viernes, 12 de agosto de 2011

Nunca es fácil decir adiós

Reconozco que me cuesta reconocer que las cosas tocan a su fin, porque no me gusta rendirme, o al menos no demasiado pronto, para que no me quede ese regusto malo del "quizás tuve que intentarlo un poco más". Por suerte para mí y para mi conciencia, la mayor parte de las veces que pierdo las amistades con alguien, la historia termina con un "qué remedio, pero por mí no habrá quedado...". Pero aún así no es fácil, y la culpa asoma sus orejitas a poco que me descuido para atormentarme un poco más. Y es que me cuesta mucho dejar en el camino a personas que en su momento fueron importantes, seguramente porque en el fondo soy una sentimental, y me quedo siempre con lo bueno, porque lo malo ya cayó en su momento por su propio peso, y terminó olvidado y pisoteado en el suelo hace tiempo. Y también porque suelen ser ellos los que me dan la patada, claro está. Nunca se está del todo preparado para que te den puerta. Pero es por esa tendencia a ver sólo lo positivo, por lo que las despedidas me duelen siempre más de lo que debería. Soy consciente de ello, y de que, para evitar pasarlo mal, debería ser más mala, más rencorosa, enfadarme un poco, o un mucho, pero no puedo. Así que lo único que me queda cuando un número de teléfono cae de mi agenda es un nuevo pellizco de soledad para añadir a mi siempre bien provisto saco. Y, aunque no quiera, la sensación horrible de que algo habré hecho mal, y no sé qué.

6 comentarios:

Ángela dijo...

Si fueras más mala, más rencorosa, más enfadona, no lo pasarías tan mal cuando te dan la patada, pero lo pasarías fatal todo el tiempo, sería imposible que disfrutaras nada de la vida, estarías siempre refunfuñando. ¡Menudo trabajazo!

Alice vio la luna... dijo...

Teresa, para mí tú eres un ejemplo de equilibrio. Leerte o hablar contigo me proporciona toda esa serenidad que yo no tengo.

Un beso muy grande para ti, y otro pequeñito para Lea (porque es más pequeñita, claro)

Carla dijo...

Menudo susto que me he llevado al leer el título de tu entrada. Por un momento pensé que cerrabas el blog! Hace muy poco que te leo, pero ya estoy enganchada. Jajaja

Coincido en general con lo que te han dicho anteriormente. Tiene que ser terriblemente cansado estar siempre preocupándose por recordar lo que otros nos han hecho, y cómo podríamos devolverles el "favor". Así que ánimo, porque, al menos por lo que cuentas da la impresión de que tú aquí te llevas la parte buena. La relación se ha roto, y eso es tristísimo, pero al menos tú has hecho lo que has podido. Un abrazo

Teresa, la de la ventana dijo...

Pues tienes toda la razón, Angela. Además, es tarde para cambiar.

Bueno, Arancha, si te sirve de algo mi actitud ante las cosas, genial. Te devuelvo el beso y el lametazo.

No sé, Carla, es siempre desconcertante cuando las cosas terminan mal, y la decisión no la tomas tú. Pero bueno, según vienen las cosas hay que tomarlas.

David C. dijo...

no me gustan los finales .... pero son parte de la vida.

1730 dijo...
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