lunes, 1 de agosto de 2011

Identidad


Renovar el DNI es algo más que perder una mañana en burocracias policiales varias cada cinco o diez años. Al menos, en lo que a mí respecta. El trámite rutinario de seguir siendo alguien a nivel oficial tiene mucho más contenido. Cada vez que me toca cambiar el cartoncito plastificado (ahora, tarjeta con chip) es como si pasaran de golpe esos diez años. En un instante, se juntan todas y cada una de las veces que en esa década has enseñado ese carnet a tantas cajeras y camareros. Los distintos cortes de pelo que te han llevado desde aquel de la foto hasta el de la foto de ahora. Tu vida a cuestas dentro de tu monedero durante tres mil seiscientos cincuenta días, y que ahora la amable funcionaria te ofrece llevarte de recuerdo (novedad) o destruir delante de ti. El mío ha sido destruído, como fueron todos los que he tenido desde los catorce años, nuevas cenizas añadidas al montón de la vida que voy dejando atrás mientras sigo andando hacia delante. Y el nuevo carnet, se convierte otra vez en un compañero de fatigas y alegrías, un testigo mudo que, desde su bolsillo transparente de mi monedero, me seguirá allí donde vaya. ¿Qué le tocará ver esta vez? Ni lo sé, ni quiero saberlo. A pesar de los pesares, si he llegado a alguna conclusión en estos últimos cuarenta y cuatro años es que una de las mejores cosas de la vida es el factor sorpresa. Esos giros inesperados del destino que ni te imaginas. La dificultad de vaticinar y acertar. La inutilidad de las experiencias ajenas. Lo único e intransferible de las propias. Tu vida, al fin y al cabo. Buena o mala, pero tuya.

3 comentarios:

neoGurb dijo...

Hay un momento duro: cuando la funcionaria te pide que compruebes que los datos están bien, que la firma es la tuya, miras a la pantalla y ves la foto del carnet anterior y la del actual. Y ves los diez años que han pasado, que te han pasado por encima.

Soy consciente de mis casi cuarenta y seis, de mis pequeños achaques y de los cincuenta que se acercan. Pero verlo de un modo tan, tan gráfico, resulta un poquito cruel, ay.

Paco Principiante dijo...

El otro día me dí cuenta que tengo que renovar mi DNI el año próximo. Y sí, es cierto. Cuando vi mi cara de la foto, pense: "Iluso, que carita de ingenuo llevabas".

Por cierto, nos llegará otro momento aun más duro. A mi suegra le dijeron la última vez que fue a renovarlo: "Señora, ya no hace falta que lo renueve usted más. Este es ya el definitivo"...

Anónimo dijo...

A veces Paco para que te digan lo que le dijeron a tu suegra la cosa mas que cuestión de tiempo es cuestión de suerte...

Vicent.