viernes, 18 de febrero de 2011

Clarividencia

Es una sensación rara, inquietante por lo que tiene de irracional, de indemostrable, y al mismo tiempo, de certeza absoluta. Una especie de ataque de intuición en el que, por un instante, es como saliésemos de nosotros mismos y viésemos el plano desde fuera, espectadores y sin embargo actores de la película. Como un dejavu, pero al revés. Porque lo que intuyes no lo has vivido antes, sino que todavía está por vivir. Por un momento eres perfectamente capaz de pensar en el futuro, sin ni siquiera proponértelo, lo haces, tu cabeza lo hace sin darte opción a elegir, o a oponerte. Y sabes que un día recordarás ese momento como el instante en el que supiste que te recordarías a ti mismo pensando en que un día lo recordarías. Suena mucho más enrevesado de lo que en realidad es. Durante unos minutos se te concede el don de la ubicuidad, fuera y dentro, estás y no estás, te has ido, pero al mismo tiempo te quedas para ver qué ocurre, algo lo suficientemente importante como para que los engranajes de tu cabeza giren a una velocidad diferente, anticipándose a un futuro que desconoces en su totalidad, pero del que tienes una clarividencia aterradora en lo particular. Sabes sin saber por qué lo sabes, ni para qué sirve, que vas a vivir un hecho que marcará un antes y un después, o quizás sólo estés a punto de asistir al desplome de todo lo que había sido tu vida hasta ese momento. Porque esas cosas ocurren, las extraordinarias, y no avisan.  Y no siempre lo hacen de manera espectacular, con fuegos artificiales y música de fondo. En ocasiones se mezclan con la corriente de cosas cotidianas, las de cada día, mimetizándose con ellas, tan bien que se corre el riesgo de no verlas hasta que están demasiado cerca, o ya han pasado. Aunque en esos casos nos damos cuenta de que han ocurrido por sus consecuencias. A toro pasado. Y sin embargo, a veces sus disfraces no son lo bastante buenos, y nos damos cuenta de que están ahí, que sudederán en cualquier momento, que terminarán por ocurrir, y sin saber por qué las identificamos, como al espía patoso de la gabardina que disimula detrás de un periódico, delante de nuestras narices al que reconocemos sin ni siquiera proponérnoslo. Sentimos su presencia, las oímos palpitar. Queremos anticiparnos, o no, pero ni siquiera sabiendo que están ahí, agazapadas, tenemos poder sobre ellas. La única opción que nos queda es la de ser plenamente conscientes de ello. Una lucidez inútil, a fin de cuentas, pero que nos marcará más allá de lo que ocurra, y hará que nunca olvidemos ese momento en el que fuimos conscientes de que estaba a punto de ocurrir alqo que jamás podríamos olvidar.

9 comentarios:

El niño desgraciaíto dijo...

Nunca he sentido nada así, pero lo has descrito muy bien, me he metido y me he imaginado sintiéndo lo que decías...

Gonzalo Viveiró Ruiz dijo...

Que vértigo, y que mezcla de sentimientos.

Babunita dijo...

Comea Vd. de maravilla. ¡Quñe suerte!!

Maga dijo...

Sabes Teresa, a mí eso que describes me ha pasado cantidad de veces, y curiosamente desde niña..., pero lo sentía como normal, porque mi abuela materna, siempre me contaba hechos similares.
La vida es mágica, sólo que a veces es más cómodo vivir con un antifaz, que tape todos esos rayos que nos llegan de un modo u otro, para anticiparnos que somos co-creador@s de nuestra realidad.
Ahora soy yo la que te doy la bienvenida, a ese maravilloso mundo, en el que cada cual, vivimos parte de lo que imaginamos.
Creo que llevas tiempo preparándote para ello.

Teresa, la de la ventana dijo...

Pues me alegro, Niño, no me parecía nada fácil de explicar.

Sí que da vértigo, Gonzalo, mucho. Pero más en el momento en que vives eso que ya anticipaste. Cuando el futuro se hace presente y recuerdas. Da miedito incluso, sí.

¿Se te ha trabado la lengua, Babu?

A mí me ha pasado poco, Maga, y menos mal, porque impresiona bastante, me deja un desasosiego considerable que me dura mucho tiempo.

Maga dijo...

Todo lo nuevo por lo general asusta..., y es de lo más normal.
En general l@s human@s tenemos miedo a lo desconocido.
Es algo parecido a la angustia que sentimos al conducir recién sacado el carnet (al menos a mí me pasó)
En cualquier caso Teresa, afortunadamente las personas somos diferentes, y tenemos nuestra particular forma de apreciar la realidad.
Aprovecho para decirte, que tienes un interesante blog, y que me encanta visitarlo, aunque no te haya dejado comentarios antes
¡Hasta prontito!

Teresa, la de la ventana dijo...

Nuevo no es, Maga. Sólo que ahora mismo me está pasando más a menudo de lo habitual. ¿Estaré especialmente telúrica estos días? Quién sabe. Me alegro de que te guste la ventana. Bienvenida.

Victoria dijo...

Ese cúmulo de sensaciones vertiginosas me ocurren con más frecuencia de la que me gustaría. Al principio es algo parecido a la locura, después también, pero ya no le prestas tanta atención. Nunca se lo he contado a nadie y creía que sólo me pasaba a mí, veo que no por suerte. Un saludo.

Teresa, la de la ventana dijo...

Pues ya ves, Victoria.