viernes, 11 de febrero de 2011

¿Qué ha pasado?


De un tiempo a esta parte no dejo de observar cada día, con una mezcla de sorpresa ("Qué triste, con el buen ambiente que había, incluso en los peores momentos...") y fatalismo ("¿Y por qué en el fondo tampoco me sorprende tanto?"), el escandaloso bajón en el número de comentarios (y visitas) a este blog, coincidiendo con un momento muy concreto en el tiempo. Si fuese mal pensada, diría que parece que el interés por lo que cuento es directamente proporcional a su dramatismo. Porque desde que no tengo penas que contar, muchos de mis lectores han emigrado buscando otros horizontes. ¿Acaso los que se pasaban por aquí con puntualidad y regularidad suiza y ya no lo hacen necesitan su dosis de desgracias ajenas para sentirse mejor y lo que cuento ahora no les sirve? Pues ni idea, pero estoy empezando a preguntarme si no habrá algo de eso. Porque es un poco sospechoso y ciertamente mosqueante comprobar que toda la solidaridad, la empatía y el cariño que se respiraba aquí hace unos meses, se haya evaporado como por arte de magia coincidiendo con la normalización de mi vida. Como si hubiese estado enferma durante meses y un día, de repente, de un empujón me hubiesen puesto en la calle, al grito de "Ale, ya estás buena, no nos necesitas para nada". Pero lo cierto y comprobable es que ahora, cuando objetivamente todo ha pasado, es cuando más sola estoy, y precisamente es cuando menos gente hay moviéndose por aquí. ¿Casualidad? Puede ser, pero es una coincidencia bastante triste. Muy lamentable. Doblemente triste y lamentable, porque es algo que también estoy observando ahí fuera, en la realidad de la calle y el asfalto. La corriente torrencial de simpatía que me arrastró en los momentos duros se ha quedado en un charco mínimo, cuatro gotas mal contadas.

Todo lo cual, sin pecar de suspicaz ni paranoica, pero con las cifras del contador en la mano, me lleva a preguntarme por qué desde que mis desgracias terminaron, las visitas y, especialmente los comentarios, han caído en picado. ¿Acaso mi normalidad no vende? ¿Sólo molo en medio del caos y la desolación? ¿Se me da mejor contar cosas amargas que cosas alegres? ¿Me he vuelto idiota de repente y lo que escribo ahora echa para atrás a los que antes alucinaban con mis posts? ¿Me he pasado de moda y no me he enterado? 

Sé que son preguntas que nunca tendrán respuesta, pero me las hago. Y me las hago con una pizca de tristeza y un punto de decepción. Porque me he dado cuenta de lo fácil que es usar las palabras llenándolas de humo de colorines. Porque lo malo y lo bueno de las palabras es que son gratis, están ahí, al alcance de cualquiera, y son muy fáciles de emplear con un poco de habilidad. Lo malo es que no siempre nos acordamos de que, a veces, las carga el diablo. Sobre todo las que están rellenas de aire de color caramelo, de aromas dulces y efectos balsámicos y consoladores. Porque durante un tiempo te envuelven y te hacen sentir bien, pero al final, cuando ya no te lo esperas, terminan estallando en tus narices, y es entonces cuando te das cuenta de que dentro no había nada.

33 comentarios:

Gonzalo Viveiró Ruiz dijo...

¡¡¡¡Has vuelto!!!! coño, no me había enterado. A ver si me pongo al día. Bien revenida. Uy no que mal queda eso. Bienvuelta.
Bueno, ya sabes lo que quiero decir, que mola que escribas otra vez

Teresa, la de la ventana dijo...

Pues sí, Gonzalo. Sólo estuve "desaparecida" algo más de quince días. Echaba de menos esto, y es que aunque no sea tan regular escribiendo como me gustaría, me siento muy a gusto aquí. Bienhallado.

Victoria dijo...

Yo sigo aquí. No se si alguna vez he hecho algún comentario, pero te visito todos los días y espero con ansias tus relatos y comentarios. Dí contigo por casualidad y desde entonces no he faltado ni un día. Quizá debería haberme hecho presente (algunas veces te he escrito algo y luego lo he borrado) he sentido tu pena y me sorprende tu capacidad para seguir adelante, pienso que es admirable. Ya he dado el primer paso. Volveré. Un saludo de Victoria.

Anónimo dijo...

Teresa: En el número de comentarios ha habido bajón, como tú dices, pero a lo mejor no tanto en el número de visitas.

Yo no hago comentarios, pero te aseguro que te leo todos los días que escribes; antes, y ahora en tu nuevo blog.

Que sepas que no estás sola, y que hay personas que siguen siendo fieles a tus post.

Teresa, la de la ventana dijo...

Encantada de conocerte, Victoria. No me refería a gente como tú o el anónimo que te sigue, sé que tengo lectores silenciosos y fieles desde hace años, de los que nunca sabré nada, salvo que me leen desde Finlandia, o que entran varias veces al día desde Villafranca de Saúco, porque me los encuentro a diario en los informes del contador de visitas, y a los que ni por un momento quiero forzar a que hablen si no les apetece hacerlo. No lo he hecho nunca y no voy a empezar a hacerlo ahora que pronto hará ocho años que abrí esto. No busco comentarios para engrosar mis estadísticas, pero los números cantan, y no sólo en los comentarios. Y es tan sospechosamente coincidente con las circunstancias que no puedo sino preguntarme si la casualidad existe.

NáN dijo...

Lo mío, ya lo sabes, es algo entre tú y yo. Algo distinto. Pero hoy me siento con deseos de intervenir.

Al principio, cuando te mostrabas tan segura, pensé, quizás porque mi experiencia en muertes es muy pero que muy larga, "esta chica no sabe lo que le espera". Pero no quise comentarlo, no serviría de nada (y mis comentarios no eras bien considerados).

Creo que la razón principal no es la de los pasan y no dicen, porque con ellos ya contabas y sigues contando (por el contador). Creo que la ha expresado perfectamente Gonzalo. Además, en la etapa anterior a la muerte, la gente buena se sentía conmovida y expresaba sus buenas intenciones hacia ti. Si ahora les dices esas cosas, si dudas de ellos, no tendrás razón.

A lo mejor, no se sienten movidos a comentar los post de esta nueva entrada: lógicamente han cambiado y puede costarles coger el ritmo.

Desconfías de las palabras, y las palabras escritas no son diferentes de los gestos en presencia. Creo que la amistad aquí es real, pero al ser mucho más numeroso el grupo de amigos, los tiempos de contacto se reducen en cantidad, no en calidad.

Pero sobre todo, cuando pensaba que te ibas a pegar la leche es porque no preveías que lo malo empieza a los dos meses, pasado el shock, cuando la soledad se hace cotidiana y hiere cada minuto. También ese tiempo, que no se puede ni debe evitar vivir, pasa.

Ojalá esta vez tenga yo la razón

Teresa, la de la ventana dijo...

Para empezar, NáN, tus comentarios pueden gustarme más o menos, pero tengo por ellos la misma consideración que tengo por los de cualquiera que pase y diga algo aquí. Que evites decir algo porque "no sirva de nada" deja entrever una intención de llevarme a tu terreno que implica que yo estoy equivocada. Por suerte, no ha sido así. La seguridad que dices que mostraba durante la enfermedad de mi marido no era una pose, era real y se mantiene. Y, de nuevo, me temo que no aciertas, porque no he estado ni estoy en shock (y pronto hará tres meses). Mi soledad empezó mucho antes, con él todavía en este mundo, y me hirió lentamente, en dosis homeopáticas si quieres, pero no por ello inofensivas. No evito vivir, ni entonces ni ahora. Siento que, una vez más, no tengas razón, pero no me he pegado la leche de la que hablabas. Y dudo mucho de que me la pegue ya.

el chico de la consuelo dijo...

Uy!!!!!! la/el lector/a finlandes/a !!!! que viene de divilandia y nos tiene a todos perplejos, el dia que quiera hablar (o salir del armario) haremos todos una fiesta bloguera!!!!!!

Curioso sentir el del bloguero, nos alimentamos de comentarios y es cierto cuando baja el núemro de visitas pataleamos y cuando nuestros habituales comentaristas no nos comentan y los ves charloteando por otros blogs te sientes solo.

Pero bueno Teresa no lo achaques a nada raro me imagino que a la gente hay temas que le inspiran más y otros menos. Bueno a mi ya sabes que me tienes de incondicional aunque de las dos últimas entradas no he entendido ni patata.

Jesús Miramón dijo...

Teresa, cuando dices que has tenido la misma percepción en la calle estás dando la clave. Hay situaciones difíciles, extremas, que llaman la atención y generan una reacción coyuntural o, lo que es lo mismo, una ola que al pasar la tormenta se disuelve en el océano sin dejar huella. La naturaleza humana es así. No se trata de que existan temas que inspiren más y otros menos, semejante frase aplicada a tu caso es un insulto a la inteligencia; no, se trata de algo mucho más sencillo y previsible y tú lo diagnosticas muy bien.

Dicho esto, ¿desde cuando nos importan las visitas o comentarios a dos veteranos como tú y como yo? Te confieso que a veces echo de menos cuando no me leía casi nadie.

Un beso.

Reyes dijo...

Pero chiquilla, dónde ves tú todo eso?
Quiero decir , las visitas , las procedencias...eso de Villarriba de NO sé dónde me ha dejado helada .
Y saber que entonces verás que siempre te leo aunque no comente .
Y que a veces he entrado sólo para saber si me habías respondido a algún comentario , como en el post de "lo que no puede ser , no es" .
Un post que me pareció muy interesante y que se quedó en 2 comentarios , que no respondiste.
Ves?
Te sigo .
Supongo que a ti tb te pasa , que visitas , lees y no comentas, no sé muy bien por qué.
Yo no comento cuando no sé qué decir.
O por pereza , a veces o porque tengo prisa.
..
En cuanto a lo otro, a los temas, no creo que esté relacionado con que sean más o menos dramáticos.
Te aseguro, al menos en lo que a mí respecta , que cuando menos me salía decirte nada era precisamente en los más tristes.
Ahí si que no he sabido casi nunca qué escribirte.
Me he quedado tan a cuadros contigo que a veces has conseguido dejarme sin palabras, o sea sin comentar .
(sobre todo hablando de eso, escribiendo de eso, estás hecha de una pasta muy distinta a la mía, yo SÉ cómo reaccionaría en caso de gran tragedia y desde luego no sería escribiendo en mi blog).
Con los últimos post me lo has vuelto a poner fácil , o sea, que me ha inspirado esa "normalidad" .
Yo no te veo como una persona que carga una losa, has conseguido que me olvide de eso, pero igual ( aver cómo digo esto ) la mayoría de gente considera tan gordo lo que te ocurrió que igual cuesta comentar como si nada , no sé; es una teoría barata que me sale así a bote pronto.
O quizá la cosa sea mucho más simple , y se trate sólo de una racha .
Una ola de coincidencias.
La reposición de las pelis de Woody Allen en un canal de la sexta.
Algo así .
En cualquier caso no saques esas interpretaciones apresuradas ; que yo sigo pensando que hay mucha gente que te quiere .
Venga, va , deja el outgoing y vuelve.
Come on !
Besos normalizados .

miedoslibres dijo...

Yo no comento, nada cabe decir; afirmo simplemente con estas líneas mi presencia.

miedoslibres dijo...

Pues mira, sí que hay algo que deseo decir, al hilo de lo apuntado por mi sevillana favorita: tampoco tú eres muy pródiga en comentarios en los blogs ajenos, Teresa.
Nada más.
:-)

El niño desgraciaíto dijo...

Pues no sé, Teresa. Yo me he leído todos tus post, aunque reconozco que comento menos, pero es en general. Yo he notado también que hay menos frecuencia a la hora de escribir post en los blogs que visito habitualmente, tampoco le doy más importancia. Aprecio los comentarios, pero no escribo por ver si tengo más o menos.

Cuando nos hablabas de tus sufrimientos, al menos en mi caso, tenía las ganas de reconfortarte. Ahora, pareces tan entera que no parece que necesites ese reconforte. No creo que tenga que ver con volverse idiota ni nada así. Aunque eres tú la que tienes las estadísticas y los sabrás mejor. Puede gente que sólo acudiera por el dolor, quién sabe... creo que al final las estadísticas solo son un montón de números, no explican las razones de cada uno para pasarse o no pasarse.

Al final creo que me he hecho un lío, pero yo quiero que sigas escribiendo y me seguiré pasando como hasta ahora.

Elvira dijo...

Hay situaciones muy difíciles que nunca o casi nunca inspiran calidez, comprensión y compañía. Una separación puede ser tan dura como quedarse viudo, aunque parezca una barbaridad lo que digo. Y no suele inspirar mucho apoyo, o que te inviten a comer o cosas así. "Te has separado porque has querido". Sí, claro, pero he querido porque era un horror. Y ciertas enfermedades crónicas muy duras pero no mortales también. Y sabes por experiencia que mejor no lo cuentes porque te vas a llevar una decepción si lo haces, así que te callas y lo llevas a solas la mayor parte del tiempo.

La "normalidad" de la soledad después de una muerte es durísima, pero es cierto que inspira menos calidez en los demás que el momento dramático. Además, algunas personas saben acompañarte en un momento puntual, pero no una temporada larga. Y hay penas que son muy largas. La gente se cansa de verte triste o enferma. Es así.

Yo te sigo leyendo comente o no. Y eso que tú no comentas en mi blog. :-) Un beso

Teresa, la de la ventana dijo...

Esto no es una pataleta porque no me comentan, Chico. La ventana nunca ha tenido muchos comentarios, precisamente. Y no los he echado de menos nunca, porque no los he buscado. Subieron “casualmente” en los peores momentos. Y tampoco me dan envidia las tertulias que se forman en los comentarios de otros blogs. De hecho, muchas veces me da una pereza enorme contestarlos y he tenido épocas de no hacerlo en absoluto (todavía me acuerdo de la bronca que me echó Jesús Miramón por no contestarlos… uf, un rapapolvo con todas las letras), por considerar que ya había dicho lo que tenía que decir en el post. En fin, que mi objetivo principal no es el ser comentada, ni sueño con un blog con chorrocientos mil comentarios, ni me pongo verde de envidia al ver que otros sí los tienen y yo no. Para nada. Pero lo achaco a algo raro porque me parece rara la coincidencia en el tiempo y en las circunstancias, insisto. Sólo eso.

Bueno, Jesús, como digo en el post no soy tan ingenua como para que me sorprenda tanto, conozco la naturaleza humana lo suficiente como para saber cómo funciona. Pero no por eso deja de apenarme. En cuanto a las visitas y los comentarios, ni me preocupan ni me obsesionan. La ventana no es un blog “de éxito”, ni lo ha pretendido nunca. Este post es sólo una forma de mostrar mi extrañeza por una actitud que no me encaja.

Reyes (y Pedro), como he dicho más arriba, yo soy la primera que no siempre comenta en los blogs que lee. O mejor dicho, que comenta muy poco. Y no estoy exigiendo a nadie que “fiche” en el mío. Ni creo que sea una contrapartida, algo que hagas para que luego te lo hagan. De todos los blogs que sigo, debo comentar en un 10%, o quizás incluso menos. Y eso no significa que por los que paso de puntillas, sin hacer ruido, me gusten menos. No siempre tengo algo que añadir a lo que leo, sin ir más lejos. O hay polémicas en las que no me apetece entrar. O creo que lo que pienso ya lo han dicho otros que comentaron antes. Los comentarios son una opción, no una obligación. No estoy exigiendo comentarios. Me sorprendió la avalancha que hubo en un momento dado, y ahora me sorprende la sequía. Y si lo único que han cambiado son ciertas cosas, pues saco conclusiones y me hago preguntas. Por cierto, para nada apresuradas ni precipitadas. Llevo mucho tiempo observando y pensando. Yo no mido la fidelidad o la “amistad” de los que me leen por los comentarios, ni me obsesionan los números, no tengo un blog para eso. Pero están ahí, y dicen cosas. Yo sólo intento entenderlas.

A poco que repases los archivos del blog, NiñoDesgraciaito, y hay mucho donde mirar, comprobarás que no escribo para tener público. Me gusta tenerlo, si no escribiría en una hoja de Word y listo. Pero tengo ojos y veo. Y te aseguro que la primera sorprendida con la reacción de los lectores durante aquellos días fui yo. Porque ni lo busqué, ni lo esperaba, ni siquiera pensaba que me lo merecía. Fue como si me inundaran de regalos sin ser mi cumpleaños, ni navidad ni nada. Paquetes preciosos, llenos de lazos y papeles de colorines. Maravillosos. Una sorpresa increíble. Lo malo es que, poco a poco, los fui abriendo, y la mayor parte no tienen nada. Sólo los lazos y el papel de regalo. Y eso, aunque no fuese tu cumpleaños, aunque no lo esperases, aunque incluso pensaras que no lo merecías, no deja de ser triste. Y duele.

Elvira, yo no lo hubiese expresado mejor que tú.

coro dijo...

Igual quedarse con lo reconfortante que fue en su día el aluvión es la mejor conclusión, y lo bien que transmitiste tu tristeza que hizo saltar al teclado instintivamente a muchas manos que en otros casos no se sienten ni tan conmovidos ni lanzados al ruedo. En mi caso, no sólo saltaron mis manos si no mi cabeza y te llevaba en ella durante horas pensando en tu dolor. Ahora te veo firme, segura, entera, y después de leerte, igual que me pasaba antes, no siempre tengo qué comentarte. Nada tiene que ver la entereza con la soledad, es cierto, pero igual sólo lo sabe el que la sufre. Hoy que lo has dicho es cuando me he parado a pensarlo.

Anónimo dijo...

Teresa, que veo que no tienes mucho anónimo...:) En mi caso, tu cierre temporal....me desconectó a mí también. Te seguí unos días tras el mismo, por ver si "resurgías" y luego ya... desistí.
En otros blogs que sigo no aparecías y desconecté. Hoy he reconectado de la misma forma: a través de otros..y viendo que habías cambiado tu foto de perfil. ¿Habrá vuelto? me he dicho. Y he vuelto a pasarme por tu ventana.
A mí me gusta como escribes. Lo que escribes es mas secundario. De hecho, no me gustan mucho los blogs de penas, desamores, angustias y tal...
Así que volveré a pasarme por aquí y comentaré... si tengo algo "digno" que decir.
Y volviendo al blog: Me gusta más el nuevo aspecto. Está chulo¡.

Saludos¡

Teresa, la de la ventana dijo...

Pues no lo sé, Coro, la verdad es que no he llegado a ninguna conclusión. Sólo me hago preguntas en voz alta, intento entender lo que pasó, lo que pasa ahora. Por supuesto que valoro el apoyo que recibí en su día, lo hice en su momento y no lo olvidaré nunca. Por eso precisamente me chirría y me choca más todo.

Pues nada, Anónimo, me alegro de que te hayan gustado los cambios, bienvenido de nuevo.

Victoria dijo...

Hoy hace ocho meses que murió mi madre después de sufrir lo indecible. Cuando murió, intenté volver a mi anterior vida y tratar de recobrar la "normalidad" por mi propio bien. Pero no pudo ser y a los pocos días me dió un bajón del que todavía me estoy recuperando. Al principio los amigos me llamaban con mucha frecuencia pero poco a poco, las llamadas y las visitas se fueron dispersando. Por otra parte, me molestaba muchísismo oir continuamente lo que tenía que hacer para "superar" la pérdida de mi madre. Cada uno lleva su pena como puede o quiere, y los amigos, lo sé ahora, saben que tienes que pasar ese luto, ese dolor, y se apartan, pero siempre están ahí para lo que haga falta. No se si me he explicado bien, dos comentarios para mí son demasiado, un saludo.

Teresa, la de la ventana dijo...

Te has explicado estupendamente, Victoria. Pero yo no me estoy quejando de nadie ni de su comportamiento conmigo en unas circunstancias que fueron (y son) complicadas y dolorosas para mí. Sé de sobra que hay cosas que uno tiene que pasar y nadie puede ayudar ni agilizar ciertas cosas. Yo no lo pretendo, ni me quejo, ni pataleo. Para bien o para mal, he llevado sola la mayor parte de la carga siempre, y eso me ha hecho resistente, me ha dado un fondo estupendo para afrontar lo que sea. Pero eso no quita que me extrañe la incoherencia que observo, el salto brusco y abrupto de "para lo que haga falta y necesites" a la nada más absoluta, precisamente cuando más se necesita, cuando todo "ha terminado", y en realidad no ha hecho más que empezar.

Siento lo de tu madre.

José Antonio Peñas dijo...

Yo, la verdad, ni siquiera me he molestado en instalar un contador de visitas en mi blog. Decidí que iba a escribir para mí: si alguien me lee y le gusta, bien, y si no, pues también. Pero es cierto que resulta agradable tener compañía.

En cuanto al bajón de comentarios, puede ser en parte por la materia de tus últimas entradas, que me parecieron tan personales como para no atreverme a decir nada al respecto por no resultar pesado, pero es mi caso, claro.

Teresa, la de la ventana dijo...

Seguro que hay tantas razones como visitantes, Peñas. Lo que me sorprende es que sus consecuencias coincidan en el tiempo. Nada más.

Portorosa dijo...

He leído muy por encima los anteriores comentarios, así que no sé si digo algo ya dicho. Pero yo creo, Teresa, que hay muchísimos lectores que no comentan, que no les gusta hacerlo, que miden mucho más sus intervenciones, o incluso les da vergüenza, y que precisamente lo excepcional en ellos era hacerlo; y lo hacían porque tus circunstancias eran así de excepcionales, y porque consideraban (con razón o sin ella) que en esos momentos lo necesitabas más que nunca. Y además bastaba (sigo pensando en esas personas a las que no les gusta comentar) con decir "ánimo" o mandarte un abrazo. Ahora eso ya ha pasado, tus posts recuperan en buena parte la normalidad... y su papel de lector también.


Dicho eso, hay de todo, claro. Y la red es muy grande.

Un beso.

Carmen dijo...

¡Menudo arranque de sinceridad! Y con buenas formas, como debe ser. Sorprendente el contenido. Te contaré mi historia, que es madrileña, y también mi punto de vista.

Yo llegué a tu blog enlazando desde otro, no recuerdo cuál. Y me topé con una regañina a Dios y a todo el arco angelical. Me parecieron interesantes los comentarios, que eran respetuosos en un ambiente - internet - muy dado a la brocha gorda. Puse un comentario, y las respuestas fueron muy cordiales. Estuve entrando, muy de vez en cuando y un buen dia - o un mal dia -, como 5 post después, me encuentro con tu post de despedida. Y me quedé estupefacta, y fui para atrás en el blog y ya entendí la entrada que yo había comentado. Escribí algo contando esto y no lo publiqué, porque me pareció ventajista. Luego has hecho pruebas (te creerás que no te hemos visto) y por fin has empezado a publicar.

Así es que yo he llegado al final, no he pasado por los momentos dramáticos. Tengo para mí que conmigo no va la "queja", pero la acepto, no tengo inconveniente.

Tal vez no vayas desencaminada cuando piensas que había quien entraba por el morbo. Alguno habría, no lo dudes. Pero, justamente, de eso se trata, de empezar de nuevo, de encontrar un nuevo camino. Tú misma lo has dicho.

¡No te preocupes por las visitas! Ya llegarán. Llegarán las de siempre y llegarán otras, llegarán distintas y llegarán nuevas.

¿Qué ha pasado, te preguntas? Que todo ha cambiado radicalmente. ¿Te parece poco?

Reyes dijo...

Ah sí y además Elvira he puesto el dedo en la llaga con eso de los temas, una versión más plausible que la mía;
hay cosas que no inspiran ,a la larga.
Gente que se considera amiga tuya pone pies en polvorosa pasado el primer momento solidario.
Yo tenía una "amiga" que desapareció radicalmente cuando me divorcié.
A día de hoy todavía no lo entiendo.
Creo que ella tenía más problemas que yo ante el hecho de la separación matrimonial.(ella estaba casada con uno que ni fu ni fa pero aguantaba ).
No era mi problema , desde luego , sino el suyo (que yo con el mío tenía bastante como para ir corriendo detrás de gente inservible).
Por si te sirve.
Bueno, feliz domingo.

Mayte dijo...

Creo que coincido con todos los argumentos que han ido saliendo en cada una de las opiniones. Es verdad que fue en tus momentos más duros cuando pensamos - pensé- que necesitabas más que nunca de mensajes de apoyo o de simple compañía; es verdad que detrás de la ausencia de comentarios sigue habiendo gente que te lee (yo seguí pasándome por tu blog en los días posteriores a tu despedida, con la esperanza de que siguieras escribiendo); es verdad que no siempre tienes la necesidad de comentar porque aunque con algunos de los posts te identifiques, y con otros puedas discrepar, también se da el caso de entradas en las que no tienes nada que decir y eso es lo que ha pasado, en mi caso, con algunas de tus últimas anotaciones. Es lógico creo que las entradas fueran más numerosas en los momentos más críticos, por simple solidaridad y cariño hacia ti, pero ahora, tras esos días, y viendo, como vemos, que poco a poco vas recobrando una cierta normalidad, supongo que los comentarios volverán también a la normalidad, a su volumen habitual : muchos cuando trates temas candentes que afecten a mucha gente y sobre los que haya opiniones muy variadas, y no tantos cuando escribas sobre temas más personales o más particulares.

Todos nos alegramos con tu vuelta y seguimos estando a tu lado.

Teresa, la de la ventana dijo...

Bueno, Porto, insisto en que no estoy criticando ni pidiendo cuentas a los que en su día me apoyaron con sus visitas y comentarios y ahora se han esfumado. No puedo exigir a los que no me debían nada y me lo dieron sin yo pedirlo. Sólo constato qué ha ocurrido, y que ha sido en un porcentaje bastante alto. Y me choca. Sólo eso.

Pues sí, Carmen, un arranque fruto de darle muchas vueltas y preguntarme muchas cosas. El blog, al menos para mí, es un lugar donde pensar en voz alta, y ahora mismo estoy llena de incertidumbre respecto a este asunto. Porque me parece bastante incongruente y me lleva a pensar en ese morbo del que hablas, el sentirse mejor viendo que otro está peor, y me da mucha pena. Pero tienes razón, todo ha cambiado radicalmente. Y supongo que la gente se va eliminando por sí sola: los hechos dicen mucho de las personas y coloca todo en su sitio sin necesidad de más.

Me sirve, Reyes. Ya lo creo.

Nunca me preocupó tener pocos comentarios antes de todo esto, Mayte, y tú me llevas siguiendo tiempo suficiente como para saberlo. Así que volver a la “normalidad” no es tema que me quite el sueño. Si quisiera hacerme con un público, trataría temas concretos y de maneras determinadas para tener un blog así, y no es mi objetivo. Pero este asunto no es sólo una cuestión de números y estadísticas de visitas, están en juego sentimientos, emociones, personas que estaban detrás de cada visita y cada comentario. Y eso lo cambia todo. Porque va mucho más allá de los números. Al menos para mí, que valoré cada palabra de aliento o gesto reconfortante que recibí.

Diva Gando dijo...

En mi caso, trabajo más, hago deberes, leo menos, comento menos...

Peque dijo...

A lo mejor es que no dejamos comentarios, pero no quiere decir que no leamos, simplemente no sabes qué poner, y no pones nada. Pero leemos, no lo dudes, y estamos aquí. Dramatismo ya tenemos suficiente en nuestras vidas, yo por lo menos no soy masoquista.

vidal dijo...

Con penas o no, más recuperada o no tanto, este post confirma que lo único que no desaparece es tu soberbia.

Tus comentaristas te quieren demasiado, a mon humble avis.

Suerte

Aspective dijo...

Hola Teresa.
En mi caso concreto hay dos razones: el Reader, que me deja leer, y lo hago con prontidud pero no comentar (es una grosería, lo sé y ha contribuido a dejarte más sola) y el puñetero twitter con el que me he enviciado y me quita tiempo de casi todo.
Discúlpame, pues tienes razón. Un beso

Teresa, la de la ventana dijo...

Si, Vidal, soy así de odiosa, qué le vamos a hacer... En realidad, no tengo más que lo que me merezco, ¿a que sí?

Por cierto, te aconsejo que cambies de ordenador, y no sólo de nombre, cuando quieras comentar haciendo pupa: sé perfectamente quién eres.

Teresa, la de la ventana dijo...

Repito, aquí no hay que fichar, es lo bueno que tiene esto, tanto a la hora de escribir el propio como al pasarse por los de otros. No os justifiquéis, no hace falta.