lunes, 24 de enero de 2011

Cuando venga el cartero...


Aún sigo abriendo el buzón (el de metal, ése que está a la entrada del portal) con el corazón alborotado, impaciente, después de adivinar, mirando por la rendija, que hoy sí ha dejado algo el cartero. Y eso que ya no espero nada que no sea correspondencia comercial o bancaria. Sabiendo que no habrá cartas, ni postales, ni nada que no venga de una compañía suministradora o de un banco, no puedo evitar cierto nerviosismo y un cruzar los dedos mentalmente para que haya algo más. Pero no suele funcionar. Atrás quedaron los tiempos en los que esperaba con ansia cartas de mi amiga Emmanuelle, una francesa que me adjudicaron erróneamente en el colegio cuando lo que yo quería era alguien con quien escribirme en inglés. O las de aquel corresponsal fantasma que un día se coló en mi buzón por mediación de una amiga común, y que terminó desapareciendo de manera igual de brusca, después de dejar en el camino un intercambio de cartas largas y densas entre Londres y Madrid. Algo de eso llega todavía, pero poco, tan poco que quizás por eso, por lo excepcional, hace que lo eche más de menos. Recuerdo con nostalgia ese trasiego de papel y sobres, de sellos de correos y buzones amarillos. Hacer la carta a sucio y luego pasarla a limpio, en un papel bonito, con el bolígrafo adecuado, sin torcerme. Sigo escribiendo, claro está, y recibiendo e-mails, pero no es lo mismo. Y no sólo por el medio. El mensaje también ha cambiado. Quizás porque las cartas de papel necesitaban mucho más tiempo y ganas que los correos electrónicos. O porque sabías que ese papel lo habían tocado las manos de la otra persona. A veces hasta olía a ella. Incluso podías adivinar las prisas por terminar pronto en una letra apresurada y ligera, o el ímpetu que había puesto al escribirla por la presión suicida del bolígrafo casi atravesando el papel. Detalles nimios, o sea, los más importantes, los que se quedan en la memoria y vuelven frescos y vivos cuando menos te lo esperas, sin necesidad de llamarlos. 

Echo de menos esas cartas. Aunque quizás lo único que me pase sea que, lo que realmente añoro, es lo que me unía a las personas cuyos nombres venían en el remite.

14 comentarios:

coro dijo...

De vuelta, qué bien. El año pasado con un grupo de gente, que no nos conocíamos en persona, nos mandamos unas postales por navidad y yo que al principio iba con algo de escepticismo, terminé por reconocer el papel del papel, del formato papel claro, las distintas letras, dedicar tiempo a pensar sólo en una persona y en qué le contarás, en fin, que fue muy interesante. Buenos días, por cierto.

Mayte dijo...

Y luego estaba la gente que te respondía immediatamente y las que se tomaban su tiempo para preparar la respuesta. Sí, es verdad, Teresa, esa impaciencia, esa mirada diaria al buzón se ha perdido. Yo aún conservo cartas que me escribieron a los trece, incluso alguna de cuando tenía nueve o diez años. Dudo mucho, en cambio que conserve algún e-mail de más de tres años. Los tiempos y las costumbres que cambian, no siempre a mejor.

Por cierto, qué alegria volver a leerte.

Alice se perdió dijo...

Tengo guardadas todas las cartas personales que he recibido a lo largo de mi vida, incluso los borradores de las importantes que yo enviaba. Son papeles con alma, con lágrimas, con amor...

Ahora, a lo sumo, recibo una tarjeta de navidad manuscrita, o ya ni eso...

Pero el recuerdo de hacer y recibir cartas es casi tan bello como las cartas en sí, y para muestra, tu hermoso post.

Tu ventana sigue abierta al mundo, y eso es un alivio para los que estamos al otro lado.

Un beso muy fuerte, Teresa.

Teresa, la de la ventana dijo...

Son cosas irreversiblemente perdidas para siempre, supongo que como los coches de caballos o el lenguaje de los abanicos.

Pero mola haberlo conocido.

NáN dijo...

Mi madre dedicaba 2 o 3 horas todas las mañanas a leer y escribir cartas. Era su ventana al mundo. La inmediatez, que tiene mucho de bueno, termina por preferir lo rápido y superficial. Pero si nos esforzamos, al menos algunas veces podemos evitarlo.

José Luis Ríos dijo...

Hola, Teresa. Me alegro de verte en marcha otra vez.

Un saludo

el chico de la consuelo dijo...

Doy saltos y aplaudo con las orejas!!!!!
La Tere otra vez con nostros con formato superdisain de la muerte!!!!!

Y encima taba yo mosqui, sabrá enfadao de verdad por habermela olividao en las contestaciones a los comentarios de mi blog???

Me encantaba escribir cartas larguíiiisimas a mis candidatas con mis filosofias baratas y si tenían alguna duda se las disipaba de golpe y me daban una patada en el culo por pesao.

Bueno muaks a puñaos

Teresa, la de la ventana dijo...

Por supuesto, Chico, estoy más que ofendida, dolida: no es plato de gusto que la excluyan a una de la panda.

Muy afectado no deberías estar si no se te ha ocurrido pedirme explicaciones por correo...

Teresa, la de la ventana dijo...

Es un esfuerzo inútil, NáN. ¿A santo de qué vas a escribir una carta a alguien a quien puedes mandar un sms o escribir un correo electrónico que, seguramente, te contestará en el mismo día? Igual que tampoco vas a iluminarte con velas, teniendo la llave de la luz a mano, por muy bonito que quede. Al final, te resultará más cómodo dar la luz, por muy prosaico que sea.

José Antonio Peñas dijo...

No lo había pensado, pero es cierto que echo de menos las cartas. Todos los años recibo una tarjeta de mi tío R por navidades y ya está, ése es todo el correo real que llega a mi buzón.

Mi última fiebre epistolar fue allá a primeros de los 90, y desde entonces poca cosa, alguna nota de trabajo y poco más. A lo mejor por eso me animé a escribir en la red, por aquello de matar el gusanillo.

Carmen dijo...

¡Hola, Teresa
Se me había vd. "perdido", pero ya la he encontrado otra vez.
Me alegro. Me gusta mucho el nuevo diseño, muy acertado en todo.

PilarB dijo...

Yo hablo con mi hermana (que vive a 1 hora en coche) por teléfono una media de 2 veces al día, pero de vez en cuando en mi buzón hay una carta de ella: para mi o para mi hijo simplemente para decirnos que nos quiere, que está orgullosa de él...Suelen ser muy cortas (lo tenemos hablado todo por tfno.) pero cuando abro el buzón y veo su letra se me queda la sonrisa boba para el resto del día.
Me alegro de volver a leerte Teresa

el chico de la consuelo dijo...

Protesto,protesto y vuelvo a protestar y me tiro al suelo y hago una pataleta.
No te excluí de nigun grupo. El gmail agrupa comentarios con no sé que crirterio y pone a otros solos. Y conteste a unos y me deje a otros.

Y ahora lloro.Hala.
Por fi sé mi amiga otra vez vengaaaaaaa!

Teresa, la de la ventana dijo...

Jajaja... Anda, va. Te ajunto otra vez.