miércoles, 20 de julio de 2011

Veinte

 Volver a casa siempre es un gusto. Siempre. Aunque sólo se trate de una semana, la sensación para mí es siempre especial. La casa parece más grande, más clara, más bonita. Es como si me diese cuenta de que mi vida, mis cosas, son mejores de lo que creo ser consciente cuando estoy dentro de ellas. Aunque haya que colocar, lavar y planchar ropa, y las primeras horas sean un añadido al agotamiento del viaje, cada vez que regreso no puedo evitar sentirme de nuevo a salvo.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Seguro que Lea también ha echado de menos sus discusiones con los electrodomésticos, o hay algo en el coche a lo que le ladre?

Vicent

Teresa, la de la ventana dijo...

Lea ha sido un suplicio durante estos días, de lo descentrada y nerviosa que andaba. Para ella volver ha sido aún mejor que para mí.

En el coche, se porta muy bien, no dice nada, se pasa el tiempo durmiendo. Y en la cocina ya no tiene enemigos, al contrario: adora al lavavajillas y a poco que me descuido se mete a chupar los platos sucios.

Diva Gando dijo...

Es cierto, en casa se está a salvo.