viernes, 2 de septiembre de 2011

Un gran día


Hoy ha sido un día de esos que no pasarán a mi historia personal por la cantidad de cosas que me han sucedido, pero que sí sé que recordaré cuando todo me hastie y tenga que echar mano a algo que me anime. Algo sencillo y elemental, que me subirá la moral hasta el mínimo necesario como para tirar para delante y dejarme de tonterías.

Me ha bastado con que el día amaneciera gris y fresco, como un adelanto del otoño que se avecina. Darme el primer baño caliente de la temporada (indescriptible...),  limpiar un poco la casa, subir la alfombra del trastero y colocarla de nuevo en el salón (¡adios, maldito verano, au revoir), hacer una salsa de atún para pasta (exquisita comida de hoy, y dos bolsitas más en el congelador), terminar una bufanda que tenía a punto de acabar hacía meses (olvido total encontrado de repente, colocando un armario). Dormir la siesta (una horita nada reglamentaria, pero ¿a quién le importan las reglas?), leer totalmente enviciada un montón de páginas de las aventuras de Plinio y Don Lotario, trastear un rato largo en Twitter, responder un par de correos y algunos comentarios al último post. Ponerme guapa y salir a comprar cuatro cosas a varias tiendas del pueblo (como antaño, antes de la llegada de los grandes hipermercados), tomarme un té frío en mi cafetería favorita (a la derecha, en Minube, un nuevo invento en el que ando aún trasteando y aclimatándome). Volver a casa y encontrarme a Lea, loca de contenta de volver a verme, después de apenas dos horas separadas. Cosas pequeñitas, sin importancia, que puestas una tras otra van creando una rutina sencilla y sin sobresaltos. Que quizás en otro momento podría llegar a parecerme insulsa, no digo que no, pero que hoy ha sido algo parecido a un nido mullido y cómodo en el que me he tirado en plancha, disfrutándolo al máximo, sin pensar en nada más. Viviéndolo al minuto.

Sí. Hoy ha sido un gran día. Sin ni siquiera planteármelo. Como tiene que ser.

7 comentarios:

Miriam dijo...

No, cuando el otoño ya se huele en el aire nada puede ser insulso.

Teresa, la de la ventana dijo...

Eso mismo pienso yo, Miriam. A mi el frío me da la vida, y el calor me aniquila.

Bienvenida.

José Luis Ríos dijo...

Bueno, la vida, más que otra cosa, debería ser, con frecuencia, pequeños actos agradables como los que nos cuentas, ¿no?.

Un saludo

Teresa, la de la ventana dijo...

Pues sí, José Luis. Eso mismo pienso yo.

José Miguel Ridao dijo...

Es que las primeras brisas frescas del otoño son lo mejor del año con diferencia, te hacen ver todo con una luz especial. Enhorabuena por tu día.

Teresa, la de la ventana dijo...

Gracias, Ridao. Sí que son días especiales, sí. Y pensar que hay gente que los llama de "mal tiempo"...

Carmen dijo...

Me ha encantado.