sábado, 9 de julio de 2011

Nueve


Que me guste tanto comprar libros baratos es un arma de doble filo. Por un lado, disfruto un montón encontrando gangas ("El caballero encantado, de Pérez Galdós y "La piedra filosofal", de Iñaki Uriarte, por un euro cada uno). Por otro, viendo cosas así, se me quitan las ganas de ponerme a escribir. No porque en algún momento de mi vida haya esperado poder ganar algo escribiendo (de hecho, las ventas de mi libro en Bubok me habrán dado unos escasos cincuenta euros, si es que llega...). No. Pero me parece terrible e injusto que tantísimas horas de trabajo, tanto esfuerzo y desgaste de mente y de vida, tanto coste de soledad como supone crear una novela se reduzca un simple euro. No hay que confundir valor y precio, por supuesto, pero un precio tan bajo termina por quitar valor al objeto. Y no todo el mundo es como yo: la mayor parte de la gente jamás se pararía ante una pila de libros a un euro, porque pensarían que ahí sólo puede haber mierdas que nadie compró y que por eso dan tan baratas. Y puede ser que muchos de ellos sean malos libros. De hecho, muchos los dejaré a medias, y los liberaré en Bookcrossing. Pero incluso el peor de ellos, en algún momento, tuvo el apoyo de alguien que confió en su autor y apostó por editarlo. Y mucha gente se movió y trabajó para llevarlo a cabo. Desde el lado del autor no puedo evitar sentir mucha pena: ver tu libro ahí, en la estantería de libros a un euro, debe ser terrible. Como para replantearse lo de escribir o dejar una tarea tan ingrata a los demás. Y limitarte a disfrutar de las rebajas.

2 comentarios:

Paco Principiante dijo...

A mi, en una temporada de mi vida en la que me hubiese gustado dedicar a la música, pensaba que el mayor de los fracasos era ver mi trabajo vendiendose de saldo en una gasolinera. Compartiendo cartel en esos expositores que dan vueltas entre una cinta de Marchas Militares y otra de las Grecas.
Al lado de otro expositor con peliculas porno...
Una pesadilla, vamos.

Teresa, la de la ventana dijo...

Es que es muy triste, Paco, ¿verdad?