miércoles, 6 de julio de 2011

Seis

Sigo manteniendo abierta su cuenta de correo, (desviando los mensajes entrantes a la mía), porque ahí está mucha de nuestra historia, especialmente la de los últimos tiempos, y porque aunque ahora no me atrevo a entrar, sé que llegará un día en el que no sólo pueda hacerlo, sino que me hará falta, y tendré que volver sobre aquellos momentos de mi vida, los peores. En todos estos meses no ha llegado nada, ni un solo mensaje para él, ni siquiera spam (el sistema anti-basura de Gmail funciona muy bien). Silencio absoluto. Sepulcral (nunca mejor dicho...). Hasta hoy. Un antiguo cliente necesitaba su ayuda para un tema de trabajo. Ha sido extraño y triste tener que responderle dándole la noticia. Pero reconozco que más desolador me ha parecido la posibilidad de verme un día en su lugar, siendo yo la fallecida. Y, aunque suene chocante, he vuelto a envidiarle. Como muchas veces a lo largo de su enfermedad. Porque él, a pesar de llevarse la peor parte, me tuvo a su lado, y, estoy segura, eso le facilitó mucho las cosas. Desde el primer momento hasta el último. Y, hoy se ha demostrado, después tambien. Por cuestión de imposibilidad, yo no tendré la suerte de tenerle conmigo cuando llegue mi hora. Cuando más le necesite, tendré que arreglármelas sola. Y esa es una de las pocas cosas que, después de más de tres lustros a su lado, puedo echarle en cara. Y no se lo perdonaré nunca.

9 comentarios:

Anónimo dijo...

Seguro que él no podrá estar en tu final, pero eso no quiere decir que tu vayas a pasarlo sola, eres joven y te queda mucho por vivir aún.

Sigue como hasta ahora, dejando que las cosas fluyan por si mismas, quien sabe lo que te deparan los años venideros.

Vicent

Teresa, la de la ventana dijo...

Efectivamente, Vicent, no sé qué pasará en el futuro. Pero lo que sí sé es que aunque no me muera sola, echaré de menos tenerle a mi lado, a él, como yo estuve al suyo.

Peque dijo...

Estoy convencida de que a él no le ha gustado nada hacerte pasar por este trance, si hubiera podido se habría cambiado por tí.Échale le culpa a las circunstancias, a la vida o a lo que sea, pero no a él
Un abrazo.

Fauve, la petite sauvage dijo...

Uf.
Saludos.

Teresa, la de la ventana dijo...

No le echo la culpa, Peque, pobre, bastante desgracia tuvo. La primera y única víctima, además de manera literal, es él. Si esos años tan malos fueron el precio de haberle conocido y haber vivido con él el tiempo que lo hice, lo pago con gusto. Pero eso no quita para que piense y vea lo "injusto" que es de cara a mi propio fin que él se haya ido antes. Porque precisamente por lo duro que fue, dentro de lo terrible que fue todo, tuvo la suerte de vivirlo conmigo a su lado. Y yo no le tendré a él.

Bienvenida, Fauve.

Patty dijo...

Teresa deja que pasen los días, los meses, poco a poco se irá yendo de tu mente porque en el corazón lo tendrás eternamente aunque vuelvas a rehacer tu vida..... besos **

Miguel Baquero dijo...

No te enfades, tú eres muy capaz de salir muy triunfante de todo

Teresa, la de la ventana dijo...

Ya, ya lo sé, Patty...

A la fuerza ahorcan, Miguel...

Ángela dijo...

Teresa, no había venido por aquí últimamente, y ahora me estoy poniendo al día.
Mi comentario a esta entrada es este: con los hombres nunca se puede contar. Tú me entiendes.