miércoles, 8 de junio de 2011

Irreversible


Creo que lo peor de todo es saber que nunca más estará. Lo definitiva y para siempre jamás que es la ausencia que provoca la muerte. El borrón y cuenta nueva que supone, desde el momento en que recoges sus camisas y las llevas a una iglesia, y el armario o los cajones parece que nunca tuvieron dentro otra ropa que la tuya, cuando en realidad la suya estuvo ahí durante más de seis años. Ir comprobando, día a día, mes a mes que, en efecto, la vida sigue, como si su presencia o su ausencia no aportasen nada en absoluto, como si quitar una pieza del engranaje no afectara para nada la marcha de la máquina. Y es posible que así sea, porque tú también sigues adelante, sin tambalearte. Borrando sus huellas poco a poco, de los suministros de luz o agua, por ejemplo, recibiendo cada vez menos cartas para él, preguntándote cuántos meses debes dejar pasar antes de quitar su nombre del buzón del portal. Y no pocas veces te acompaña la sensación de que tu vida de antes, la de la mujer acompañada de un hombre que ves en las fotos, es la de alguien que no eres tú. Y seguramente sea así, porque aquella otra y la de ahora sois dos personas bien distintas. Pero al mismo tiempo, eres la misma, igual que él sigue estando presente, continuamente, en cada detalle de la casa, en cada trayecto diferente por el pueblo que inventas para varíar el paseo matinal, por el que, también paseaste de su mano. 

Llevo varios días soñando con él. Sueños de viajes y actividades "normales", nada que ver con la época de enfermedad y declive. Y dentro del mismo sueño soy consciente de que no puede ser, porque lleva muerto más de seis meses, pero sigo adelante metida en la historia, protagonista y testigo simultáneo, a ver qué pasa, en que queda todo, aunque ya sé que terminaré despertando y sintiéndome alegre y triste al mismo tiempo. Alegre, porque soñarle significa recuperarle durante un rato. Triste, porque está claro que jamás volverá. No podré hablar nunca más con él, ni contarle lo que es mi vida ahora, no me regañará por como maleduco a la perra, ni me verá cada vez más vieja y achacosa, él, que ya siempre será un "jovenzuelo" de cuarenta y siete años.

Ahora entiendo mejor la película "Ghost". Y me temo que, si la vuelven a poner en la tele y la veo, voy a llorar a moco tendido de principio a fin...

16 comentarios:

Alice se perdió dijo...

Él está en ti, Teresa. No se ha ido del todo para ti mientras le sueñes y le pienses. A las personas, aunque estén vivas, no las podemos vivir (sólo nos vivimos a nosotros mismos, desde el principio al fin), pero sí podemos pensarlas y soñarlas para que existan para nosotros. ¿Por qué no disfrutar de ello hasta el fin?

Besitos, bonita.

blog marlei dijo...

Yo te leo y lo flipo. Nada más.
Me parece una barbaridad, una proeza, una auténtica gesta. Lo tuyo.
Tú, todos estos meses. Los seis últimos y los anteriores que no te leí tanto.
Lo flipo.
Yo escribo, una vez más...mucho ánimo, y me parece que es un poco vacio. Pero lo escribo.
No lo es. De verdad.
Mucho ánimo.
Un abrazo,
Marlei.

Patito dijo...

Mira pues en el momento que se me ocurre entrar en tu blog y ¡Plaf! Una entrada que me ha dejado boquiabierta, con el alma en un hilo y pensativa, muy pensativa. Tal como lo titulas la muerte es "irreversible" pero los buenos momentos, el amor que se vivió, lo que se aprendió de él. Eso es para siempre. Y hay personas que se pasan toda la vida sin poder sentir ese amor, esa mano junto a la propia caminando un mismo camino. Un abrazo.

Jesús Miramón dijo...

Qué difícil dejar un comentario en tu texto de hoy.

Victoria dijo...

No tengo palabras que escribir. Cualquier cosa que dijera sonaría vana. Un beso.

Portorosa dijo...

Un abrazo muy fuerte, Teresa.

(la vida sigue, como si su presencia o su ausencia no aportasen nada en absoluto, como si quitar una pieza del engranaje no afectara para nada la marcha de la máquina.

Eso puede ser cierto de lejos, pero no de cerca. Un beso.)

Miguel Baquero dijo...

A mí me pasó algo parecido cuando falleció mi abuelo (que me crió como si fuera mi padre), que lo estaba sobrellevando muy bien hasta que tuev que vaciar los armarios

José Antonio Peñas dijo...

Lo entiendo. Yo sueño con mi padre, y disfruto mucho de esos sueños, mientras volvemos a hablar, a pasear, a reírnos juntos. Al despertar soy consciente de que sólo es un sueño, pero me siento un poco... ¿mejor?... en realidad no, porque no estoy mal antes de soñar, pero quizás más animado, con más ganas de hacer cosas.

angela dijo...

Es normal lo que te ocurre, y no dudes de que está contigo. A medida que pasa el tiempo, el hueco es mayor. Háblale y siéntele. No dudes que él te acompaña y te ayuda. Un saludo.

Paco Principiante dijo...

Con 17 años escribí esto: "Nunca he llagado a aceptar la muerte de alguien a quien quiero. Solo me acostumbré a su ausencia" Estoy a punto de llegar a los 40 (¡vaya, 40!) y sigo pensando lo mismo, y con más "bajas" a mis espaldas, o a mis recuerdos.
En estos casos, recibo con resignación las palabras de ánimo, pero me cansan. Alguna vez estuve tentado de decir: "NO, estoy JODIDO y quiero seguir estando JODIDO. Hasta que me canse. Así que apártese de mi lado" Pero no me enseñaron así...
Prefiero el que se acerca, me toca, si acaso me sonrie, y se va. Eso es lo que yo hago.
Reconozco además que tengo envidia, de la mala. Cuando escucho a alguien decir: "Estoy muy triste, mi abuelito/a se ha muerto con 92 años", me entran ganas de insultarle. Pero me reprimo. En el fondo comprendo que, por muy mayor que sea, el hecho no verle más ya es difícil. Pero mi primer impulso es de responderle: "No sabes lo que dices...".
Bueno, se ve que tengo un trauma por superar (y eso que soy benévolo, tengo innumerables). No pienso ir al psiquiatra.
Espero con esto haberme acercado, haberte tocado, sonreido levemente, y haberme marchado sin decir nada, o más bien poco...

Ángela M. dijo...

Teresa, sé muy bien de lo que hablas: estuve ahí, en el mismo sitio donde estás tú ahora, hace ya 15 años.
Fue difícil, fue largo, fue doloroso, pero me recompuse.
Ahora, de nuevo, soy feliz.

No dijo...

No puedo decir más que...ánimo!! y un beso enorme ;)

Anónimo dijo...

Ya te lo dije ayer, nunca he sabido que decirte y sigo sin saberlo...
Vicent.

Teresa, la de la ventana dijo...

No espero recibir la solución mágica, ni la llave para abrir la puerta correcta, la que lleva a la felicidad y borra lo malo, porque no existe. Así que no os sintáis mal o yo terminaré por no escribir lo que me pasa. Y no quiero llegar a eso.

Esto también es parte de la vida. Lo que pasa es que no nos educan para aprender a vivirlo.

el chico de la consuelo dijo...

Mucho animo!!
Son momentitos solo de bajada que cantaba extremoduro
Duroa pero inevitables
besos

neoGurb dijo...

Todo lo que dices es así. Ahora mismo tengo el maletero del coche lleno de ropa para llevar a las monjitas del asilo. Es a mi padre a quien le ha tocado vaciar armarios.

Yo aún no sueño con mi madre. Creo que cuando empiece a hacerlo será cuando empiece a aceptar su irremediable ausencia.

La máquina sigue su funcionamiento, por más que falte una pieza. Parte de lo que debemos aprender es la infinitesimalidad de nuestras vidas y de todo lo que las compone, incluyendo aquellos a los que queremos y nos quieren.

Abrazos.