lunes, 27 de junio de 2011

Tiempo al tiempo


Y sin embargo, es una felicidad breve, a fogonazos, cogida con alfileres, frágil. Salpicada de otros momentos completamente distintos. Raros. De esos en los que te preguntas "¿Pero qué me pasa? ¿Por qué estoy así, pesarosa, tristona, si no me ha pasado nada?" Te sientes incapaz de explicar las razones de un abatimiento tan repentino como pertinaz. Pero cuando lo piensas bien, es mucho más sencillo de lo que quieres creer. Las razones están ahí, no han dejado de estar desde hace tiempo, aunque tú te las vayas apañando para convivir con ellas, y pasar por su lado mirándolas de frente, sin pestañear, como si no te afectaran. Pero claro que te afectan, en lo más hondo, donde quizás no se vean a simple vista, pero no por eso dejan de estar vivas y frescas, como en conserva. Y esa tristeza tonta, sin razones, no es más que su ausencia pura y dura, mezclada con un cierto sentimiento de culpa, de estar mientras que él no puede, disfrutando de sus cosas, que ahora son tuyas, viendo sus huellas a cada paso, y comprobando que aunque tú pongas el pie encima no encaja. Escuchas sus discos, y aunque quieras hacerlos tuyos, no puedes: esa música es la de él, y jamás hubieses llegado a ella sola. Piensas en vacaciones, en lugares nuevos que descubrir o viejos que revisitar, y la ilusión, ese ingrediente tan importante, no aparece por ningún lado. ¿Dónde voy sola y para qué? 

Y no te queda otra que aguantar el chaparrón, porque, mal que te pese, sabes que tiene que ser así. Porque sigues en duelo, y el tiempo, ese que todo lo cura, necesita margen para hacer bien su trabajo. Suavizar las aristas, hasta que ya no pinchen, y sin olvidarle poder mirar de frente su recuerdo sin que te duela tanto. Sin sentirte culpable de estar viva, sino contenta y egoistamente feliz de no haber sido tú la difunta. Cogiendo las partes buenas, y arrinconando las malas, que ahora, todavía, te asaltan demasiado a menudo, despierta y dormida. Y duelen. Y entristecen. Sin motivo aparente, pero con las razones más contundentes.

5 comentarios:

Alice se perdió dijo...

Teresa, el mail que te he enviado esta mañana con tanto retraso, te lo he escrito porque el sábado sentí que te leía el pensamiento (la verdad es que casi no te dejé hablar, por eso más que escuchártelo tuve que leértelo). No tengo poderes sobrenaturales, no te creas: lo que te está pasando es normal. Lo anormal es lo valiente que eres.

El mío es un duelo elegido, el tuyo, en cambio, es impuesto y hay que ser muy fuerte para llevarlo con la entereza con la que tú lo llevas.

Un beso inmenso,

Teresa, la de la ventana dijo...

No he recibido nada, Arancha. Ahora me lo tendrás que mandar de nuevo, porque me tienes intrigada.

Sé que es lo normal, pero, chica, eso no lo hace menos jodido...

Miguel Baquero dijo...

Ánimo, Teresa... el tiempo pasa sin que nos demos cuenta, y el día menos pensado descubrirás que, de pronto, te vuelven a hacer ilusión las cosas

Ángela dijo...

Dices "dónde voy sola y para qué".
A cualquier parte, a una ciudad que te atraiga. Para qué, para aprender a estar sola, a disfrutar de las cosas sola, a ser feliz sola, a descubrir quién eres sola, a conocerte sola.
Aunque no aparezca la ilusión, hazlo por disciplina. La ilusión llegará cuando encuentre un hueco en tu corazón.
Sabes que no estás sola, ¿verdad?
Un abrazo.

Teresa, la de la ventana dijo...

Ya lo sé, Miguel. De hecho, tengo ilusiones, aunque en algunas cosas me falta esa chispa que sólo se enciende cuando son dos los que entrechocan. Como dice Angela, llegará el momento en que tendré que apañarmelas sola también en esas cosas, pero aún no es así. Sólo hace siete meses, y aún estoy en la época "es la primera vez sin él que...". Tampoco hay que pedir peras al olmo. Yo no lo hago. Todo irá encajando poco a poco, así les ocurre a todos los que pasan por algo similar, sé que no soy especial en eso.