miércoles, 6 de abril de 2011

Espabilando


No tengo ganas de escribir, o sí, pero no me sale. Más bien quiero, pero no puedo. El caso es que tengo el blog parado, tengo la novela muerta de asco y un sentimiento de culpabilidad e irresponsabilidad que me tumba y me bloquea. Así que, o me pongo las pilas y reacciono, o me hundo más y más en una espiral de inactividad culpabilizante que cada día llevo peor.

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Nunca he sido persona de pegar la hebra con la gente de la calle, ni en la cola de la pescadería, ni en la sala de espera del médico. Y sin embargo, desde hace unos días me he propuesto no dejar pasar ni un día sin hablar con un extraño. Un intercambio que supere el "Buenos días". Es un reto. Porque soy tímida, porque mi círculo es pequeño y porque necesito cada vez más el calor de la gente. Una gente que en su mayor parte también buscan la calidez del trato humano, más allá de la desconfianza que, sin darnos cuenta, se nos ha ido inoculando en la masa de nuestra sangre poco a poco, desde aquellos lejanos tiempos en los que nuestras madres nos decían que no hablásemos nunca con extraños, que lo único que pretendían era envenenarnos con caramelos llenos de droga. Yo rezaba para que no ocurriera. Me tiré años pidiéndole a Dios antes de caer dormida, tapada hasta la cabeza con las sábanas, en voz bajita: "Que no nos muramos durante la noche, y que no nos secuestren".

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Hoy me he puesto manga corta por primera vez. Sé que este calor es un mero espejismo, porque en Madrid se cumple lo de "Hasta el cuarenta de mayo no te quites el sayo". Pero bueno, ya habrá tiempo de sacar los jerseys gordos otra vez. Me ha gustado eso de ir a cuerpo gentil, con mis vaqueros y mi camiseta de Amélie Poulain que me regaló alguien que me quiere mucho. Gritando al mundo que "La vida no es más que un interminable ensayo de una obra que jamás se estrenará". Terrible, pero cierto.

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Y es el tiempo, ése que dicen que todo lo cura, el que me está demostrando que, en efecto, soy mucho más fuerte de lo que pensaba. O que se me da bien el arte dramático, vaya usted a saber... Y eso que, en los últimos tiempos, ya comprobé que el umbral de mi aguante era considerable. Pero me siguen pasando cosas, cada día, y yo sigo sorprendiéndome para bien. Cuando él desapareció de mi vida, pensé que consigo arrastraría muchas de las cosas que compartimos (lugares, sonidos, sabores...), además de las suyas propias, con lo cual mi existencia se vería limitadísima. No se borran diecisiete años de la noche a la mañana. Ni los que estaban por llegar, y ya no lo harán nunca. Pero afortunadamente, me equivoqué: no está siendo así. El vacío está ahí, y es grande, pero no me ahoga. Porque soy capaz de llenarlo: haber estado en todos esos sitios donde fuimos juntos, me anima a seguir moviéndome y descubriendo otros nuevos, e incluso regresar a donde fui feliz. Sigo disfrutando de la música que descubrí de su mano, y canciones que pensaba que me destrozarían, no lo hacen. Cocino menos, pero sólo porque ahora sólo soy una, pero no puedo evitar sonreír cuando preparo ese plato que tanto le gustaba. El lo sabía, me conocía bien, mejor que yo misma, y me lo dijo muchas veces: estaba seguro de que yo sería capaz de seguir adelante sin él, y de hacerlo bien. Yo no las tenía todas conmigo. Como siempre, él tenía razón.

11 comentarios:

Gonzalo dijo...

Yo también he estado seguro siempre de tu entereza y de que lo superarías bien. Eres un sol.

blog marlei dijo...

Animo Teresa¡¡¡ Mucho, mucho ánimo¡¡¡.

P.d. Mira que escribes bien¡¡¡. Espectacular¡¡

Peque dijo...

Esos 17 años no se borrarán nunca, no se deben borrar, porque han tenido una parte muy buena que forman parte de tí, de tus recuerdos y de tu forma de ser. Ríete mucho de las cosas graciosas y divertidas que vivisteis eso también da fuerza.

Alice se perdió dijo...

Preciosa, no estás sola. Estoy deseando que vuelva Miguel de su presentación de Zaragoza. ¡Tenemos tanto de qué hablar! ¡Me quedé con tantas gans el viernes pasado!

Un besazo,

Arancha

Jesús Miramón dijo...

Has dicho muchas veces que él te preparó, te ayudó a saber, a poder seguir adelante, y a la vista está que sabía lo que hacía y decía. Que te amaba es algo evidente, que era generoso e inteligente también.

Un beso.

Jesús Miramón dijo...

Leyendo tus rezos nocturnos de cuando eras una niña, que me han hecho sonreís, he recordado lo que me contaba M., mi mujer. Ella es hija única y cuando era pequeña por la noche rezaba ¡para que se murieran los tres juntos! Menos mal que aquellas oraciones no se cumplieron, porque por desgracia mis suegros murieron hace ya unos años.

Babunita dijo...

Como no hace mucho que la leemos, sino desde que Carmen y Curra nos dijeron que asomaramos a su ventana... hemos tenido que leer entradas antiguas y ya ve Vd. con todo lo que ladramos, digo, hablamos hoy no tenemos palabras, sólo un abrazo y un mimo perruno.

Teresa, la de la ventana dijo...

Yo he tenido mis dudas en algunos momentos, Gonzalo. Inevitables, creo.

Gracias, Blog Marley.

Claro que no, Peque, más que nada porque son los mejores años de mi vida. De todo y por todo. Por la edad de plenitud en la que me pillaron, por lo vivido y, sobre todo, por él.

Yo también tengo ganas de esa comida con Miguel y contigo, Arancha. Gracias, guapa.

El era muy especial, Jesús. Hasta para eso. Recuerdo que esa previsión suya a mí había veces que me dejaba tocada, pero en el fondo también sabía que era valiente de su parte, y útil para mí. Lo conté aquí, y era impactante, imaginate lo que fue vivirlo. Pero ahora estoy bien, y en buena parte fue por la manera en la que vivimos su marcha. Juntos. Hasta eso lo hizo conmigo, a mi lado, por mi bienestar.

Lo de mis rezos tiene su explicación. Lo de morirse por la noche era un miedo que me dio durante una temporada, y lo de los secuestros por los de ETA. Hubo una racha de muchos, no sé si lo recuerdas, y me asustaba horrores.

Pues ya ves, Babu, los últimos años han sido complicadillos para mí, pero la vida sigue. Y hay que seguir con ella, no queda otra. Gracias a las dos.

el chico de la consuelo dijo...

Pues yo siempre he confiado en ti...
Ahora bien, estoy preocupado por tí porque alguien que lee libros de reverte tiene que pasarle algo raro por la cabeza.

Teresa, la de la ventana dijo...

Pues te voy a contar algo más, para tirar por tierra del todo la imagen que tienes de mí, Chico... jajjaja...

Verás. A Pérez-Reverte lo reservo para los momentos especiales. Y para mí uno de ellos es cuando me voy a la cama. Antes de cerrar los ojos, me echo dos o tres artículos al coleto (no me digas que no ha quedado "alatristesco" eso, ¿eh?) y te aseguro que no sólo duermo bien, sino que cierro los ojos con una sonrisa. Me gusta su descaro, la manera que tiene de llamar a las cosas por su nombre, su pataleo ante algunos temas que crispan a cualquiera. No sé, siempre me ha gustado, desde que era periodista. Y quizás no sea una "gourmandise" elitista y cultureta de las que queda bien decir que lees, pero tiene más nervio y más ludidez que muchos. Y para mí eso ya le hace grande.

el chico de la consuelo dijo...

A mi hasta que leí el artículo 1400 escribiendoo exactamente lo mismo tampoco me disgustaba...