viernes, 21 de octubre de 2011

Adiós a ETA


Hubo un tiempo en el que yo rezaba. Cada noche. Con la luz ya apagada y la cabeza bajo las sábanas. Bajito, con miedo y auténtica devoción. Creyendo de verdad en lo que pedía, porque yo era buena y Dios era justo, así que ¿qué podía salir mal? Recuerdo que rezaba un Padrenuestro, pero antes siempre pedía unas cuantas cosas. El chantaje habitual entre Dios y sus seguidores. Yo pedía, pagaba mi tributo, y él me daba. A cambio de mi buen comportamiento las más de las veces, mi arrepentimiento sincero cuando pecaba, y ese pequeño peaje nocturno diario, la niña que fui pensaba que todo iría bien. Y no debió ser del todo malo nuestro toma y daca, porque el hecho de que ahora esté escribiendo esto, significa que nuestro acuerdo fue beneficioso para ambos y él cumplió, al menos en lo referente a las dos cuestiones que más me preocupaban por aquel entonces. Porque yo, durante muchos años, confíaba de verdad en Dios, y sólo le pedía dos cosas, pensando en mis padres, mi hermano y mí misma. La primera, incluso si todavía hoy rezara no sólo terminará pasando, sino que de hecho, cada día está más cerca, por pura cuestión biológica. Sin embargo, la segunda, desde ayer, afortunadamente y no precisamente por intervención divina, es bastante más improblable:

"Por favor, Dios, que no nos muramos durante la noche y que no nos secuestren".

6 comentarios:

Juanjo ML dijo...

Cada vez que leo algo así pienso en lo estupendo que debe ser creer en algo. Pensar en la verdad desnuda da mucho miedo.

Pero hoy es un día mejor que ayer, para los que rezan y para los que no.

Teresa, la de la ventana dijo...

Me pasa lo mismo que a ti, Juanjo. Me dan una envidia horrible, y mira que yo no soy nada envidiosa. Pero eso sí que me gustaría tenerlo. Aunque el escepticismo también tiene su aquel: creo que nadie es más duro consigo que uno mismo, al menos yo no me paso ni una.

Dios me decepcionó hace mucho, precisamente porque yo creía de verdad. Luego perdimos las amistades. Ahora vivimos y dejamos vivir: nos ignoramos mutuamente.

el chico de la consuelo dijo...

La oración es la culpable de mis vacios religiosos (no entiendo si existe dios que tiene mi oracion para hacerle cambiar de opinión) y al mismo tiempo lo único a lo que se vuelve cuando se ha enterrado a Dios. Ese Dios mio en situación de crisis no entiende de ateismos sino de cobijo de impotencia.
De lo de eta al margen de otras consideraciones me gustaria saber quien firma la carta, cual es su legitimidad, quien le ha otorgado representtación y a ser posible su nombre. Por que si no no hay responsable.

Carmen dijo...

Me gusta lo que has escrito, ecdlc.

No estoy segura de que sea el fin del terror, como titula El País, Teresa, aunque me gusta que elijas dos periódicos con línea editorial muy distinta. Estos tipos han pasado de negociar con muertos, a negociar apuntándonos a la cara, y ahora a negociar con la pistola encima de la mesa, para que nos quede bien clarito que ellos no se apean. Y hay que apearles sin contemplaciones ni miramientos.
Es mi opinión.

Teresa, la de la ventana dijo...

La euforia inicial de la noticia dará paso a los detalles, está claro que no se puede decir amén a todo sólo porque sí. El borrón y cuenta nueva es complicado con tantos muertos a las espaldas. Es una buena noticia, claro, pero es inevitable el recelo. Supongo que perdimos la inocencia en el camino, igual que yo me dejé la fe.

Miguel Baquero dijo...

Pues yo, si te soy sincero, no me lo acabo de creer... Pero bueno, lo digo aqui entre nosotros porque tampoco quiero aguarle la fiesta a nadie