domingo, 10 de julio de 2011

Diez


Este verano ando desganada en lo que a labores se refiere. Y sin embargo, soy incapaz de ponerme a ver la tele sin hacer algo con las manos... Hace muchos meses que tengo una bolsa de patchwork para mi madre a medias, y lo peor es que no hay ninguna posibilidad de que me ponga a ello por ahora. Del punto de cruz quedé harta hace tiempo, y sigo empachada, de tanto como hice. Tengo un buen stock de ovillos para chales y bufandas que quiero ir preparando como regalos de navidad, pero tejer lana en este tiempo es algo así como un suicidio masoquista al que no estoy dispuesta. Así que lo único que me queda son las vendas de algodón. Ya tengo unas cuantas, y a lo tonto, a lo tonto, la bolsa donde las guardo sigue engordando, porque son muy fáciles de hacer y terriblemente agradecidas. No dan calor, las coges y las sueltas sin pensar, ni contar puntos, ni nada de nada. Pero lo mejor es que tienen un sentido, un objetivo, alguien que las necesita de verdad. Cuando tenga algunas más, las enviaré a la asociación de La Rioja donde se encargarán de hacerlas llegar a quien las necesita: los leprosos de la India.

1 comentarios:

Miguel Baquero dijo...

Siempr eme ha parecido muy entrañable la imagen de una mujer tejiendo