miércoles, 2 de febrero de 2011

De cómo lo que no puede ser no es, por mucho que te empeñes

Una de las cosas que he aprendido después de darme muchas bofetadas con la realidad, es que no puedes empeñarte en cambiar lo que no está en tu mano. Puedes enfadarte, llorar de desesperación, patalear, lo que prefieras. Pero si no depende de ti en un porcentaje superior al noventa por ciento, las cosas seguirán como estaban. Aunque lo más frustrante sea cuando te equivocas, y piensas que tú eres la pieza clave de algo que, sí, te afecta, pero no controlas en absoluto. O al menos, no en la parte que te permitiría hacerlo mejor. Es en ese momento en que la realidad te quita la razón cuando te enfadas contigo mismo, por memo, por iluso, por no escarmentar. Por ese optimismo idiota, por ir de sobrado cuando, en el fondo de tu corazón, muy en el fondo, aunque no lo suficiente como para que no escuches esa vocecita impertinente todo el rato diciéndote "Verás como no...", sabes que lo que más temes ocurrirá. Porque tu voluntad no siempre es suficiente. De hecho, muchas veces es innecesaria. Tendrías que pararte y esperar, y ver que pasa. Pero como ves que no pasa nada, ni va a pasar, metes baza. Y sigue sin pasar nada, por supuesto. Porque no te toca jugar a ti. Porque aunque la baraja sea tuya, ni siquiera eres parte de la partida.

Hasta que reconoces que tu vocecita interior tenía razón, y la muy impertinente te suelta uno de esos sibilinos "Te lo dije..." que tanto exasperan por acertados y oportunos. Y, otra vez, te lo apuntas, para la próxima, aunque sabes que no servirá de nada. Volverás a caer. Otra vez, más pronto o más tarde, te creerás capaz de conseguir algo por el solo hecho de quererlo o de verlo justo o adecuado. "Lógico", te dirás a ti mismo. Y al cabo de un tiempo, descubrirás con el mismo asombro doloroso que las otras veces, que no. Que la lógica, lo correcto, lo justo, lo adecuado, son conceptos que pocas veces se aplican donde se deben. Que las cosas no son como deberían ser, sino como son.

Supongo que vivir es no resignarse nunca a ello. No funciona, pero entretenido es, desde luego.

2 comentarios:

Reyes dijo...

Bueno, mujer , resignarse es muy aburrido.
Yo sigo buscando mi felicidad , fíjate tú , sin pensar en el sello que llevo en el culo desde que nací , en mi manual de instrucciones dice bien clarito que nunca me conformaré con nada .
Y dale erre que erre.
Aun así, y contra todo pronóstico, sé que terminaré por encontrar lo que busco .
Aunque sea en otro plano , aunque gaste todo mi tiempo , porque en el fondo, como dices, no me resigno .
Suerte en la tarea .
La vamos a necesitar .
Y viva el ADN que nos hace tan distintos , un ejemplar de cada , ostia, cada uno diferente a los otros, como los guerreros de terracota, qué maravilla.
¿No te parece un milagro?
POr eso no podemos resignarnos , qué va.
Más bien disfrutarnos.
(Te mando un beso, qué de "tiempo sin verte" ).

Peque dijo...

Bienvenida