sábado, 23 de abril de 2011

La mamma


A pesar de vivir a escasos 30 kms. de casa de mis padres, los años en los que estuve casada mi relación con ellos, sin ser mala, fue escasa. No éramos los típicos que van a comer a donde los suegros los sábados y a casa de los padres los domingos (más que nada porque unos estaban a 1200 kms...), y yo tampoco soy de hablar mucho por teléfono, salvo que tenga algo que contar. Así que, fácilmente, he podido pasarme meses enteros sin pisar Madrid, o hacerlo, pero no acercarme a visitarles. 

Sin embargo, ahora todo ha cambiado. también en eso. Y no sólo en mi dirección, sino también en el otro sentido. Especialmente en el caso de mi madre, que en casi siete años nunca lo había hecho, y ahora se coge el metro y el autobús, y se planta aquí a verme al menos una vez por semana, cuando no son dos. La "disculpa" es la perra, claro, pero el caso es que viene, y yo también voy allí. Y también nos llamamos un montón de veces (vivan las llamadas nacionales gratis con el adsl), aunque sólo sea para contarle la última travesura de Lea o para preguntarme si me gustaba el bacalao con tomate, que va a hacerlo y quiere saber si puede guardarme un poco para que me lo lleve el próximo día.

Supongo que mi madre me echó mucho de menos aquellos años en los que nos tratábamos tan poco, aunque yo a ella no, para qué voy a decir una cosa por otra. A pesar de que me echara en falta, nunca me agobió en ese sentido, y yo se lo agradecí siempre. Yo tenía claro que la tenía ahí, igual que ella a mí, las dos sabiámos dónde estaba la otra, y echábamos mano cuando nos necesitábamos, lo cual era muy de tarde en tarde. Ahora las cosas son diferentes, y, como entonces, como siempre, ahí está.  De hecho es la única persona que ahora mismo está a mi lado de esa manera incondicional. ¿Lo normal en una madre? Pues seguramente, pero su presencia reconfortante no deja de sorprenderme, y no puedo evitar sentirme agradecida y muy afortunada.

8 comentarios:

conde-duque dijo...

Si es que las madres son la leche... (de buenas, claro)

Perdón por el comentario absurdo

Anónimo dijo...

Se cierra una puerta y se abre una ventana.
Me alegro de que disfrutéis de esta relación.
¡Enhorabuena a las dos!
AnónimaGolden

Teresa, la de la ventana dijo...

Pues no sé, Conde, habrá de todo, que también en esto hay mucho tópico...

Gracias, AnónimaGolden, es cierto. A veces hace falta que se cierre una puerta para decidirse a abrir una ventana que siempre estuvo entreabierta...

Babunita dijo...

Ay, es que las "abus" nos quieren mucho, en nuestro caso Hooker tiene una clara ventja de amor abuelero sobre mi, lo prefiere a él... snif, snif, snif...

Teresa, la de la ventana dijo...

Uf, ya te digo si la quiere. Además, mi madre siempre ha tenido muy buena mano con los canes, no hay ninguno que se le resista.

Alice se perdió dijo...

Creo que las madres son (o somos) siempre controvertidas. Yo acabo de estar 10 días con la mía y he acabado saturada... pero sé, que en muy poco tiempo, la echaré de menos. ¡Madre no hay más que una (gracias a Dios)!

Un beso muy fuerte,

Aroa dijo...

Jo, a mi me entra sentimiento de pérdida en cuanto pasa una semana sin que la vea...

Aprovecho para preguntarte: ¿cómo puede Lea vivir en Madrid y seguir siendo blanca?

Teresa, la de la ventana dijo...

Todo es cuestión de dosis, Arancha... :-)

Pues fácil, Aroa: le limpio las patas (que realmente es lo único que se ensucia, vuelve con ellas grises) con una esponja enjabonada, se las aclaro al chorro del grifo y se las seco con el secador. El morro, con agua, bien lavado, cada vez que vuelve de la calle. Y el resto del cuerpo, con una toallita húmeda especial perros y antimosquitos, cada día. Aún no la he bañado nunca, y está resplandeciente, como ves.