lunes, 29 de agosto de 2011

Quemando (más) etapas


Desde que estoy sola, he perdido por completo el interés en la cocina. Quizás porque gran parte del placer que siempre me ha proporcionado guisar ha sido el de hacer felices a los demás, ganándomelos por el estómago. Además no soy nada tragona, aunque valoro y disfruto de un buen plato, pero tampoco me resulta práctico ni divertido cocinar para uno solo: hay recetas que, por mucho que dividas y requetedividas cantidades, es imposible reducir a una sola ración. Y sí, existen los congeladores, pero no todo es susceptible de ser congelado. Y el más suculento de los manjares, comido tres días seguidos, termina empachándote. Aborrecer algo que te gustó mucho es triste, y a mí me está pasando con más de una receta. Ensaladas deliciosas que, al tercer día, termino odiando, desde el cariño, pero detestándolas con toda mi alma. Tartas imposibles de terminar, incluso regalando la mitad.

Todo esto me está llevando a replantearme mi abanico habitual de recetas, esas que he estado haciendo durante años y que poco a poco estoy arrinconando. Ahora busco cosas mucho más sencillas, también más rápidas, y reservo platos que me gustan para comerlos por ahí, en restaurantes. Por ejemplo, ahora mismo me resulta impensable hacer una lasaña para mi sola. O ciertas ensaladas muy historiadas y elaboradas. Tampoco hago apenas postres: o me los como, y me harto, o no, y se me ponen malos y tengo que tirarlos. 

Debería estar disgustada, o algo mohína al menos, porque la cocina me ha gustado mucho siempre y también es algo que estoy perdiendo, veo como se me escapa entre los dedos día a día, pero no lo estoy. La verdad es que me da exactamente igual. Esto también es parte de este nuevo ciclo que estoy viviendo, un volantazo brusco más que me saca del sendero conocido y me pone en otro que no sé dónde me llevará, ni me importa. Ya lo averiguaré según vaya avanzando.

6 comentarios:

Alice vio la luna... dijo...

Bueno, de vez en cuando, unos nevaditos para las amigas no están mal. Se conservan bien y tienen un tamaño ideal para darse un caprichín en el día...

Besitos,

Pep dijo...

Da la impresión que todavía no te has recuperado y las cosas no han vuelto a su cauce. Situaciones nuevas traen hábitos nuevos.. pero al final vuelve todo a su cauce. Y cocinar es como ir en bicicleta. No se olvida así como así.

No dijo...

Vaya, acabas de describir mis problemas en la cocina cuando vivia sola con mi hermana (que no comía en casa)...
Mi super bizcocho de chocholate con nueces...se ponía duro...
Al final, tuve que optar por congelador, comprar la materia prima y dividirla en bolsita de congelar y cocinarme para mi en raciones y sin gusto, claro. ¿Cómo vas a guisar dos muslitos de pollo? es ridículo...
En fin, siempre me había encantado cocinar, y desde que pasaron esos años ya no toco la cocina. Y aún no he vuelto, pero la verdad, es que tampoco me importa, como a ti.
La idea de Alice vio la luna...no es mala, si te gustaba cocinar siempre puedes hacer postres para las amigas, o cositas para los compañeros de trabajo ;)
Un besete

Teresa, la de la ventana dijo...

Bueno, eso también. Pero sólo hasta cierto punto. O te conviertes en la tonta del bote que hace bollos, se sientan precedentes y lo que era un gusto se convierte en obligación. Que también lo he vivido.

Hombre, Pep, a eso iba. Ahora no pega ni cuadra cocinar como lo hacía antes, para sorprender, para agradar, con un fin, un objetivo. Pero las cosas siempre terminan cambiando, a saber si termino guisando para un regimiento.

Veo que sabes de lo que hablo, No. Pues eso mismo, que no me preocupa. Me sorprende, pero nada más.

Angela dijo...

Teresa, una pregunta: ¿has hecho alguna vez peras en almíbar para conservar? Si es así, por favor, ¿me podrías dar la receta? Es que tengo un montón de perucos del peral de un vecino y quiero hacerlos en conserva. Gracias.

Teresa, la de la ventana dijo...

Pues no, Angela, peras en almíbar, no. Lo que sí he hecho es mermelada de peras a la vainilla. Muy buena. Si te interesa, dímelo y pondré la receta.