lunes, 14 de noviembre de 2011

Abajo

En estos tiempos de revoluciones y nuevas experiencias que ando viviendo en los últimos meses, no podía faltar la parte negativa. Ya era demasiado tiempo arriba, en la cresta de la ola, demasiadas cosas buenas, risas y luz inundándolo todo. Pero aun siendo consciente de ello (en más de una ocasión, me he sorprendido preguntándome "A ver. ¿Dónde está el truco?"), los golpes siempre sorprenden. Ayer me levanté feliz, pasé el día con mis amigas de la universidad y cuando menos lo esperaba, empecé a sentirme mal. Creo que es la primera vez en mi vida, al menos que yo recuerde, que cojo uno de esos virus gastrointestinales que parecen estar tan de moda últimamente. Anoche vomité tantas veces que perdí la cuenta, pasé del frío tiritón a los sudores de gotas deslizándose por la frente, y me desesperé ante un dolor de tripa que, lejos de pasar con cada nueva visita al baño, aumentaba. No me asusté (soy una tipa dura, no me acobardo ni soy hipocondriaca: será porque he visto de cerca cosas realmente graves en lo que se refiere a enfermedades...), pero sí que tuve un dejavu doloroso. Porque muchas veces, mientras cuidaba de Thierry, pensé en mi mala suerte futura. El, dentro de lo malo que es terminar muriéndose, tuvo la fortuna de tenerme junto a él desde el minuto uno hasta el último segundo. Está claro que no arregló nada y el final fue el que fue, pero el durante fue bastante más llevadero, y me atrevo a decir que buena parte del tiempo extra del que dispuso y que ni los médicos entendían posible, se debió a mí. Por desgracia, que me tomara la delantera hace imposible que yo cuente con él si llega el caso.  Quién sabe si tendré a alguien, mercenario o no, o tendré que apañarme con las miradas del perrete de turno que, igual que Lea ayer, me mire con cara de "Uys, aquí pasa algo raro, el amita no está como siempre...", y me lama la mano mientras me agarro a la taza del wc. 

Esta ha sido una primera vez que esperaba y temía a partes iguales, que sabía que llegaría antes o después, y que estaba claro que removería lodos, más allá del simple hecho de ponerme enferma. Por suerte, Lea está conmigo. Aunque sepa sentarse y sea obediente a ratos, me temo que no serviría de mucho para llamar al 112 si se terciara, pero no importa. Verla tumbada a mi lado, sin dejarme ni un momento, tan formalita y buena como si supiera que no está el horno para trastadas, es reconfortante y ha hecho que se me saltaran las lágrimas.

9 comentarios:

Miguel Baquero dijo...

Bueno, ha sido un pequeño retroceso, pero estoy seguro de que te va a seguir la racha, ya verás como sí

Bichejo dijo...

Cuídate y recupérate pronto.

Jean Bedel dijo...

Ánimo jefa! a cuidarse que enseguida se pasan estos virus y gripes del demonio. Y muy Jrande Lea, estoy seguro (porque me pasa con el perrón) que saben cuando estas mal y obran en consecuencia. Abrazos

Teresa, la de la ventana dijo...

Claro que sí, Miguel, sólo es cuestión de tiempo (ya estoy mejor que esta mañana).

Debajo de ella estoy, Peñas. Llevo todo el día dormitando en el sofá bien calentita.

Gracias, Bich, guapa.

Gracias, Sr. Bedel. La verdad es que peor no estoy, y eso anima mucho. El hecho de tener a la perrunchita conmigo lo hace mucho más llevadero.

Nombre: Loles Martínez López dijo...

No te preocupes mi querida twittera, ya verás como la buena racha continúa. Esto solo ha sido una piedrecita más en el camino.
Un abrazo.

PD_Lea, que no me entere yo que no cuidas de tu amita :)

Teresa, la de la ventana dijo...

Claro que sí, Loles. Esto es sólo un pequeño bache, pero que cae en un momento especialmente delicado por fechas y porque, qué demonios, hacía siglos que no me ponía mala. Y la primera vez que me pasa estando sola.

Bienvenida a mi ventana.

Anónimo dijo...

Entiendo la nota amarga, la entiendo porque la he vivido en mis carnes, quizás aún no se haya acabado, durante más de una año, y en mi caso, así y peor me tengo que levantar porque yo soy la que cuido. La entiendo porque la tengo en gente de mi familia. Y lo he pensado muchas veces también.

Susana

Anónimo dijo...

De todas formas, la norma es seguir; se puede prevenir, pero nunca se puede anticipar, se hace con pocos datos y recargando las partes que nos asustan.
En cuanto a rememorar, y revivir, es inevitable, forma parte del duelo, lo siento. Encajarás más piezas, otras se saldrán un poco de su sitio.
Que te mejores.

Susana otra vez

Teresa, la de la ventana dijo...

Eso hago, Susana. Sigo. Y paso por lo inevitable lo mejor que puedo. Sufriendo porque no queda otra, como bien dices es parte del proceso.