martes, 8 de febrero de 2011

14.00: La Isla del Tesoro


La primera vez, como muy bien ella observó y hoy me ha comentado, mi cabeza estaba en otra parte, y aunque disfruté de la comida y del encuentro, no pude hacerlo plenamente. Aunque sí lo bastante como para darme cuenta de que había merecido la pena probar, atreverse a dar el salto y ver cómo la persona física completaba a la que lo que escribía dejaba adivinar. Ese es un riesgo que siempre se corre cuando se decide superponer ambas siluetas. Porque pocas veces encajan de manera perfecta. Y sin embargo, a veces pasa. Y no sólo ocurre el milagro de la ausencia de cortocircuitos al unir los dos cables, sino que incluso se hace la luz, y es una luz bonita, cálida, bajo la cual te sientes realmente a gusto, y no ves el tiempo correr. Así fue aquella vez, hace más de un año. Y así ha sido de nuevo. Dicen que la calidad de una amistad se mide, entre otros baremos, dejando pasar mucho tiempo desde el último encuentro y comprobando que la conversación fluye como si las dos personas se hubiesen visto el día antes. Si es así, creo que hay bastantes posibilidades de que seamos amigas el resto de nuestras vidas.

5 comentarios:

Bo Peep dijo...

Lo seremos!
Y mil gracias por este maravilloso post!

Teresa, la de la ventana dijo...

Gracias a ti.

Rojo dijo...

La Isla del Tesoro de Malasaña? Mola :)

Carmen dijo...

La calidad de una amistad, en efecto, es exactamente eso.

Teresa, la de la ventana dijo...

Sí, Rojillo. Mola mucho.

Es un buen termómetro, sí, Carmen.