domingo, 6 de noviembre de 2011

Me gustan los baños calientes del domingo por la tarde


Me gusta tomar un baño caliente el domingo por la tarde, en esa tierra de nadie que queda entre la hora de la merienda y la de la cena. A esas horas, si lo compré por la mañana, ya habré terminado el periódico del domingo, incluído el suplemento de color. Mi merienda habrá sido un té con bizcocho casero, mientras leo unos capítulos de la novela que tengo entre manos, y lo más seguro será que mi mente, cansada de tanta letra impresa, me pida un poco de calma y relax. Mi cuerpo estará de acuerdo, y ambos me animarán a llenar la bañera con agua muy, muy caliente. Mientras cae el agua, sacaré un pijama limpio del cajón, y prepararé la música adecuada. Alguna banda sonora, música barroca, o quizás un cantautor que me susurre al oido cosas bonitas mientras no puedo evitar que se me cierren los ojos. Es posible que me quede dormida durante un momento, un sueño rápido y poco profundo del que despertaré bruscamente, comprobando con gusto que el agua aún está caliente, y que ha merecido la pena quemarme los pies al entrar, porque ahora la temperatura es perfecta. Cuando el agua empiece a enfriarse, me daré cuenta de que tengo los dedos de las manos arrugados, y será el momento de empezar a pensar en lavarse y salir. De nuevo, dudaré entre hacerlo con el gel de chocolate o el de almendras dulces, pero seguramente ganará el de jazmín o quizás el de madreselva. No habrá pasado ni una hora, pero a mí me parecerá que hace un siglo, y que vuelvo de muy lejos.

Y quizás sea así.

6 comentarios:

neoGurb dijo...

Un baño...

Nosotros, en la reforma del castillo, decidimos quitar la bañera y poner ducha. Nos puede la culpabilidad del gasto de agua y demás, y hacía años que no la usábamos para tomar baños.

Das envidia, la verdad.

Toy folloso dijo...

Para ocasiones especiales, el gel de Badedas (para diario, una ruina).
¿Lo has probado?.

Teresa, la de la ventana dijo...

Yo no me baño a diario, Neo, pero me gusta tener la posibilidad de hacerlo. Me agobiaría horrores no tener bañera.

Pues no lo conozco, Toi. Ahora lo miro en Google.

José Antonio Peñas dijo...

Por no mencionar el puntito de un baño en pareja, que añade a la relajación del agua tibia el placer del contacto, las miradas, la complicidad... Y si le añades sus sales, o su espumita, miel sobre hojuelas.

Eso sí, con una bañera del tamaño adecuado o, en su defecto, una buena coordinación y flexibilidad para entrar en el agua (una vez cogida la postura, la cosa mejora)

Teresa, la de la ventana dijo...

Bueno, bueno, Peñas, los baños a dos... eso son palabras mayores. Un lujo al alcance de privilegiados con la suerte de tener 1)bañera, 2)pareja.

Anónimo dijo...

Yo los he retomado esta temporada, el domingo pasado sonaba "Mi niñez".
También me quemé al entrar, pero eso forma parte del ritual.