jueves, 24 de febrero de 2011

Autoplagio

Hoy me he sorprendido actuando igual que el personaje de un relato mío que escribí hace veinte años. Pero no ha sido un acto consciente, evidentemente, si no, no me hubiese chocado tanto. Ni me hubiese dado un poquito de cosa, cierto yuyu al darme cuenta del paralelismo. Por suerte, el protagonista de aquella historia no era un asesino en serie, ni una borracha desesperada que se jugaba todo su patrimonio en las tragaperras del bar de la esquina. Este chico, el de mi cuento, elegía el lugar donde emigraría y se establecería el resto de su vida apuntando los nombres de todos los países del mundo en papelitos y sacando al azar uno de ellos. Y yo hoy he hecho lo mismo. No porque quiera mudarme, para nada, mis motivos eran mucho menos trascendentales: me veía incapaz de elegir el siguiente libro que leer. Mi balda de "libros pendientes" está cada día más llena, y sin embargo, hoy me he quedado cinco minutos de reloj mirándolos sin ser capaz de decidir por cual me apetecía empezar, porque todos me llamaban con la misma intensidad. Podría haber cerrado los ojos, y señalar al tun-tun. O hacer el "Pinto, pinto, gorgorito...", pero no. Vaya usted a saber qué parte de mi cerebro, sin pedirme permiso, se ha remontado a aquella historia que escribí en mis años de facultad y me he robado la idea a mí misma.

Y es que yo tengo un problema. No es serio, pero reconozco que raro sí que es. Siempre que entro en una librería, más que las novedades o las colecciones primorosamente colocadas por orden alfabético,  me gusta escarbar en los lotes de libros baratos, es algo que siempre me ha encantado, una afición que empezó obligada por la precariedad monetaria de mi adolescencia, y posteriormente fue alimentada por el éxito de mis elecciones. Algunos de los libros que más quiero han salido de ahí. De montones de basura en los que mi buen ojo, o mi buena suerte, vaya usted a saber, han sabido encontrar pequeñas joyas. Recuperando del naufragio historias que quizás no tuvieron suerte en el mercado, pero que terminaron encontrando en mí (y en algún otro lector amigo, al que regalé también un ejemplar...) un hogar cálido, donde permanecen a salvo, y donde son releídos con cariño y entusiasmo cada cierto tiempo. No siempre es así, claro está, la flauta no suena todos los días, ojalá. Ha habido muchísimos ejemplares que terminaron en la selva del Bookcrossing, pero incluso si tuviera que tirar a la basura nueve libros por uno que me ha gustado, seguiría saliendo ganando.

En los últimos meses, a raíz de descubrir una tienda en la que venden libros a un euro, he ido acumulando unos cuantos. Y, como me pasa tan a menudo en la biblioteca, me he sentido abrumada, incapaz de elegir, queriendo abarcarlo todo sin saber por dónde empezar, porque todos los he ido comprando con las mismas ganas. Así que en un intento de salir de ese bloqueo tan tonto, he cogido un folio y me he puesto a cortarlo en cuadraditos con las tijeras. He escrito los títulos, y los he doblado todos muy cuidadosamente, para que todos fueran idénticos. Los he metido en una lata de caramelos vacía, he cerrado los ojos, y he metido la mano. El que ha salido me ha parecido perfecto, así que no he hecho la típica trampa de "Esta no ha valido. Venga, va. La de ahora es la que sí.". Ha sido al rato, cuando ya había empezado a leer el libro elegido (unos diarios de un autor que no conocía, Miguel Sánchez-Ostiz; muy en la onda de los de Andrés Trapiello, por lo que de momento me están gustando bastante...) cuando he recordado súbitamente al protagonista del cuento con el que gané el único premio que he ganado con uno de mis relatos, en la facultad, en mi último año de carrera. El Premio Clarín. 

No sé por qué, la coincidencia me ha dejado un poco desconcertada. Pensativa. Rara. Y, como no podía dormir, he venido aquí a contarlo.

Sigo igual de rara, pero  ahora tengo algo más de sueño... 

14 comentarios:

coro dijo...

Pues qué suerte que no puedas decidirte por uno apetecible porque te apetezcan todos o muchos. Me leí los regalos que había pedido en reyes y ahora sólo me topo mierda tras mierda y me cabrea un mundo. Lo bueno sería encontrar aquí un sitio de libros a un euro y descubrir joyitas.

Teresa, la de la ventana dijo...

Bueno, Coro, también tengo épocas de esas, de asqueo total, en las que nada me apetece. Pero ahora ya ves, ando revolucionada (y como siempre que leo mucho, no soy capaz de escribir gran cosa). Pero bueno, siempre me gustó más leer, así que disfruto del momento, y ya.

Rojo dijo...

Qué bueno! la realidad imita al arte.
Euh, ¿el Premio Clarín no tendrá nada que ver con el diario argentino, no? Es por ver si sales en Google, jeje.
A dormir!

Teresa, la de la ventana dijo...

Jajajja, no Rojo. El Premio Clarin era uno de la Facultad de CC de la Información de la Complutense, algo mucho más de andar por casa. También había el Larra, que era de artículos (y creo gané o quedé finalista, no me acuerdo, hace tanto de eso...). Me temo que no sale en el Google (¡ya lo miré yo antes!)

José Antonio Peñas dijo...

Es que el olor de las librerías de viejo es adictivo: buena parte de mi colección de cifi salió de una que había en la calle renal (la última vez que pasé me pareció que estaba cerrada) y siempre que visito alguna ciudad y me doy un paseo, acabo con las manos mtidas en alguna estantería llena de polvo, buscando algún tesoro con grave riesgo para mis alergias.

Teresa, la de la ventana dijo...

Pero si es que estos libros que yo digo no son de viejo, Peñas. ¡Son nuevecitos! Y cuestan menos que un periódico. Si lo piensas ya no desde el punto de vista de lector-mira-que-chollo, sino desde el del autor que ve su esfuerzo tan tirado de precio, es pelín deprimente...

Maga dijo...

Está publicado tu cuento?
Habría una remota posibilidad de que lo pusieras aquí en alguna ocasión?.
Creo que ya has creado un poco la curiosidad (escribo por mí...). Es que me encantan los cuentos, y este promete!!!
Hace unos días he leido uno precioso: "La grande fabrique des mots"de Agnés de Lestrade, y es I-M-P-E-S-I-O-N-A-N-T-E...
Como me cuesta decidirme, siempre leo varios libros a la vez, más todo lo de la red...,a veces sueño con las palabras!!!.

Teresa, la de la ventana dijo...

Sí, Maga, la universidad sacó un libro con el ganador y los finalistas. Pero supongo que es imposible de encontrar.

¿En serio te apetece leerlo? Mira que amenazo con ponerlo aquí, por entregas, y me arreglas los posts de varios días... Jajajjaa...

Maga dijo...

Porfa!!!, piénsatelo..., sería estupendo que lo hicieras por entregas, porque así sería más emocionante.
Crea mucha curiosidad donde se fue, y como lo hizo.
En cualquier caso Gigagracias!!!

Teresa, la de la ventana dijo...

Pues chica, si estás tan interesada y llena de curiosidad... no puedo decir que no. Prometo empezar con ello la semana que viene (es que me va a tocar teclearlo todo, todito; cuando lo escribí creo que ni tenía ordenador, no te digo más...).

Teresa, la de la ventana dijo...

Maga, lo estoy mirando y resulta que no es tan largo. Y lo peor de todo, no sé por dónde cortar... Así que lo pondré entero y de una vez. ¡Que Dios os pille confesados!

Pilar dijo...

Hola es la primera vez que visito este blog y me he llevado una grata sorpresa.Que recuerdos tan entrañables esas latas del cola cao.

Teresa, la de la ventana dijo...

Si te traen buenos recuerdos, Pilar, eso es que somos de la misma quita o por ahí.

Supongo que había en todas las casas. Incluso las he visto en "Cuéntame"...

Bienvenida a mi ventana.

Maga dijo...

Te decia por entregas porque durase más..., pero me encantará leerlo de un tirón, seguro!!!.
Espero que todo esto y la conexión con ese tiempo, cuando lo escribiste, te traiga estupendos recuerdos.
Muchiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiisimas gracias por tu interés.
Ves!!!, este es otro de esos momentos de los que escribía hace días.