con El.
Desde luego no le echo la culpa de lo malo que me pasa. Tampoco de lo bueno.
En mi caso concreto, es un Otro, probablemente el padre que no tuve porque siempre estaba ausente o el afecto y equilibrio de la madre que tuve muy muy a medias.... No lo sé. Pero no lo culpo. Sólo sé que si el dolor, la pérdida, la carencia, o el desamor tienen la última palabra, entonces no hay esperanza. Y si no hay esperanza entonces este juego en el que andamos entretenidos (el de la vida) es una ilusión muy decepcionante. Y sobre todo, sobre todo, entonces, pese a lo que la razón o la ciencia o el mundo o mis amigos me dicen, entonces decía, estamos muy mal hechos. Y la realidad con nosotros. Y me cuesta mucho más creer que estemos tan mal hechos. Al contrario, pienso que lo mejor siempre está por venir.
Mi experiencia es que no hay nada como la vuelta a casa. Es un lugar seguro. Y pese a la aventura que necesito como el comer, más aún, necesito, un lugar donde volver. Si no...no sé dondé paro. Porque no tengo referencias. Norte, Sur, Este, Oeste.
Una entrada muy buena, Teresa.

P.d. Mi relación con El, no es nada impersonal, ni tampoco, en la Iglesia, en Misa pese a estar rodeado de otros, es una relación "en masa". Más bien lo contrario. Todo lo contrario.

P.d.2: Las menciones a mis orígenes las hago, muy a mi pesar, para mostrar que no vivo, ni he vivido en un mundo de algodón de azúcar. Ni nunca me he creído esos idílicos cuentos...

P.d.3. Pero....me cuesta imaginarme haciendo diez horas de espera en la calle para ver pasar al papamovil diez segundos...¿que le voy a hacer? Mi fé arraiga, precisamente, en saberme vulnerable. Por eso creo.
Creo..;-)

un saludo.

Teresa, la de la ventana dijo...

Creo, NáN, que miramos la religión como algo distinto. Tú insistes en verlo como un medicamento para cuando las cosas van mal, pero creo que es algo que va mucho más allá. Yo no quiero una religión que me solucione los problemas cuando los tengo, ni que a cambio de mi buen comportamiento me recompense, sino, como digo en el post, ese refugio en el que sabes que todo irá bien, ese colchón mullido que recuerdas vagamente porque está muy lejos, allá por tu primera infancia. Lo que debería ser un Dios todopoderoso contrador de lo bueno y lo malo. Que parece no hacer uso de ese poder. El Dios que me enseñaron en el colegio. Que lo ve todo y lo puede todo. Hay gente que consigue mantener eso hasta la edad adulta: me dan envidia.

Sí, Doctora, porque todo es más duro cuando te sientes sola. Y si lo estás, pero tú crees que no, todo es diferente. Más fácil. NáN lo llamaría "efecto placebo". Vale. Pero si funciona, es bueno.

Anónimo, has expuesto de una manera clarísima lo que envidio de vosotros, los que creéis. Esa serenidad de espíritu, ese tener un punto de referencia al que volver, ese saberse parte de algo más grande que uno, pero imposible sin cada uno. Eres un tipo afortunado por ser capaz de vivirlo de ese modo.

Tochi dijo...

A mi siempre me ha sorprendido la gente que cuenta que, teniendo fe, dejó de ternerla tras algún suceso espantoso. Cómo la podía tener antes? La vida es cruel, los buenos no vencen, hay millones de personas que nacen condenadas a una vida de miseria y así mueren, las enfermedades y las desgracias no distinguen entre quien las merece y quien no, las oraciones no son escuchadas, y si lo son, no lo son todas, lo que lo hace aún más injusto, Dios aprieta y además ahoga. No entiendo cómo una fe que se sostenía ante tanto dolor puede caer cuando el dolor te toca a ti de cerca.
Y sin embargo yo creo que la vida tiene un sentido, que hay algo más, que los seres humanos no somos solamente un puñado de células muy bien diseñado, que el amor no puede ser sólo una reacción química, que una persona no deja de existir en el momento en que muere... en resumen, que hay un Dios. Un Dios al que no entiendo ni intento entender. Y cuando digo "creo" quiero decir que "lo sé" pero no lo puedo demostrar, que lo siento con la misma certeza con que sé que quiero a mis hijos y que soy querida por unas cuantas personas. Y además creo que ese Dios es bueno... y si no existe Dios, y en el momento de morir tengo un instante de lucidez que me hace darme cuenta de que todo era mentira, tampoco me importará mucho haber vivido equivocada, la verdad.

Teresa, la de la ventana dijo...

Estoy contigo, Tochi. Si a ti te sirve, si como dices, lo sabes, es más que suficiente.

Rojo dijo...

Tere, ese post tuyo lo podría haber firmado yo perfectamente. No sabes cómo me identifico. Un beso y abrazo.