miércoles, 29 de diciembre de 2010

La vida sigue


Esta primera Navidad sin él está siendo extrañamente normal, y lo cierto es que me sorprende y al mismo tiempo ahora, a toro pasado, le veo incluso cierta lógica. Por supuesto que se le echa de menos,  yo continuamente,  porque no hay rincón de este sitio, ni calle, ni siquiera un sofá en el que antes de ahora yo haya estado sin él, pero curiosamente no hay tristeza, o más bien el sentimiento de ausencia definitiva que podría ensombrecerlo todo se diluye en muchas partes de alegría y cariño, de armonía y ganas de estar juntos. Todo es como siempre, el mismo buen ambiente, las mismas sonrisas, el mismo frío fuera, las mismas calles heladas, sólo que ahora él no conduce nuestro coche, y yo tengo que acoplarme en los de los demás para desplazarme. Ahora duermo sola en el sofá cama que compartíamos. Ahora me toca hablar mucho más, y no puedo ni pensar en español, salvo los ratitos que entro aquí y hago un poco de descompresión lingüística.  Porque yo ahora soy la mesa coja, el número impar, pero no desentono demasiado. Más bien al contrario: es como si al no estar él, yo brillara por primera vez con luz propia. Una luz que puede ser más o menos intensa, pero me pertenece. Quizás sea así, que brille por encima de mi pena y lo mucho que le echo en falta, porque es una luz que encontré a su lado, y en cierto modo,  a través de mí nos le recuerda a todos. Creo que mientras yo siga viniendo, llamando, estando presente en sus vidas, para ellos, para su familia, él no se habrá ido del todo. Año tras año, yo me fui convirtiendo en algo unido e inseparable de él. Y ahora los papeles se han invertido. Puede que sea la clave para que todo esté siendo tan fácil y tan poco triste, después de todo. 

De lo que no tengo ninguna duda es de que si él nos hubiese estado observando hoy o cualquiera de estos días desde un agujerito, estaría sonriendo, contento de que no me dejara abatir y  encantado de que decidiera venir estos días, comprobando que, tal y como él siempre quiso que hiciera, no voy a romper el hilo que me une a toda esta gente. Porque me quieren. Y yo a ellos.

12 comentarios:

El niño desgraciaíto dijo...

Me alegro un motón. Por supuesto que gran parte de él está en ti y gran parte de ti en él y lo más importante, gran parte de vosotros está en ti. Feliz año nuevo.

Mayte dijo...

Tú lo has dicho: el sigue viviendo en ti y, a través de ti, también en los otros. Un post precioso, como de costumbre. Un beso, Teresa.

coro dijo...

Pues me alegra saberlo, encontrar armonía en estos momentos parece la receta más eficaz para seguir adelante, y cariño, y mil cosas más, claro, en fin, que tengas un buen año nuevo. Un fuerte abrazo.

A filla do mar dijo...

Qué bonito, Teresa.

Me alegro mucho.

Un beso enorme y Feliz Año Nuevo.

el chico de la consuelo dijo...

Bueno... solo una abrazucho fin de año.

Rojo dijo...

Eres absolutamente genial.

Anónimo dijo...

Feliz Año Nuevo Teresa.
Un besote.

Dejavu

Portorosa dijo...

Un beso, Teresa, y que este año que empezamos sea bueno para ti, que parece que estás siendo capaz de hacer todo esto tan bien.

Me alegro de que te sientas así. Un abrazo.

Miguel Baquero dijo...

Sin duda estaría orgulloso de que siguieras manteniendo este hilo con la gente que te queremos y admiramos. Un abrazo de corazón.

Peque dijo...

¿para cuando una receta?. Un abrazo

Sila dijo...

Entiendo lo que expresas, Teresa. Así, tal como dices me sentí yo después de morir mi madre. Pensé que yo era un bicho raro por no sentir tristeza. Pero es que no les hemos perdido, les llevamos tan en nuestro ser, que somos por así decirlo, felices. Todo lo que pueda pensar de ella es tan positivo, tan gratificante que, aun me sigue aportando y lo hará hasta el último momento de mi existencia. A veces siento la falta de su presencia física, pero son las mínimas, ya que lo que ella me daba incondicionalmente aun lo tengo, y es su amor.

Me alegra que te encuentres en este estado.
Un fuerte abrazo, sila

NáN dijo...

Y bulle. En lo peor y en lo mejor. En lo más alegre y en lo más triste: bulle.

Un gran abrazo