martes, 26 de julio de 2011

Veintiseis


Sigo moviéndome, buscando maneras de seguir andando, esta vez en el más estricto sentido de la palabra. Llamo a gente, quedo para comer, para desayunar, para ir a un concierto. También me he apuntado a una excursión de Atuaire, viejos conocidos con los que, años ha, fuimos un par de veces a la sierra, con raquetas de nieve. Será el próximo sábado, a Gredos, y aunque parezca sólo una salida a la montaña es mucho más. Para empezar, me ha obligado a, otra vez, bajar al trastero a buscar el material. Sacar de sus cajas botas, cantimploras, chubasqueros, mochila. Enfrentarme, de nuevo, a lo que nunca más volverá a ser igual, pero puede seguir siendo de otras maneras. Deshacerme de cosas que ya no sirven. Afrontar la realidad cruda, pero cierta, de que ahora, para muchas cosas, no cuento más que conmigo. Y que si quiero que me pasen cosas, tengo que hacer que ocurran. Aunque a veces la tentación de la pereza sea grande. Y el vértigo de hacerlas sola, considerable.

2 comentarios:

Ángela dijo...

¡Qué bien, a Gredos! Esas botas tienen muy buena pinta.

Teresa, la de la ventana dijo...

También es una vuelta, Angela, pero igualmente necesaria. A ver qué tal.