miércoles, 9 de noviembre de 2011

Educando a los padres: el mundo al revés


No soy lectora porque mis padres tuvieran una magnífica biblioteca en la que fuese descubriendo el mundo cada verano. Qué va. Qué más hubiese querido yo. Todo lo contrario. Me gusta leer a pesar de que en mi casa nunca se leyó, sencillamente porque no había libros. Ni periódicos. Yo empecé a comprar "El País" en el año 82, no a diario, porque era demasiado gasto, pero sí los domingos, y fue entonces cuando ellos dos empezaron también a hojear el periódico así, como quien no quiere la cosa, hasta encontrarle el gusto. El mundo al revés. Yo fui quien descubrió la literatura a mis progenitores. Primero a mi padre, que, aburrido en uno de sus días libres, buscando entre mis libros descubrió el "Sinuhé el Egipcio" que me habían hecho leer para clase de Historia. Fue el principio de su gusto por los novelones históricos, y ahora ya jubilado sigue devorando todo lo que pilla en la biblioteca que tenga que ver con aventureros medievales, cabalistas y misioneros evangelizadores de la América recién descubierta. Mi madre, también pasados los sesenta, hastiada de las noticias del periódico del domingo que estiraba durante toda la semana siguiente, ha terminado por descubrir que le gusta leer novelas. Lo malo es que Benito Pérez Galdós se ha convertido en su autor de cabecera, y  ha terminado prácticamente con todos mis libros de él, que son casi todos, lo que supone que ya está empezando a experimentar esa desazón de saber que, cuando se le acaben del todo, ya no habrá más, y sólo podrá releer. Aunque lo más gracioso (y lo más difícil, curiosamente) ha sido conseguir que, al final, lea mis relatos y me diga que, sí, que vale, que no están mal, pero prefiere a Don Benito así como mil veces, porque, como dice ella, "Hija, si no están mal, pero Galdós lo cuenta mejor. Donde va a parar..."

Cría padres...

6 comentarios:

Juanjo ML dijo...

Es que Galdós es mucho Galdós. Si es que hasta que te comparen con él, aunque sea para mal, ya es todo un halago.

Bichejo dijo...

Me parece muy bonito, y muy poco habitual, y por eso es más bonito todavía.
Yo crecí entre libros y ha sido fácil salir lectora. Mola mucho que los tres hayáis acabado siendo lectores.

Teresa, la de la ventana dijo...

Pues sí, Juanjo. Mejor que se haya enganchado a Galdós que no a best sellers de calidad dudosa. Y no, no es mala referencia para una que escribe, aunque salga perdiendo... ;-)

Sí, Bichejo, mola haberles llevado de la mano hasta los libros. Pero siempre me ha dado mucha envidia gente como tú, que desde peques tuvo a su disposición una biblioteca en constante crecimiento. En fin, a cada uno le toca lo que le toca... Por cierto, bienvenida.

Yo nunca me enganché a la novela histórica, Peñas. He leído algunas, y me han gustado, pero no en plan salvaje. Quizás por eso mismo: el género se ha corrompido tantísimo en los últimos tiempos que prefiero guardar los buenos recuerdos de lo que leí (Episodios Nacionales, incluídos)

El niño desgraciaíto dijo...

Pues en mi casa había muchos libros, pero nunca los leí. Mi afición lectora compulsiva empezó en la universidad y leía los libros de casa en los veranos que me pasaba encerrado "estudiando". Así me iba, claro...

Teresa, la de la ventana dijo...

Nunca es tarde, Niño. Además, tú estás recuperando el tiempo perdido, porque menuda furia lectora que tienes últimamente... :-)

Paco Principiante dijo...

Vaya, Teresa, cuánto me recuerda tu historia a la mía. En mi casa apenas había libros, ni se leían por tanto. Y sin embargo yo he salido lector compulsivo.
No solo eso. También contagié esta pasión a mi madre, y después de terminar un libro, siempre me pedía consejo para otro. Qué tiempos, qué no daría...