jueves, 7 de julio de 2011

Siete


Me aburro... Con todas mis fuerzas. Tanto como cuando era pequeña y, desde julio ya contaba los días para que llegara septiembre y poder volver a la normalidad. El calor me anula, me mantiene la mente y el cuerpo al ralentí, y me recluye en casa, al abrigo del aire acondicionado. O me obliga a ir de tiendas, cosa que odio y que evito por no sentirme idiota haciendo algo que no quiero hacer. Y no sé cómo llenar tanto tiempo a mi disposición, quizás porque ya he agotado toda mi creatividad a ese respecto, y estoy tocando fondo irremisiblemente. Leer. La lectura se ha convertido en algo que asocio a lo único que te queda cuando no puedes hacer mucho más que eso, cuando necesitas ocupar las horas como sea. Es por eso que cada vez más y muy a mi pesar, leer, lo que antaño fuese una de mis grandes pasiones desde cría, esté ahora mismo en difícil equilibrio en una cuerda floja y a punto de caer del lado del aborrecimiento. Empiezo libros, y los dejo a medias. Y hago trampa con mi lata de libros pendientes, saco uno, no me interesa, digo "Otro más, y ya sí", pero tampoco, y vuelvo a engañarme cogiendo un tercero, y entonces sí. "Pues ese". Y quiero disfrutarlo, que me guste, que me enganche, pero sé que el verano, ese enemigo con cara de simpático y encantador, pero cabroncete en el fondo, volverá a jugármela. Y, como antes, esperaré con ganas septiembre. Porque, igual que entonces, este otoño volveré a clase.

Sí. No puedo evitarlo. Fui y, me temo que siempre seré una empollona.

6 comentarios:

Victoria dijo...

A mí me ocurre igual. El verano me deja bajo mínimos. Hago los recados bien temprano para poder estar en casa al "abrigo" del aire acondicionado todo el día y salir sólo cuando es muy necesario. No entiendo la buena prensa de esta estacíón calurosa que te deja con la tensión por los suelos. Espero con ansia que llegue septiembre, es el inicio de todo. Un beso Teresa.

Teresa, la de la ventana dijo...

Y estar en casa así, por obligación, es como estar encerrada en contra de tu voluntad, Victoria, como estar bajo arresto domiciliario o algo parecido. A mí me agobia muchísimo, casi tanto como el calor mismo. Yo también estoy en contra de que llamen "mal tiempo" al que para mí es bueno: fresquito, lluvias, cielos grises... Ays. Quizás debería mudarme más al norte, ¿verdad?

Victoria dijo...

A primeros de septiembre me voy a Galicia, me quedan dos meses de calor agotadora. Ojalá pudiera irme a pasar toooodo el verano al norte. Vivo en Córdoba así que imagínate lo que me queda que pasar.

Paco Principiante dijo...

Vaya Teresa, y a mi que me faltan vidas!!!
Durante un par de años estuve tan, tan, tan estresado laboralmente, que consideré el aburrimiento como una bendición.
Me gusta hacer de todo, incluso no hacer absolutamente nada, ¿no se dice en francés el "dolce far niente"? Es como más disfruto.
Sin embargo, aquí me tienes, a las dos menos algo, y todavía brujuleando. Si quiero disfrutar de muchas cosas, ese es el precio que tengo que pagar...
(mañana a las 6:30 AM suena el despertador)

Toy folloso dijo...

Cuando dejas libros a medias porque no te llenan, quizás sea un síntoma de madurez, de que ya estás lista para escribir TU libro.
¿El guión?.
Está chupado.
Otro día te cuento como.
(Si yo escribiera con tu pulcritud....).

Teresa, la de la ventana dijo...

Yo también viví lo contrario durante mucho tiempo, la falta de tiempo. Y te aseguro que las ganas de hacer cosas es inversamente proporcional a la disponibilidad de tiempo, Paco. Por cierto, ¿Por qué has borrado tu blog? Ha durado menos que una traca...

Ays, Toi... Mi libro... Ahí está, parado en el capítulo tres. Otro día te cuento por qué...