jueves, 1 de septiembre de 2011

El lector invisible


Después de tanto tiempo escribiendo en el blog, he tenido ocasión muchas veces de preguntarme el por qué de que me sienta tan a gusto aquí. Por qué he vuelto después de irme durante meses, incapaz de cortar el lazo que me une a este puñado de páginas archivadas en algún punto de esa nube en la que flotan tantos pensamientos, imágenes e historias que es Internet. Por qué motivo necesito contar lo que siento, lo que me pasa, lo que me preocupa, lo que me gusta o lo que me cabrea. Cuando yo no soy de natural especialmente expansiva. Vaya, que no soy de las que pegan hebra rápidamente y te cuentan intimidades a la primera de cambio. Y sin embargo, aquí lo hago. Sabiendo que puede leerme cualquiera. Buenas y malas personas. Gente de bien y gentuza. 

Y hoy, creo que he comprendido el por qué de esa facilidad para hablar de mí públicamente en este medio. Me he dado cuenta cuando me disponía a escribir un correo a un amigo (*). Un amigo reciente, pero con el que enseguida se produjo una corriente de doble dirección fluída y fácil. De esas veces en las que cuando te despides en un primer encuentro casual, te vas a casa con la sensación de que has estado hablando durante horas con un desconocido como si os conociérais de años. Como jamás hablarás con gente que conoces de años. Cuando llevaba ya escrito la mitad del primer párrafo del correo, he parado en seco: me dado cuenta de que aquello no era un correo. O sí, pero no. Aquello era un post. Tal cual lo habría escrito cualquier otro día en el blog. Y me ha recorrido un escalofrío. Entonces ¿era eso? El blog me da esa tranquilidad, esas ganas de entrar y escribir, de irme a vivir cosas y volver para contarlas, porque en realidad lo que hago es contárselo a un amigo. O a muchos, lo mismo da. Pero mi interlocutor, ese sin cuerpo, pero con alma, es eso. Ese amigo al que corres queriendo hacer partícipe de tus alegrías, al que pones la cabeza como un bombo con tus penas, al que haces reír con tus tontunas y con el que lloras cuando sólo queda eso, porque sabes que domina el arte de los silencios oportunos y siempre va bien surtido de pañuelos de papel. El que siempre estará ahí, y jamás te abandonará. El que te quiere incondicionalmente, por como eres, y jamás querrá que cambies, porque así te conoció y así te compró. Por eso. Esa es la razón, y no otra, de que lleve ocho años aquí. Y lo que te rondaré, morena.

(*) Si te estás preguntando si eres tú, sí. Eres tú, A.

20 comentarios:

Teresa dijo...

Estoy totalmente contigo en eso de la necesidad de dejar escrita la experiencia. Me da igual quien me pueda leer, porque a mí, desde luego, me sirve muchísimo.

Gracias Teresa

De la otra Teresa de la ventana (laventanadeteresa.blogspot.com )

Ángela Marcos dijo...

Te iba a poner un comentario aquí, pero me he dado cuenta de que era más un post propio en mi blog, así que allí está.

Teresa, la de la ventana dijo...

Vaya, esto sí que es curioso. Otra que se asoma a la ventana y además también se llama Teresa...

Bienvenida.

Anónimo dijo...

Te decia que lo has expresado muy bien , dando en el clavo.
Y te felicitaba por los nuevos amigos.
Me han borrado el comentario , no sé por qué.
(Reyes)

Teresa, la de la ventana dijo...

Ups, Angela, nos hemos cruzado en los comentarios. Interesante reflexión también la tuya.

Ays, Reyes y sus problemas con los comentarios... Por cierto, mejor que hayas vuelto (aunque yo nunca me creí que te fueras de veras...)

Jesús Miramón dijo...

Yo también he pensado en ello a menudo y, me parece que ya lo dicho alguna vez, creo que escribo para articular lo que pienso y lo que me pasa de un modo comprensible, no solamente para los demás sino también para mí, y así, por ridículo que resulte, dar testimonio de mi experiencia, hacer un mapa, crear un vínculo.

Querida Teresa, ya sabes que hay palabras muy importantes para mí, "exploración" es una de ellas, por ejemplo, y también, cuando reflexiono sobre el hecho de escribir un blog, una palabra que para mí es tan real como "mesa" o "calor"; la palabra "comunión". En cierta ocasión escribí: "Me gusta pensar que cuando escribo sobre mi vida lo estoy haciendo también sobre la tuya. Hablo de comunión, no tiene otro sentido." Sé que existe algo que nos une, algo profundamente humano, algo primordial, tal vez instintivo, y sé que ese algo puede manifestarse a través de la escritura.

Yo te leo casi desde el principio y he visto pasar tus cinco estaciones, momentos de alegría y de profunda tristeza, estoy al tanto de lo que has querido compartir y siempre me ha interesado mucho porque, también siempre, hablabas de mí, de mi condición, de mi fortaleza o de mi debilidad. Lloré cuando leí lo que ya puedes imaginar y lloré de verdad, solo delante de la pantalla pero sintiéndome muy cerca de ti. Y me alegro tanto de que poco a poco vayas conociendo a otras personas, haciendo nuevos amigos. El acto de escribir y leer nos une, nos hace ver mejor y más lejos porque a nuestra experiencia sumamos la de los demás, porque tu vida forma parte de la mía y de algún modo la mía forma parte de la tuya, de la vuestra, de la nuestra. Comunión. Conocimiento. Exploración. Literatura. Cariño. Solidaridad. Humanidad. Yo me alegro mucho de que te decidieras a escribir en esta ventana porque leerte a ti, como me ha sucedido y me sucede con otros amigos escritores de blogs, me ha hecho mejor persona de lo que era antes, y lo seguirá haciendo.

Un beso.

Ángela dijo...

Ahora que leo el comentario de Jesús, sí, es eso también. Supongo que es el mismo sentimiento que nos lleva a que nos guste un libro o una película, que nos podamos reconocer en ellos, en lo que se cuenta. Compartir nuestra peripecia vital, sentir que no estamos solos, que tenemos almas compañeras. Y en el blog tenemos la posibilidad de alcanzarlas.

Teresa, la de la ventana dijo...

Jesús... no tengo palabras. Esta vez has sido tú el que me ha hecho llorar. Sólo por haberte "captado" como lector y mantenerte a lo largo del tiempo, ya merece la pena esta ventana. Te lo digo de corazón. Gracias por todo. Por todos estos años.

Pues sí, Angela. A fin de cuentas es comprobar que el árbol cae y alguien lo escucha.

Portorosa dijo...

Después del comentario de Jesús, poco se puede añadir :)

Un beso.

Teresa, la de la ventana dijo...

Pues eso, Porto. Que tú también molas mucho (pero Jesús es mi ojito derecho, ya sabes... ;-)

Anónimo dijo...

Eso es lo que le encuentras al blog, bien, es fundamental y me alegro de que lo hayas encontrado.

Ojo, no he leído los comentarios precedentes y es muy probable que no añada nada, es sólo que me gusta mantener conversaciones interesantes y me voy a explayar más de la cueta.

Que eres una persona poco dada a ir revelando tu vida se te nota mucho (en qué, en la forma de expresarte). Igualmente me gusta comentar, aunque nos cuesta mucho conectar, escribiendo razonamos de forma diferente, en persona no lo podemos saber.
Pienso que desde el instituto, y los que tienen más suerte desde la carrera, no hacemos -apenas- amistades ó relaciones con los que podamos ir contando nuestras cosas, y podamos esperar que nos escuchen y nos apoyen como has contado. Yo me he mudado en mi vida como 15 veces, o serán 20, y es algo que noto mucho, la falta de gente con la que tener ese tipo de contacto, y lo que cuesta hacer una nueva relación, que las hago. Enhorabuena por lo que te has encontrado con el blog.



Susana

Elvira dijo...

Y yo me alegro de que sigas. Tus escritos me parecen muy auténticos. Y suscribo lo que dice Jesús. A mí me cuesta hablar de lo que siento en el blog. Supongo que por la frustración que me produce la mala salud, y no quiero que el blog sea un lugar de lamentos (no es una situación temporal, sino crónica). En cambio, si comparto las imágenes de lo que me alegra, al volver a ellas me alegro de nuevo, y me resulta terapéutico. Pero me sirve leeros, a los que sí compartís. ¡Gracias!

Teresa, la de la ventana dijo...

A mi me sobran muchos dedos para contar mis amigos, Susana. Pero muchos. Soy consciente de que esto no lo sustituye, pero tampoco lo pretende. Sólo reflexionaba sobre el por qué de mi manera de contar lo que cuento aquí, y sobre su permanencia en el tiempo.

Bueno, Elvira, yo no escondo mis miserias, ya lo sabes, pero no por nada, sino porque me sentiría un personaje si perfilara lo que sí cuento y lo que no. Soy lo que veis, y así me doy. Si te interesa, vuelves. Si no, más se perdió en Cuba. De hecho, este es un blog para nada masivo. Ni falta que hace, por otro lado.

Alice vio la luna... dijo...

Bueno, pues ya me lo he explicado yo también gracias a tu explicación. El blog, nunca te falla!

Besitos,

Teresa, la de la ventana dijo...

Exacto, Arancha. Y no se mosquea si no das señales de vida durante semanas... Eso también cuenta mucho.

Anónimo dijo...

No nos entendemos, me hace mucha gracia. Lo que yo quiero decir es que se echa de menos la relación que se tenías antes con tus amigos, y que incluye las cosas que has descrito. Luego que cada cual considere qué le pide a una amistad y cuántos amigos tiene, pero no se hacen amigos si no hay contacto, ese es uno de mis límites a la definición de amigos. Ahora bien sí somos personas, sí podemos estar ahí, y sí que se puede mantener una relación que recuerda a lo bueno de las amistades en aquellos años. Y creeme, el hecho de que lo hayas encontrado a través de un blog me parece extra-ordinario.

Susana

Teresa, la de la ventana dijo...

Pues no, no me explico nada bien, en absoluto, si lo que has entendido, Susana, es que yo he encontrado una fuente de amigos a través del blog. No. Lo que digo es que mi manera de escribir, lo que cuento y la forma en que me relaciono CON EL BLOG es como si mi interlocutor (como digo ya en el título) fuera un amigo. Como los que describo en el post, sí, y como creo que debe ser un amigo de verdad. Pero no te confundas. Yo no sustituyo el blog por el mundo real para crearme un círculo de amistad que ahí fuera no consigo. Soy tan inútil ahí como aquí, porque soy la misma, y no creo que sean dos mundos separados, sino partes de un todo.

José Luis Ríos dijo...

Jesús, ya lo hemos comentado otras veces, lo que significa escribir y lo que significa un blog para ti, pero agradezco que lo dejes escrito.

Un abrazo

Montse dijo...

Me gusta leerte, me gusta lo que escribes y cómo lo escribes, sobre todo al terminar el día. No sé el por qué, pero lo hecharía de menos si no estuvieras ahí.

Teresa, la de la ventana dijo...

Vaya, Montse, me alegro de ser una presencia grata en tu día a día. Bienvenida, bueno, no tanto, si eres habitual, pero sí, bienvenida como comentarista... ;-)