domingo, 31 de julio de 2011

Treinta y uno

Ayer volví a la montaña. Sola. Es decir, sin él. Porque sola, precisamente no estuve. Ni me sentí. Nada más llegar al punto de encuentro, me abordó una chica, se presentó y me dio dos besos. El resto del grupo de Atuaire fue igual de simpático y abierto. La excursión, de las fáciles, me resultó durilla, debido a la falta de fondo que arrastro después de más de tres años de no haber salido al monte. Pero bueno, tiré bien, no fui de las peores. De hecho, no me he desanimado, ya estoy mirando las excursiones de la semana que viene en esta y otras agencias de las que me hablaron varias personas. 

Andar por el campo, con la mochila, fue extraño sin tener su espalda delante de mis ojos, pero no fue penoso. Porque sabía lo mucho que le hubiese gustado verme allí. Madrugando, juntandome con desconocidos, esforzándome, disfrutando del esfuerzo, deseando repetir.

Lo pasé bien, no voy a negarlo. Pero, también lo confieso, estoy deseando poder dejar de cerrar capítulos que, por mucho que terminen saliendo bien, no dejan de ser momentos difíciles de vivir. Supongo que eso no pasará hasta que pase un año completo desde que me dejó.


6 comentarios:

Juanjo_ML dijo...

Pasará cuando tenga que pasar, los años sólo son una cosa que nos hemos inventado los humanos. Mientras, disfruta todo lo que puedas de las grandes y de las pequeñas cosas porque ya sabes que el tiempo es un regalo.
Me alegro de que lo pasaras tan bien, besos.

Anónimo dijo...

Opino como Juanjo, pasará cuando ya no quede absolutamente nada que te lo recuerde y eso no ocurrirá nunca, cerraste hace unos dias el episodio de ir de excursión al monte pero han sido demasiados años compartiendo otros momentos.

Lo realmente bueno es la predisposición que tienes a ir superándolos conforme se vayan presentando, el cómo y no el cuando es lo importante.

Vicent.

PD. Seguro que no opinas lo mismo y lo rebatirás en otro comentario, pero me da igual porque yo si que pienso seguir hablándote... :-)

Teresa, la de la ventana dijo...

Una cosa es recordarle, eso será algo permanente, lo sé y no me importa, es más, quiero que sea así, porque lleva toda la carga buena de lo que fue mi vida con él, que fue muy grande. Otro asunto muy distinto es tener que ir cerrando asuntos pendientes, esas "primeras veces" tan penosas e ineludibles que supone enfrentarlas sola, pero con un punto de referencia demasiado cercano en el que todo era de otro modo. Esas las voy solucionando sobre la marcha, efectivamente, tal y como llegan, y llegará un momento en el que terminen. Y eso es algo que nada tiene que ver con los recuerdos que llevaré conmigo siempre, más allá de objetos, lugares o personas relacionadas con él.

Ángela dijo...

Estoy contigo, Teresa.

Portorosa dijo...

Hola. También yo creo que esa primera vez que se repite una fecha nos afecta un poco más, y sirve para probarnos.
Un beso, Teresa.

Teresa, la de la ventana dijo...

No, Porto, no hablo de fechas-aniversario, sino de cosas que has de hacer por primera vez sola después del fallecimiento de alguien muy cercano. Hay muchas, muchísimas, en función de lo cerca que hayas estado del muerto. Y puedes afrontarlas y pasar el trago, o eludirlas y dejar de hacerlas para siempre. Una vez hechas esa primera vez, todo se normaliza, aunque aún te duela y no puedas evitar recuerdos de tiempos mejores, pero ya es diferente, porque es lo que hay, y lo aceptas.