lunes, 8 de agosto de 2011

Un pie detrás del otro...

Ayer volví a salir a la montaña y, de nuevo, lo pasé muy bien. Además, el tiempo fue bastante más clemente con nosotros, hizo sol, de hecho me quemé un poco, pero anduvimos bajo la sombra la mayor parte del tiempo, y el aire era fresco, como corresponde a la sierra y los pinares de Navacerrada y Cercedilla. La guía resultó un poquito inexperta, pero la muchacha salió del atolladero unas cuantas veces con una sonrisa y sin transmitir inseguridad ni pánico, lo cual unido a la actitud comprensiva de la gente (no hubo ningún tikismikis que se quejara de haber pagado y exigir un servicio acorde con ello, cosa rara, siempre hay alguno) no empañó en ningún momento el desarrollo de la excursión. Era mi segunda vez, y aunque sólo conocía a una persona de la semana anterior, eso no fue impedimento para que, al bajarme del autobús ya de vuelta, tuviese unos cuantos nuevos teléfonos en mi agenda y un puñado de caras y nombres a los que hacer hueco en mi maltrecha memoria. Porque mira que soy mala con los nombres. Y qué vergüenza da que alguien te diga cómo se llama y según lo estás escuchando pienses "Se llama Fulanita, acuérdate, si es fácil, F-u-l-a-n-i-t-a". Y comprobar con espanto a los cinco minutos que dudas entre si era Fulanita o Menganita. 

Está claro que volveré, no sólo porque las rutas son fáciles y cómodas, una agradable manera de pasar el día, sino también por el buen ambiente que hay. Y, qué demonios, después de pasarme la semana prácticamente sola, hace bien socializar un poco, cambiar impresiones con gente de lo más variado y, quien sabe, terminar haciendo amistades más allá de las mochilas y los bocadillos envueltos en papel albal.

5 comentarios:

Alice se perdió dijo...

A la próxima, ¡me apunto! Supongo que no van niños, ¿no?

Teresa, la de la ventana dijo...

No, yo no he visto ninguno nunca. Aunque son rutas sencillas, para un niño son excesivas.

Toy folloso dijo...

A veces me doy de tortas por ocurrirme como a tí con los fulanitos y las menganitas, ¡eso es falta de atención!.
Cuando se muera mi perro, tiene doce años, creo que iré de compras a la tienda de mascotas con una foto del tuyo.
¿Hace teatro también después del baño?.

el chico montañero de la consuelo dijo...

Me alegra Teresa verte por grupos de actividades, eso siempre anima.
Lo de los nombres nada más presentartelo une las dos primeras letras del nombre a una cosa o a otra persona. Por ejemplo si llama cucufato tu le pones encima de la cabeza un relog de cucu. Y así cuando la vuelvas a ver te viene a la cabeza la imagen del reloj de cucu y ya te viene a la cabeza.

Teresa, la de la ventana dijo...

Qué va, Toy, al contrario, precisamente porque sé que me pasa eso, estoy muy atenta. Es algo extraño, porque no tengo mala memoria en general. Lo peor es que olvido el nombre y le asocio otro que, en mi cabeza, tienen relación. Por ejemplo, a una Beatriz puedo llamarla Leonor, porque los dos me suenan literarios y medievales. O un Alfonso rebautizarle como Adolfo, porque suenan parecido. Un lío.

¿Así que te mola Lea? Lo cierto es que es mona a más no poder. Y eso que ahí no la ves en movimiento, ahí caerías rendido a sus patas.

Intentaré probar tu truco, Chico. Ya os contaré.