viernes, 22 de julio de 2011

Veintidós

Poco a poco voy deshaciéndome de objetos que me duelen. Sabía que pasaría, era cuestión de tiempo, aunque no lo he forzado, ha sido así. Son cosas cargadas de demasiados recuerdos, de los que se clavan. Y ya llevo conmigo demasiados, de esos que no puedes meter en una caja y bajarlos al trastero, porque te persiguen allá donde tú vayas. Se trata de objetos cotidianos, que elegimos, compramos y nos acompañaron a los dos y que, aunque están llenos de momentos felices, ahora no puedo usarlos sin pensar en la mala suerte que tuvimos. Y puede más la tristeza, un lujo que no puedo permitirme. Porque no quiero que esos buenos recuerdos de tiempos mejores se ensombrezcan. Así que voy sustituyéndolos por cosas sin historia, vírgenes, nuevas, que espero llenar de contenido yo sola. Hoy, por ejemplo, he comprado platos y vasos nuevos. Mañana llevaré nuestras viejas maletas al Punto Limpio.

4 comentarios:

Jesús Miramón dijo...

Bien hecho, Teresa. No lo has forzado, ha sido así, será así, como debe ser. No debería suceder porque te conozco desde hace ya mucho tiempo, pero continúa sorprendiéndome tu inteligencia respecto a todo esto, tu sentido común lleno hasta arriba de sentimiento y sensibilidad.

neoGurb dijo...

Desde luego que haces bien. Mi madre murió hace un par de meses, y estuvo atendida en todo momento por la gente de cuidados paliativos. Son personas que hace de la agonía ajena su trabajo cotidiano, y al menos en nuestro caso, lo hacen de un modo amable y dulce, y pese a ello con enorme profesionalidad. Una de las primeras cosas que le "mandaron" a mi padre que hiciera después era vaciar los armarios. Si ellas no se lo hubieran dicho, probablemente no lo hubiera hecho. Y veo hasta qué punto le vino bien, y me sorprendió su actitud: pensé que para él significaría una especie de traición o así, y que se negaría. Sin embargo, lo ha ampliado incluso a esos otros pequeños trastos que ella nunca quería tirar, y para él se ha convertido en un quehacer más, y le está ayudando a ordenar su vida de un modo que nunca hubiéramos creído.

Como siempre, demuestras tu sensatez e inteligencia. Y esa sensibilidad que, como un hilo, enlaza las historias de tus posts.

Alice se perdió dijo...

Teresa, ¿me enseñarás a hacerlo? No seré tan fuerte como tú, pero tendré que empezar a hacerlo dentro de poco.

Teresa, la de la ventana dijo...

Hago lo que puedo, Jesús. Nadie sabe cómo actuará ante algo así hasta que te toca. Pero no se te olvide que si lo estoy llevando tan bien es en buena parte gracias a cómo él mismo me preparó para ello...

Neo, yo he llevado toda su ropa a la iglesia, todas estas otras cosas no son suyas realmente, sino de los dos, y unas por excesivamente cotidianas (la vajilla) y las otras, por lo opuesto (maletas y bolsas) llevaban consigo demasiadas historias, demasiada vida común que me saltaba a la cara a cada momento o me estropeaba el viaje. Y no. Gracias por lo de sensata, pero es sólo cuestión de egoismo, de no dejarme abatir.

No puedo, Arancha. Como decía antes, esto es algo que sólo puedes afrontar con tus armas cuando te toca. Y estoy segura de que tú tienes las tuyas propias. Sin ir más lejos, tienes dos con las que yo no cuento y que mueven el mundo sin palanca: tus hijos. Y la fundamental, que de cerca que está a veces ni la vemos: tú misma.