domingo, 20 de marzo de 2011

Lo que no va en lágrimas, va en suspiros

Aún me afectan cosas que hace mucho que deberían resbalarme, y no sé si me da más rabia o más pena. El desprecio, por ejemplo. La indiferencia. El sentir cómo me dan de lado sin motivo, al menos aparente, porque para mí es totalmente incomprensible. Las mismas cosas que me hundían cuando era una cría y me desesperaba por encajar, inútilmente. A estas alturas, hay momentos en los que me rondan las mismas preguntas que me hacía entonces una y otra vez, y a las que nunca encontré respuesta. Y sigo sin encontrarlas. No entiendo por qué me dan de lado personas con las que no he tenido ningún desencuentro directo o consciente, pero que de la noche a la mañana me evitan y me ignoran. No lo entiendo, y me duele. Igual que me dolía cuando no me dejaban jugar a la goma, porque no, "porque la goma es mía y tú no juegas porque no me da la gana", así, sin más. E igual que entonces empiezo a dudar de mí misma (¿Seré yo el problema? ¿Tan odiosa soy? ¿Qué tengo que hacer para ser normal?) y me pregunto mil veces qué es lo que he hecho mal, por qué es tan difícil todo, y me desespero. 

Pero luego salgo una tarde, y lo que iba a ser una presentación de un libro de un amigo se convierte en algo más y mejor. Porque termina siendo un pretexto para cruzarme con personas a las que conozco apenas, y también con otras que no conozco en absoluto, pero con todas ellas paso un rato increíble, por lo bueno y por lo inesperado. Durante unas horas, dejo de lado mi incapacidad para hacer las cosas bien, aparco las desazones y los pesares y simplemente dejo que las cosas fluyan. Y, otra vez, se demuestra que no siempre soy un desastre, aunque a veces se me olvida. 

¿Por qué todo es tan complicado cuando puede ser tan fácil? ¿Para que lo apreciemos más cuando funciona?

11 comentarios:

el chico de la consuelo dijo...

Es cierto Teresa, a veces el silencio indiferente que damos a los que queremos hace más daño que el insulto a voz en grito.

Teresa, la de la ventana dijo...

Pues sí, Chico, yo al menos prefiero saber el motivo de que me ignoren o me den esquinazo personas que sólo días antes parecían apreciarme. Me fastidia más no saber el por qué, lo incomprensible de una actitud que choca con todo lo anterior.

Alice se perdió dijo...

Teresa, te voy a decir una cosa ahora que te conozco en persona (así que no pienses que lo digo sin conocimiento de causa): los odiosos y anormales son ellos, que nunca te quepa la menor duda de ello.

Te confieso que el sábado me pasó un poco lo que a ti: fui a la presentación de un amigo. Llevaba colgada del brazo a una cuñada, a la que quiero muchísimo porque es un cielo de persona, que sufría mal de amores maduros, que son los peores, y de repente, acodada en la barra del bar y cargada de libros, ¡me saluda una de mis blogeras favoritas con una amplia y acogedora sorisa! Fue un placer el rato que pasamos. ¿Viste cómo brillaba la luna?

Un besazo,

Teresa, la de la ventana dijo...

Jo, yo hacía mucho que no pasaba una tarde tan buena, en serio.

Espero repetir prontito, aunque la próxima vez tú serás la protagonista...

Victoria dijo...

Como tú bién dices, deja que todo fluya. Las personas somos muy variables(algunas)y o bién, siempre llevamos mucha prisa o nos da igual el otro. En cualquier caso, no merece la pena perder el tiempo pensando en eso, seguro que tienes otras cosas más importante y satisfactorias que hacer que pensar en ellas. Ellas se lo pierden.
Un saludo Teresa.

Miguel Baquero dijo...

Cuanto me alegro, amiga, de que mi presentación fuera una oprtunidad de que te lo pasaras bien. Y por lo demás, tú ni puto caso a gente así, ya sabes que cuando quieras podemos quedar para hablar de libros y tomar un café

Teresa, la de la ventana dijo...

Pues sí, Victoria, si tienes razón, pero no puedo evitar que me afecte, soy así de sin sustancia...

Ya lo creo que lo pasé bien, Miguel. Me gustó mucho volver a verte, y más aún en circunstancias tan buenas. En cuanto a lo del café, cualquier día te llamo y quedamos otra vez. Me encanta la idea.

PEQUE dijo...

A ir a más presentaciones, hay que centrarse en lo positivo.

Teresa, la de la ventana dijo...

Sí, Peque. Está claro que no merece sufrir por quien te hace sufrir. Es el colmo, porque es como tirar piedras contra mi propio tejado.

Rojo dijo...

ehhh, no digas eso de ser "sin sustancia": todos tenemos esa gana de que nos acepten y ser queridos y comprendidos por los demás, y buscamos todo tipo de razones peregrinas ("¿seré yo? ¿será algo que dije? ¿algo que hice?") cuando la gente se comporta rara con nosotros. Nos pasa a todos, y depende del día nos afecta más o menos.

Cuando la explicación seguramente sea, como bien dicen aquí arriba, que la gente tiene mil cosas en la cabeza y nos dedica sus atenciones de tiempo en tiempo...

Animo y sigue como tú eres!

Teresa, la de la ventana dijo...

Ays, Rojillo, qué majo eres...