viernes, 1 de julio de 2011

Uno

 El cine de verano se llenó, de niños, sobre todo, porque realmente está pensado para eso. Las películas que ponen son para todos los públicos, es decir, para niños, aunque soportables para los adultos. Creo que ayer vi por primera vez entera "La princesa prometida". La había visto mil veces a trozos, montones de tardes de sábado o domingo zapeando, viendo que ya estaba empezada y enganchándome a la historia, o bien al revés, viendo un poco, pero dejando que me venciera el sopor de la siesta. Pero ayer la vi enterita. De cabo a rabo. En una gran pantalla, al aire libre, con una brisita deliciosa y rodeada de familias con sus vástagos y de adolescentes exprimiendo por primera vez el zumo de la independencia de sus catorce años. Y tengo que decir que me gustó mucho. Especialmente por lo bien que ha envejecido. No en vano es una película de 1987, nada menos que una película de los años ochenta, unos años que tan viejunos y horteras parecen ahora cuando revisas videos musicales o ves fotos de cuando cumpliste los quince. Pero la cosa medieval no deja de ser un clásico, y como un cuento de hadas clásico se conserva y se mantienen por encima del tiempo las desventuras de Iñigo Montoya o las vicisitudes del amor verdadero entre Westley y Buttercup.

Ayer también terminé el libro de Javier Pérez Andújar "Todo lo que se llevó el diablo" (por cierto, nefasto el título: yo soy incapaz de retenerlo, y lo peor de todo es que no tiene mucha razón de ser, pero bueno...). La historia de un grupo de maestros de las Misiones Pedagógicas republicanas me ha gustado muchísimo. Por lo que cuenta, un episodio que desconocía de una época, la anterior a la Guerra Civil, enormemente atractiva para mí, por lo olvidada y clave para lo que sucedió después, pero también por cómo lo cuenta. Aquellos años previos explican mucho de lo que pasó y también mucho de lo que incluso hoy sigue pasando en este país. Y esta novela lo relata de una manera increíblemente creíble, entretenida y, lo mejor de todo, picando tu curiosidad y empujándote a saber más de todo aquello. Y no, no es más de lo mismo, porque se remonta precisamente a lo que muy pocas veces se ha contado: qué estaba pasando en la España en los años treinta para que la mitad de un país terminara por enzarzarse en una guerra contra la otra mitad. Y no, tampoco es una novela histórica más: es ágil, muy divertida, emocionante, está muy bien escrita y tiene frases de esas que te dejan pensativa durante un rato largo. Me he quedado con ganas de leer más de este autor. Tanto que he pedido en la biblioteca que compren su primera novela, "Los príncipes valientes". Y el libro de Manuel Jabois, también.

Os dejo una entrevista con Pérez Andújar, en la que habla del libro. Va del minuto 7:00 al 11:35.

7 comentarios:

Anónimo dijo...

Me encanta tu propósito de volver a escribir más a menudo, como cuando me enganché a tu blog y a todo lo que ello ha traído tras de si.
Vicent.

Teresa, la de la ventana dijo...

A mí también me hace ilusión el proyecto, Vicent. A ver qué tal sale.

Alice se perdió dijo...

Me encanta tu iniciativa diaria!

Paco Principiante dijo...

Me alegra que hayas tomado esta decisión precisamente hoy, porque precisamente hoy estreno blog: http://lacigarraenelhomiguero.blogspot.com/
Es muy básico, y me doy cuenta de lo poco que sé de estos berenjenales, ya iré aprendiendo, pero empiezo a ser consciente de todo lo que sabéis y que yo desconozco íntegramente.
Saludos.

Tienes la primicia: eres la primera en saberlo.

Miguel Baquero dijo...

Tienes razón en que se esa época a lo mejor no está lo suficientemente (y neutralmente) descrita; todo parece empezar en el año 0 desde unas posiciones muy definidas...

Naray dijo...

Me encantan los cines de verano. Me traen muchos recuerdos de mi infancia, de los veranos en la playa o en el pueblo de mi padre.

Teresa, la de la ventana dijo...

Así es, Miguel. Y lo mismo pasa con antes de la IGM y entre ella y la segunda. Son momentos en los que debían pasar muchísimas cosas para que dieran lugar a lo que pasó luego, y sin embargo son un agujero negro. Vacío.

Es que tienen mucho encanto, Naray. La misma película tiene otro sabor. Por cierto, bienvenida.