jueves, 3 de noviembre de 2011

Mala memoria


Reconozco que a veces me asombra mi capacidad para olvidar. Y no me refiero a tener una mala memoria. La cabeza aún me funciona bastante bien, y aunque me acuerdo de las cosas, también me gusta apuntarlas, lo cual hace casi imposible que se me despiste algo que realmente quiero que no se me olvide. Lo que yo tengo es una facilidad pasmosa para aparcar en algún rincón de mi mente cosas que no me interesa recordar. Y debe ser un rincón realmente polvoriento y telarañoso, porque lo visito muy poco, tan poco que si no fuera porque es imposible, pensaría que me están haciendo luz de gas y que alguien me lo cambia de sitio cada cierto tiempo. Allí amontono hechos desagradables, fechas dañinas o personas que me hicieron perder tiempo y energías. Y me olvido. En realidad creo que es una manera que poder seguir adelante. Como si en mi cerebro no hubiese espacio suficiente para todo, y tuviera que deshacerme de ese tipo de cosas, las negativas, para dejar sitio a las que están por llegar. Así que no sé lo que es el rencor, el resentimiento o la espera paciente de una venganza bien meditada. Y no porque yo sea más buena que nadie, qué va. No es mérito mío, sino consecuencia de un defecto: no tengo memoria suficiente como para ser mala.

Así que cuando de pronto aparece algún fantasma del pasado y se me acerca, a mí me da la risa, y el pobre espectro se desconcierta. Cree que le tomo el pelo, o que estoy siendo sarcástica y que ésa es mi manera de responder a aquello que en su día nos separó. Pero no: es que no me acuerdo. Mis odios (y mis afectos, si los hubo) han desaparecido, e incluso me resulta imposible rememorar detalles de la historia, porque ya no existe. No es que no perdone: es que, sencillamente, he olvidado.

6 comentarios:

Peque dijo...

Pues yo, como no soy Jesucristo, no pongo la otra mejilla. No soy rencorosa, porque no tengo ninguna intención de vengarme, pero procuro no olvidar para que esa persona no tenga otra oportunidad de hacerme daño.
Para eso mi memoria suele funcionar muy bien.

Anónimo dijo...

En eso coincidimos, Teresa, se me olvidan las cosas y las personas sin pretenderlo, no por falta de memoria, sino por centrarme en lo que está pasando ahora. Ya he comentado que me he visto en apuros en más de una ocasión por olvidar las caras.
Pero con una diferencia, si yo considero que algo no está resuelto, lo recuerdo punto por punto y con detalle.

Susana

Teresa, la de la ventana dijo...

Yo soy de dar segundas oportunidades, Peque. Para eso soy una blanda. Y a veces me estrello por segunda vez.

A mí me pasa igual, Peñas. Recuerdo todas y cada una de las oraciones, y las pocas veces que aún voy a misa me sé casi al pie de la letra cada momento de la eucaristía. Es increíble lo a fuego que nos lo grabaron. Da miedito, sí.

Pues a mí me da una pereza horrible, Susana, incluso lo no resuelto. Quizás porque para llegar a ese punto muerto me he dejado la piel, y ya no hay más que hacer. Entonces borro.

el chico de la consuelo dijo...

Peeeeeero que chulo el blog te ha quedado...ahora no puedo pero prometo una lectura intensiva de esta última semana!!!

Teresa, la de la ventana dijo...

¿Te gusta? Yo estoy contenta, me parece un cambio grande que ya me apetecía.

Gonzalo Viveiró Ruiz dijo...

Yo solo conservo odio a una profe de la facultad y a un capitan de la mili.
Me gustaria encontrarmelos con una rueda pinchada en una carretera de mala muerte y sin gato....para no dejarles el mio.
O sea que es un odio muy light...
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