miércoles, 23 de febrero de 2011

Se hace camino al andar, o eso dicen (III)

(Continuación del Decálogo del Caminante, de Manuel Pimentel)

Tercero: la felicidad no se concentra en el preciso instante de cruzar la meta, hay que saber encontrarla en cada etapa del camino. No la difieras en exclusiva al futuro logro de tus objetivos, disfruta de las pequeñas cosas de cada jornada. Establece metas intermedias; superarlas te estimulará y te reafirmará en el camino correcto.

Si algo me ha salvado durante una época en la que la felicidad era algo lejano y difícil de conseguir ha sido precisamente eso: las pequeñas cosas. Cuando un muro se levanta ante ti y el horizonte desaparece, son los detalles, lo insignificante, lo que consigue dar sentido al conjunto. El camino hacia eso que se denomina "felicidad" puede que sea largo, y lo peor de todo es que nadie garantiza que, cuando lleguemos al final, el concepto que buscábamos, el que nos movió a empezar a andar, sea ya el mismo, o puede que seamos nosotros los que hayamos cambiado demasiado entremedias. Por eso es tan importante no dejar de mirar el paisaje a cada paso que demos. Es posible que, después de todo, la única felicidad que nos llevemos con nosotros sea la del rato en que estuvimos entretenidos en buscarla.

6 comentarios:

Victoria dijo...

¿Es que existe un camino hacia la felicidad? En los mapas que yo tengo nunca lo he visto, me conformo con un camino sin demasiados tropezones. Perdón es que hoy tengo la lágrima fácil. Un saludo Teresa.

Teresa, la de la ventana dijo...

Yo quiero pensar que sí, Victoria. Esa idea, la posibilidad, es la que muchas veces me ha permitido seguir andando.

El niño desgraciaíto dijo...

Yo creo que es cierto. También hay felicidad en la espera.

Maga dijo...

La felicidad está ahí con nosotr@s, yo la entiendo no como un estado permanente..., si no como momentos.
Para mí lo más próximo a la felicidad, es tener armonia, estar atenta, sentir el ahora.
En este instante, siento felicidad, porque haya personas, con quienes poder compartir estos pequeños pensamientos.

Paco dijo...

Se me ha ocurrido leyendo tu escrito, no se si tiene que ver, pero te lo pongo:
"Si tu meta es el camino, siempre llegarás"
Ahora me diréis que ya está escrita y todas esas cosas... no es la primera vez que me pasa.

Teresa, la de la ventana dijo...

Por supuesto, Niño. A veces incluso más que en la meta. El objetivo final a veces termina por decepcionar un poco, pierde fuerza mientras llegas, como una gaseosa abierta.

Totalmente de acuerdo, Maga. La felicidad se da a veces en dosis tan homeopáticas que no nos enteramos. Por eso hay que estar tan atentos.

Pues no, Paco, yo no la conocía. Y es muy cierta. Bienvenido.