miércoles, 27 de julio de 2011

Veintisiete

Madrugo mucho sin querer y sin deber, lo cual hace que a la hora de la siesta caiga como un fardo. Una hora, hora y cuarto de sueño me permiten tirar de mí el resto de la tarde. Hoy me he intentado aguantar, pero ha sido inútil: me he tenido que tumbar a las cuatro y media, y he emergido a las seis y cuarto.

Este está siendo un verano como es debido. De dolce far niente, horchata (probé la Amandin que recomendaba Carlos Dube y estoy con él: m-a-r-a-v-i-l-l-o-s-a), y muchos proyectos de cara a septiembre-octubre.

Estoy contenta, sí.

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