domingo, 17 de abril de 2011

Domingo de Ramos


Fui a un colegio de monjas, desde los cuatro hasta los catorce años, así que pasé la mayor parte de mi infancia vestida de gris y azul marino. No me molestaba la obligatoriedad de la vestimenta, era así y así lo aceptaba. La falda tableada y el jersey de pico, con camisa blanca debajo en invierno o polo de manga corta en verano. Zapatos negros, mocasines, y calcetines, cortos, largos o leotardos, según la temperatura. Sólo los fines de semana dejaba el uniforme secándose en las cuerdas, y me vestía de "civil". Dos días frente a los cinco laborables hicieron que durante todos esos años mi guardarropa fuese mínimo. Tenía muy poca ropa, y toda ella elegante, de vestir, ya que uno de los días sin colegio era el domingo, y yo iba a misa, claro está. Y vestida para ir a misa. Faldas, vestidos, pichis. Bien arreglada y peinada. Con mis gotitas de colonia en el pelo, cuando no era época de piojos y lo que me ponía mi madre era la loción de Filvit...

Me he acordado de todo esto porque hoy es Domingo de Ramos. Un día muy especial cuando yo era pequeña, no sólo porque empezaba la Semana Santa, sino por el rito de estrenar algo. Aunque fuesen unos calcetines calados. Hace mucho que dejé de seguir el calendario litúrgico, y más aún que no voy a la iglesia, ni los domingos ni ningún otro día. Tampoco me visto de manera especial los días de fiesta de guardar, pero precisamente eso sí que lo echo de menos. Era una manera de hacer especial días que de otra manera hubiesen sido un día más, el peor de la semana, porque significaba la vuelta a las obligaciones. Sin embargo, durante mi niñez el domingo era un día bonito, deseado y esperado con ganas. Una ocasión para ponerte guapa y salir a cumplir "socialmente": en la iglesia nos encontrábamos todos los niños del barrio, y a la salida reproducíamos a escala el rito adulto del aperitivo o el vermut en la tienda del Señor Pío. Nosotros nos íbamos "a gastar" al despacho de quinielas y punto de venta de chucherías del barrio. Todo eso lo perdí hace muchos, muchísimos años, y reconozco que me encantaría recuperarlo. Así que, lo mismo un domingo de estos me da la vena y me pongo falda y tacones, me pinto y me voy a misa. Y a la salida, me tomo el aperitivo en un bar. No porque de pronto haya recuperado la fe, sino para volver a hacer del domingo un día distinto a todos los demás.

Hoy ya es tarde. La misa de doce ya ha terminado y además no tengo nada nuevo que estrenar...

3 comentarios:

Reyes dijo...

Te comprendo.
Nos han inoculado en vena tantas cosas que una las vuelve a disfrutar cuando las ha perdido y entonces es una gran fiesta.
Yo pasé un domingo de ramos también a la vieja usanza y me encantó.
Besos .

Teresa, la de la ventana dijo...

Exacto, Reyes. Sin tener una familia especialmente religiosa, hay cosas que tengo metidas en los túetanos, que se dice. Y no dejo de envidiar la parte ritual de la cosa católica, esa que une a los que la comparten.

blog marlei dijo...

Teresa, la intuición, la tuya, es genial. Me parece a mí al menos. En serio.
Pero yo, la parte ritual, es la que menos envidio, aunque puede ayudar.... Si te das cuenta, aun siendo diferentes a todos los días, si fuese sólo por eso, todos los Domingos serían iguales y por lo tanto, también monótonos o, si lo prefieres, rituales..
Hacer del Domingo un día distinto a todos los demás, es, en el fondo, poder hacer de cualquier otro día, un día distinto también a todos los demás.
Enjoy the Easter´s holidays¡¡