lunes, 23 de mayo de 2011

Festivaleros


Con éste que acaba de terminar, he asistido a once festivales de Cannes. Y no porque sea una cinéfila acérrima, de hecho nunca he estado en el de San Sebastián o en el de Sitges, que están más cerca. Las circunstancias familiares jugaron a mi favor y de pronto me vi en la Croisette, viendo películas coreanas y leyendo subtítulos en inglés y francés. Aquello fue en 1994, y desde entonces hasta ahora he podido observar lo suficiente como para tener claro cómo funcionan allí las cosas. Porque lo que nos llega en los informativos españoles sobre el Festival es sólo una parte. La más vistosa, la más glamourosa, pero no la única.

Y menos mal. Porque si el Festival fuese sólo la Selección Oficial y la sala Lumière, muchos lo ibamos a tener difícil. Pero por suerte, existe Un Certain Regard, La Semaine de la Critique, o la bendita sala Buñuel y sus sesiones de las 8.30 de la mañana. Igual que son múltiples y variados los tipos de gente que se mueve (nos movemos) por Cannes durante el festival.

Primero están los vips. La gente del mundillo. Directores, guionistas, técnicos y, por supuesto, actores. Entran y salen del Palais des Festivals como Pedro por su casa, con su acreditación por delante, bien sûr. Para eso los porteros de Cannes son inflexibles. Ya puedes ser Steven Spilberg en persona, que si no enseñas tu "badge", no pasas.

Luego están los del negocio. Distribuidores, dueños de salas, directivos de televisiones, productores. Los que manejan el dinero. Igual que los anteriores, es fundamental que entren y lo vean todo: de ello depende que mucha gente gane o pierda muchos millones de euros o dólares. 

Los periodistas son legión. Cada año, un poco más. Aunque también ahí hay clases. Las acreditaciones de prensa son de distintos colores, no sé si dependiendo del medio o de su importancia. Pero si eres periodista, lo tienes mucho más fácil. Entrarás siempre antes que la masa plebeya.

Si eres eso, gente, persona anónima sin relación profesional con el cine, te tocará currártelo de verdad. Demostrar que te interesa todo eso tanto como para aguantar colas, con esperas de más de una hora, y muchos chascos ante el "Complet" del portero cuando sólo quedan delante de ti diez personas. Si has sido hábil y te has hecho miembro de un club de cinéfilos y tu "lettre de motivation" ha sido lo bastante convincente como para que la organización del festival lo estime oportuno, tendrás una acreditación, de las más malillas, sí, pero suficiente como para que te den entradas y tengas alguna posibilidad de entrar en alguna sala. Y de ocupar algún asiento de los que queden libres después de que haya entrado la marabunta compuesta por los vips, los del negocio y los periodistas. Si eres hábil orgánizándote, puedes llegar a empalmar una película tras otra desde las 8.30, en bucle, a las 11.00, a las 14.00, a las 16.00, a las 19.30 y a las 22.00. Difícil y agotador, pero se puede. Otra cosa será el estado de tus neuronas al cabo de diez días a ese ritmo.

Y para terminar están los demás. Los que van a la buena de dios. Sin acreditación. Buscándose la vida en la Semaine de la Critique (allí dan las entradas a todo el mundo, sin necesidad de nada más que paciencia y buenas piernas: la sala Miramar está lejos de todas partes...). O comprando un bono de la Quinzaine des Realisateurs (pero eso no es realmente festivalero, en Cannes no se compran entradas...). O teniendo la suerte de que algún periodista desbordado o con prisa por llegar a una rueda de prensa se cruce contigo y te ofrezca una entrada para una película a la que no va a poder entrar y que empieza en diez minutos escasos. Así llevo yo vistas muchas películas, algunas nefastas, de dormir profundamente al fresquito de la sala, otras increíblemente buenas, de las de recordar durante mucho tiempo. Y la mayoría jamás se verán en España. Este año sólo han sido doce, la vez que menos. Y me he quedado sin entrar tres veces. Después de casi dos horas de espera, al sol. Eso sí, traigo de vuelta un moreno agromán interesantísimo, con tonos dorados de lo más chic, fruto de la brisa marina de la Côte d'Azur...

6 comentarios:

José Antonio Peñas dijo...

¿Has visto esta vez alguna peli que merezca la pena?

Teresa, la de la ventana dijo...

Pues sí. Afortunadamente, siempre hay, y más de una. Ir tantas veces me ha desarrollado un olfato especial para elegir y cada vez hilo más fino... Salvo una china que, ni fu ni fa ("Sauna on Moon") y una australiana excesivamente violenta ("Snowtown"), casi todas me han gustado. Aunque mis favoritas de este año han sido cuatro. Dos francesas ("17 filles" y "Les neiges du Kilimandjaro"), una argentina ("Las acacias") y una americana ("Take shelter").

Carmen dijo...

Dios mío, una lettre de motivation, estos franceses son la pera.

Babunita dijo...

Oh!! Nos alegramos taaaanto de todo!!

Sólo esperamos que Lea esté blanquita y no haya tornado en morena por el sol en las colas.

Teresa, la de la ventana dijo...

Ya te digo, Carmen. Son muy, muy particulares...

Lea ha pasado un festival muy accidentado. Entre el cambio de casa, el trajín del viaje, tanta gente por la calle y, lo peor, los dientes cayéndosele, ha estado bastante insoportable. Mi madre, la pobre, puede dar fe...

neoGurb dijo...

Jodé, qué pedazo envidia... Y uno mismo que raramente puede ir a las del cineclub de mi pueblo...