miércoles, 24 de agosto de 2011

Autoconocimiento


Poco a poco, voy tomando las riendas de mi vida, y la sensación es buena. Quizás porque ya he perdido el vértigo inicial que me producía esa responsabilidad, la de sólo contar conmigo y tener frente a mí la mitad de mi vida por llenar. Pero cuento conmigo, y no me va mal, no soy mala compañera de ruta. Decir que estoy aprendiendo a convivir con mi soledad no sería del todo exacto, porque no me siento sola, aunque lo esté. O mejor dicho, la soledad no me pesa, es parte de mi circunstancia actual, y no la vivo como un problema, ni siquiera como un mal menor. No me siento desgraciada estando así es más, disfruto de una cierta felicidad que quizás no brille como lo haría una felicidad compartida, pero que no deja de tener su aquel. Estoy sorprendentemente bien. ¿Que podría estar mejor? Es posible. Pero me siento segura y capaz de seguir adelante así o de otra manera, y eso me parece una ventaja indudable. Mi capacidad de adaptación no significa que no tenga mis preferencias, pero sí que lo que otro vería como una contrariedad para mí sólo sea un cambio en las circunstancias que me obliga a replantearme la situación. Algo que tantas veces me ha tocado hacer, y que he hecho con éxito. Cuando he podido he elegido un camino frente a otros, pero no siempre se puede optar entre varias alternativas. Y esa certeza, que podría tomarse como una fatalidad, algo así como una maldición que termina arrastrándote en contra de tu voluntad, yo la he terminado por convertir en un punto de partida lúcido, algo en que apoyarme para vivir las contrariedades que se escapan de mi control sin sentirme una víctima arrastrada por una fuerza mayor que yo misma.

Nunca me vi como una persona fuerte. Es más, sigo sin verme así. Pero supongo que mis actos, mis pensamientos y mis actitudes terminan por delatarme, y eso es lo que realmente parezco de cara al exterior. Alguien resistente, y al mismo tiempo flexible, con las ideas muy claras. Veo mi reflejo en los ojos de los demás, y me cuesta reconocerme, así que, poco a poco, estoy empezando a mirarme de otra manera, a ver si la que se ha estado equivocando todos estos años he sido yo. Intento mirarme como si me viera desde fuera. Y parece que va a resultar que, después de todo, no soy tan vulnerable ni tan poquita cosa como siempre había creído...

7 comentarios:

Alice vio la luna... dijo...

Pues claro que no: eres una mujer serena, hecha y derecha y muy valiente.

(No te perdiste nada el lunes: un argumento poco creíble)

Besos,

Ángela dijo...

A veces necesitamos que ocurran cosas para vernos fuertes. A veces los demás nos ven diferentes a como nos vemos nosotros.
Yo en este momento me veo pequeña. Pero sé que saldré como en otras muchas ocasiones.
Me gusta lo que escribes y me anima.
Besos. Ángela.

Teresa, la de la ventana dijo...

Lo cierto es que sigo descubriéndome, Arancha. Y eso creo que es bueno. Mientras descubras cosas buenas, claro.

A veces simplemente necesitamos que pasen cosas, Angela. Incluso buenas. Todo sirve, todo nos hace ser como somos, o darnos cuenta de cosas que ya estaban ahí antes. Ojalá pronto te sientas mejor.

el chico de la consuelo dijo...

No es más fuerte el que más fuerte pega sino el que mejor encaja. Y además las situaciones dificiles son las que permiten descubrir habilidades desconocidas o mejor dicho adormecidas... me alegro de verte pa lante.

Teresa, la de la ventana dijo...

No hablo de situaciones especialmente difíciles, Chico. Ya no. Hablo de la vida, simplemente. La que te va tocando en cada momento, la que tienes que manejar para que no sea ella la que te pueda. La que te sorprende, pero tienes que encajar en ella, siendo elástica, aceptando, moldeándote, cambiando y, también, descubriéndote a ti misma.

Ángela Marcos dijo...

Vaya, parece que venimos dos Ángelas por aquí. Encantada, tocaya.
Teresa, me gusta mucho esta entrada. Mucho.

blog marlei dijo...

Hace años aprendí que no somos capaces de algo hasta que ese algo nos hace serlos.
Desde que te leo, siempre me has parecido una mujer con un coraje descomunal. Sólo eso.
Una gran entrada.