lunes, 14 de febrero de 2011

De fotos antiguas e historias actuales


Recuerdo que, cuando iba a casa de mi abuela, una de las cosas que más me gustaba hacer era mirar las fotos que ella guardaba en unas latas de Colacao como la de la foto (tenía dos o tres, de varios colores). Por supuesto, mi abuela nunca tuvo cámara. Algunas eran fotos de estudio (las menos), y otras (las más) del fotógrafo del pueblo, en exteriores familiares, como el patio de su casa, o la plaza del la iglesia. Recuerdo cómo me llamaban la atención las más viejas, ésas en las que no me sonaba nadie, y tenía que preguntar quién era quién. Lo cual traía consigo que mi abuela dejase la costura a un lado por un momento, me quitara la foto de entre los dedos y me contase una historia respecto a los desconocidos que, al rato, dejaban de serlo. Era emocionante.

Años más tarde, las latas del Colacao volvieron a ser útiles. El ayuntamiento del pueblo buscaba fotos antiguas para hacer un libro sobre cómo había cambiado durante el siglo XX. Y allí estuvo mi abuela, colaborando con algunas de esas fotografías. Yo ando por ahí vestida de comunión, junto con mi abuelo haciendo la mili en Africa o mis tíos con veinte años en las fiestas del pueblo.

Me he acordado de esto porque hoy he estado viendo una exposición muy similar en el pueblo en el que vivo desde hace casi siete años. Aunque ya no es propiamente un pueblo (tiene más de 75.000 habitantes), cuando yo nací sí que lo era, y así se refleja en las fotos que se exponen. Un pueblo castellano con calles de tierra, casas blancas de cal , niños de pantalón corto y gente bañándose en el río. Fotos en blanco y negro idénticas a las de mi abuela. Rostros con una historia detrás, y, aunque entonces ellos aún no lo sabían, también delante. A mi lado, una familia, abuelos, hija y nieta, observaban y comentaban las fotos. El matrimonio mayor conocía a todos los que veían colgados de la pared. La hija de la Faustina, la Aurora, la Chata, Paco, el del Tío Benito, Isabelita, la de la Fuente...Ordenada cronológicamente, desde 1940 hasta mediados de los 70, lo cual significa que buena parte de sus protagonistas aún viven. Sólo había un par de fotos en color, y lo cierto es que eran mucho más sosas y sin alma que el resto.

Por cierto, me he enterado de que la cigüeña María, que forma parte del escudo de la villa, existió. Y yo que siempre pensé que era una leyenda. El pajarraco fue auténtico, vivió varios años en la década de los sesenta, siendo uno de sus habitantes más queridos y populares. Los vecinos la cuidaban y ella se paseaba por el pueblo como Pedro por su casa. Hay varias fotos de niños posando con la cigüeña, pasándole la mano por el lomo... Alucinante.

8 comentarios:

Peque dijo...

Yo me he hecho el propósito de apuntar quién es quién para que mis hijos, con darle la vuelta a la foto, reconozcan a mis abuelos, primos y demás cuando yo no se lo pueda contar.

José Antonio Peñas dijo...

Recuerdo hace años que un amigo me pidió que restaurara unas fotos de sus abuelos, labriegos extremeños. Otra amiga, bretona por más señas, nos comentó que esas fotos no se parecían en nada a las de sus propios abuelos, también gente del campo. Le expliqué que una cosa era ser granjero, como en Bretaña, trabajando de sol a sol pero en tu propia tierra, que ser aparcero en el latifundio de un señorito, como los extremeños. Las fotos, desde leugo, parecían sacadas de los Santos Inocentes.

Miguel Baquero dijo...

Es curioso cómo todos guardamos las fotos viejas en esas cajas de galletas. Recuerdo una canción de El último de la fila que hablaba de eso, no sé sila habrás oído

Teresa, la de la ventana dijo...

Con que las veáis juntos y se lo cuentes una vez, Peque, seguro que no se les olvida ya quien es quien.

No, no, Peñas, ni estas de hoy ni las de mi abuela eran para nada siniestras. Eran fotos de gente "guapa", arreglada de domingos (hacerse una foto era un pequeño acontecimiento), gente contenta de pasar a la posteridad. Lo cierto es que estaban llenas de vida, de alegría, de proyectos. Había mucha más luz y color en esas fotos en blanco y negro que en muchas de las que se hacen ahora con cámaras digitales.

No, Miguel, no la conozco.

Victoria dijo...

Me encantaría tener una lata de esas. Mi madre tenía una para los hilos, otra con fotos, otra con cosas inútiles... No se donde fueron a parar. Ayer precisamente lo estuve hablando con mi hijo; que casualidad, no?

Teresa, la de la ventana dijo...

Sí que es curioso, Victoria, sí. A mí siempre me han gustado las latas, tengo muchas, incluida la de los hilos, el costurero, vaya.

Jesús Miramón dijo...

A mí también me encantan esas fotografías antiguas. Siempre digo que tengo que pedirles a mis padres que me dejen unos días sus álbumes y cajas para escanearlas pero nunca lo hago. Son un tesoro que, además, habla de nosotros, de algo muy importante de nosotros. Me conmueven hasta el tuétano aquellas en las que mis padres aparecen de niños en la escuela con un mapamundi detrás.

Teresa, la de la ventana dijo...

Pues hazlo, aunque sea pesado luego te vas a alegrar, Jesús.