sábado, 5 de noviembre de 2011

Buscar o encontrar


El mundo se divide en dos tipos de personas: los que buscan y los que encuentran. Los que buscan dedican todas sus energías a perseguir un objetivo. Saben lo que quieren, y van a por ello. Son personas de ideas claras, de movimientos certeros y gran capacidad de adaptación a las circunstancias, incluídas las desfavorables, con tal de aproximarse a su meta. Todo vale, y todo es absolutamente todo, si ello contribuye a finalizar su búsqueda y obtener lo que quieren. Su capacidad de concentración es alta, no se dispersan y siempre saben por qué hacen las cosas. Es gente que, como se suele decir, no da puntada sin hilo. Por cierto, suelen por terminar encontrando lo que buscan. Y si no es así, ya se las arreglarán ellos para convencer al mundo de que lo que han encontrado también lo buscaban, aunque no nunca lo dijeran.

Luego están los que encuentran. Su mente, mucho más intuitiva que reflexiva, se cansa pronto de calcular, de valorar riesgos y objetivos, y les cuesta ceñirse a unas pautas concretas, por mucho que el resultado sea algo apetecible o deseable. Esto no quiere decir que sean unos sin sangre, que nada les haga ilusión, al contrario: se entusiasman con más facilidad que los otros, pero sus metas están más difuminadas. No quieren nada en concreto, porque en el fondo lo quieren todo. Por eso no buscan. Prefieren la sorpresa de ir encontrando a lo largo del camino. Cuando menos se lo esperan. Cosas que ni siquiera imaginaban que existieran, y que aparecen de repente ahí, al alcance de su mano. Porque los que no buscan, paradójicamente, siempre tienen los ojos muy abiertos, y se fijan mucho en los pequeños detalles. Saben que ésos, precisamente los detalles pequeños, son los importantes. Ese estado de alerta, constante aunque involuntario, les hace vivir intensamente el presente. Son personas con facilidad para improvisar, y aunque también tengan sus propios proyectos, los pueden cambiar sobre la marcha sin demasiada pereza. Lo cual no quita que a veces se sientan algo desamparados, porque ellos también son sensibles al vértigo de la incertidumbre. Aunque sean valientes, casi temerarios.Pero ese arrojo no les hace ignorantes de lo peligroso que es vivir así, sin red. Y es que la fuerza de los que no buscan, pero encuentran, está precisamente ahí. En esa curiosidad osada que les impulsa a seguir siempre hacia delante, un pie detrás del otro, porque quizás no hoy, ni mañana, pero sí el mes que viene, vuelvan a tropezarse con algo, o quizás con alguien, y puede ser que esta vez también merezca la pena.

4 comentarios:

Juanjo ML dijo...

Mucho mejor esta ventana de comentarios que la de antes, me vuelve a dejar comentar!!!

Acabo de leer el post de ND diciendo que el mundo se divide en búhos y alondras y ahora el tuyo y me he liado. No sé si los búhos encuentran y las alondras buscan y por eso madrugan más. deberíamos hacer un foro de debate para aclararlo :)

Yo creo que es mejor encontrar que buscar, pero es que ya soy un escéptico sin remedio, bueno y algo pesimista. Buscar me crea ansiedad y es un desperdicio de esfuerzo.

Teresa, la de la ventana dijo...

Yo soy de los que encuentran, no valgo para buscar, me falta ambición y disciplina, y me sobra desprecio por conceptos como éxito o fracaso.

En cuanto a lo otro, yo ahora soy un híbrido alondra-buho: me acuesto tardísimo, pero me sigo despertando muy temprano.

Me alegro de que te gusten los nuevos visillos de la ventana. :-)

blog marlei dijo...

Es curiosa la distinción que planteas Teresa, y da que pensar.....y puede ser que una clave se halle en el objeto.

Quiero decir que tal vez, a veces, puede ser más importante el qué que el cómo.

Me explico: puede ser que sea lo que buscamos lo que haga merecer la pena o no el esfuerzo de buscarlo. Y puede ser también que sea el valor de lo que encontramos lo que haga deslumbrante o decepcionante un hallazgo.

A veces nos pegamos la vida buscando o esperando encontrar algo que luego...puff.
Y otras muchas nos ponemos a buscar desganadamente, porque no queda otro remedio y casi sin esfuerzo lo que conseguimos es una pasada.

Pero aún y todo, me parece a mí que si encuentro algo, es porque de una manera u otra, lo estaba buscando. O esperando que llegase a mí.

Aunque también existe la casualidad, la suerte, el azar y esas cosas. No sé si mucho o poco pero existe. A veces.

Un saludo en este sábado tan de otoño.

el chico de la consuelo dijo...

la intuición es la inteligencia invisible que rescata sin notificarnoslo las soluciones del banco de experiencias y aprendizajes que hemos atesorado.
Recomiendo Cerebro de liebre,mente de tortuga de Guy Claxton o Aprender del mismo autor.

Ya que me he declarado buho de los mas buhos aqui me declaro disperso de los más dispersos del mundo.