sábado, 29 de octubre de 2011

Tengo un secreto...


Hay secretos que te queman los dedos, y necesitas soltarlos, que vuelen libres, como si parte de su encanto estuviera precisamente en eso, en que dejen de ser algo oculto y reservado, en compartirlos con más personas. Pero no puede ser, porque entonces dejarían de ser secretos. Así que cuando tienes la suerte de ser la dueña (o copropietaria, que es lo más habitual) de un secreto de esos, de los buenos, te aguantas las ganas de gritarlo a los cuatro vientos, de que el universo entero sepa que eres tan afortunado como para tener en tu poder algo tan especial. Ves a la gente cruzarse contigo, incapaces de sospechar ni remotamente lo que te está pasando, y les miras con una mezcla de pena por su ignorancia y cierta suficiencia por tener algo que ellos ni imaginan y que, posiblemente, no tendrán nunca. Si pudieran leer tu mente, o simplemente interpretar tus sonrisas, su desconcierto ante el descubrimiento de tu secreto sería tan brutal que seguramente no lo creerían. O sí, y te acribillarían a preguntas, y tus respuestas sólo aumentarían su confusión,  incapaces de entender el verdadero alcance de lo que ese secreto entraña. Y seguramente lo que hasta hacía un rato era un hermoso secreto quedaría reducido a un chismorreo cutre.

Así que, cuando tienes un secreto realmente especial, aunque la felicidad se te escape por los poros de la piel, no sólo no se lo cuentas a nadie, sino que coges tu secreto, lo envuelves con cuidado, y con mimo lo escondes un poco más adentro, en lo más profundo e inexpugnable de ti. Porque así son las cosas cuando tienes un secreto de los que queman. De los que jamás hay que contar a nadie. Un secreto en el más estricto sentido de la palabra.

5 comentarios:

Carmen dijo...

Da que pensar esto que dices. Si nadie sabe ni siquiera que el secreto existe, entonces no tiene ningún interés para ellos. El secreto está en una caja cerrada y deja de ser secreto cuando se abre la caja y se muestra el contenido. Pero no es secreto cuando no se conoce la existencia de la caja.

Lo mismo tienes dos secretos.

Ángela Marcos dijo...

Me pregunto cuánto tiempo pasará hasta que nos reveles el secreto. Eres pérfida.

Teresa, la de la ventana dijo...

Pues no se me había ocurrido mirarlo desde ese ángulo, Carmen. Es cierto. Si no se sabe que hay secreto, ¿lo hay?

Jajaja, Angela, qué bueno. Pérfida... Bonita palabra. "Soy pérfida". Suena bien. Mola.

Teresa, la de la ventana dijo...

Jajaja... Te adoro, Peñas. Una vez más, me has hecho ir a buscar al Google quién diantres era el gato ese. No sólo se aprenden cantidad de cosas en tu blog (y de lo más variado), sino que incluso en los comentarios se aprende contigo. Eres increíble.

En cuanto a la foto, siempre me gustó: derrocha alegría. Y ahora que ya me di la vuelta hasta en Twitter, lo mismo me da que el universo entero me vea y sepa que estoy contenta.

Anónimo dijo...

Yo creo que secreto es algo que el resto del mundo puede sospechar que exista, si ni siquiera se lo plantean no hay tal secreto, tan solo es algo que forma parte de tu intimidad, de tu esfera más privada y que jamás debe salir de ella, son como tú bien dices ese tipo de cosas que te hacen sonreír cuando estás sólo.
Vicent.