jueves, 2 de junio de 2011

Go straight on


Es curioso lo a menudo que la gente me para por la calle para preguntarme cómo llegar a un lugar determinado. Debo tener cara de lugareña, porque creo que no hay un día en que vaya andando por el pueblo y desde algún coche no me pregunten por Las Rozas Village o el Burgocentro, aunque alguna que otra vez también me hayan pedido cómo llegar a la Ciudad del Fútbol o el Tanatorio. La despistada de hoy era una peatona, cansada de dar vueltas, a sabiendas de estar cerca de su destino, pero incapaz de encontrar la dirección que buscaba. Una de tantas empleadas domésticas que llenan los autobuses verdes de mi pueblo. Amable y educada, como la mayoría de las que vienen de países hispanoamericanos. Me ha contado que se llama Alejandra, que es guatemalteca, y niñera de un bebé que, desde hoy, cuidaría en casa de la madre de su señora. Un punto cercano a mi lugar de paseo con Lea, así que en lugar de explicarle cómo llegar, cosa que tampoco yo tenía del todo clara, me he ido con ella. A mí lo mismo me daba que la perra trotase por el parque que acompañarla, y algo me decía que ella lo iba a agradecer. Así ha sido. La casa donde iba estaba muy cerca, así que no nos ha dado tiempo a charlar mucho. Cuando hemos llegado a la puerta de la urbanización, nos hemos despedido con una sonrisa. Hasta "Que Dios la bendiga", me ha dicho.

Debo ser muy simple, pero ese pequeño encuentro, inesperado y sin trascendencia, me ha alegrado la mañana.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

De simple nada, en todo caso cálida y acogedora.
AnónimaGolden

Teresa, la de la ventana dijo...

Qué va, AnónimaGolden. Yo soy muy tímida, no soy nada extrovertida para esas cosas, aún me alucina haber sido capaz de pegar la hebra con ella en la forma en que lo hice. Me pareció estar viendo a mi propia madre, que sí que es realmente sociable...

Noema dijo...

Pues yo creo que son precisamente estos "pequeños" encuentros los que más trascendencia tienen.
¡Me ha encantado!

Carmen dijo...

Bueno, es que no es muy normal lo que has hecho. Quiero decir, que no es muy frecuente. Creo que si se hubiera tratado de un español, se habría mosqueado, pensando que tú tendrías algún interés extraño.

De todos modos, tienes mucha razón en una observación que haces, y es la forma de hablar de los sudamericanos. Tienen expresiones que nosotros hemos perdido muy bonitas. Ese "que Dios la bendiga" es muy bonito, independientemente de las creencias de cada uno, porque expresa un deseo que sale de SU creencia más profunda. Hace no mucho leí que las buenas maneras y la amabilidad de trato estaba volviendo al comercio debido a que hay muchos dependientes sudamericanos, y ellos hablan mucho menos rudo y que nosotros, con nuestro castellano recio.

Teresa, la de la ventana dijo...

Pues sí, Noema. La verdad es que esas cosillas son las importantes. ¡Bienvenida!

Carmen, ¿tú crees que somos tan desconfiados los españoles? Me parece tristísimo. Aunque yo hubiera hecho lo mismo de tratarse una española, y me hubiese dejado con la boca abierta si me hubiese mostrado recelo. En cuanto a nuestra manera de hablar, no es que sea recio o seco, es que en demasiadas ocasiones es directamente maleducado, borde y hasta desagradable. Será por miedo, por las prisas de la vida moderna, o por lo que sea, pero yo no estoy dispuesta a dejar de ser amable. Me cuesta más trabajo ser borde, qué le vamos a hacer.

Gonzalo Viveiró Ruiz dijo...

Seguro que le has alegrado también a ella. Los sudamericanos y centroamericanos en general, tienen una educación y nos modales, en los formalismos, qe nosotros hemos perdido. Y gestos como el tuyo nos hacen parecer menos bruscos.